– No quiero que eso ocurra.
– ?Quien lo querria? -contesto el muchacho.
– Solo una cosa mas -comento Ricky, eligiendo las palabras con cierta cautela.
– Usted dira.
– Deje un mensaje a un amigo mio para que alquilara un coche aqui. Vera, los precios estan bien, los vehiculos son buenos y resistentes, y no hay tanto papeleo como en las grandes companias de alquiler.
– Por supuesto -dijo el muchacho, como si le sorprendiera que alguien pudiera perder el tiempo teniendo cualquier clase de opinion sobre coches de alquiler.
– Pero no estoy seguro de que recibiera bien el mensaje.
– ?Quien?
– Mi amigo. Viaja mucho por negocios, como yo, asi que siempre esta buscando un buen trato.
– ?Y?
– Pues que si llega a venir para ver si es aqui donde yo alquile el coche, orientelo y tratelo bien, ?de acuerdo? -dijo Ricky.
– Si es mi turno… -dijo el empleado.
– Esta aqui de dia, ?verdad?
El joven asintio con un gesto que parecia indicar que pasarse los primeros dias de verano tras un mostrador era algo parecido a estar en la carcel, y Ricky penso que probablemente lo fuera.
– Lo mas seguro es que sea usted quien le atienda.
– Lo mas seguro.
– Bueno, pues si pregunta por mi, digale que me fui de viaje de negocios. A Nueva York. El sabra mis planes.
– Ningun problema. -El joven se encogio de hombros para anadir-: Eso si pregunta. En otro caso…
– Claro. Pero si alguien pregunta, ya sabe que sera mi amigo.
– ?Y como se llama? -pregunto el empleado.
– R. 5. 5km -sonrio Ricky-. Es facil: senor R. 5. 5km.
En el viaje por la carretera 95 hacia Nueva York se detuvo en tres centros comerciales distintos, situados todos junto a la carretera.
Uno justo antes de Boston y los otros dos en Connecticut, cerca de Bridgeport y en New Haven. En cada uno de ellos recorrio los pasillos centrales entre las hileras de tiendas de modas y los puestos de galletas de chocolate hasta encontrar un lugar donde vendian telefonos moviles. Para cuando termino de comprar, habia adquirido cinco moviles diferentes, todos a nombre de Frederick Lazarus y todos con la promesa de cientos de minutos gratis y tarifas de larga distancia reducidas. Los telefonos correspondian a cuatro companias distintas y, aunque cada vendedor pregunto a Ricky al rellenar el contrato anual de compra y uso si tenia otros moviles, ninguno se molesto en comprobar que fuera cierto que no tenia. Ricky contrato todos los extras de cada telefono, con identificacion de las llamadas, llamadas en espera y demas prestaciones, lo que hacia que los vendedores estuvieran ansiosos por finalizar el papeleo.
Tambien se detuvo en un pequeno centro comercial donde, tras una pequena busqueda, encontro una tienda de material de oficina. En ella compro un ordenador portatil bastante barato y el hardware necesario. Tambien compro una bolsa para llevarlo.
A primera hora de la tarde llego a Nueva York. Dejo el coche en un aparcamiento descubierto junto al rio Hudson, en la calle Cincuenta Oeste, y despues tomo el metro hasta el hotel, situado en Chinatown. Se registro con un recepcionista llamado Ralph, que habia tenido acne galopante de pequeno y lucia las marcas en las mejillas, lo que le conferia un aspecto desagradable. Ralph no tenia mucho que decir, aparte de parecer algo sorprendido de que la tarjeta de credito de Frederick Lazarus funcionara bien. La palabra “reserva” tambien le sorprendio. Ricky penso que no era la clase de hotel que recibia muchas. Una prostituta que trabajaba en la habitacion del final del pasillo le dirigio una sonrisa sugerente y una mirada invitadora, pero el nego con la cabeza y abrio la puerta de su habitacion. Era un sitio tan mediocre como habia imaginado. Era tambien la clase de lugar donde el hecho de que Ricky llegara sin equipaje y saliera de nuevo a los quince minutos no llamaria demasiado la atencion.
Tomo otro metro hacia el ultimo hotel de la lista, donde habia alquilado un apartamento. Ahi se convirtio en Richard Lively y contesto con monosilabos al hombre de recepcion. Al dirigirse a su apartamento llamo la menor atencion posible.
Esa noche salio a comprarse un bocadillo y un par de refrescos. Se paso el resto de la velada en silencio, haciendo planes, salvo por una salida a medianoche.
Un chaparron aislado habia dejado la calle brillante. Unas farolas amarillas lanzaban arcos de luz palida sobre el asfalto. El aire nocturno era algo calido, con un espesor que indicaba la proximidad del verano. Contemplo la acera y penso que nunca habia sido consciente de la cantidad de sombras que ocupaban la noche de Manhattan. Supuso que el tambien era una.
Camino por las calles con rapidez hasta que encontro una solitaria cabina de telefono. Le parecio que habia llegado el momento de comprobar si tenia mensajes.
29
Una sirena rasgo la noche a una manzana de la cabina. Ricky no sabia si seria la policia o una ambulancia. sabia que los coches de bomberos tenian un sonido mas grave y de inconfundible estridencia. Pero la policia y las ambulancias sonaban muy parecidas. Penso que habia pocos ruidos en el mundo que auguraran problemas como el de una sirena.
Era algo inquietante y temible, como si la estridencia del sonido atacase el equilibrio y la esperanza. Espero a que el estrepito se desvaneciera en la oscuridad y regresara la tranquilidad habitual de Manhattan: el ruido regular de los coches y autobuses que circulaban por las calles y algun que otro temblor bajo la superficie al pasar un metro por los tuneles subterraneos que entrecruzaban la ciudad.
Marco el numero del Village Voice y accedio a las respuestas a su anuncio personal en el buzon 1313. Habia casi tres docenas.
La mayoria eran insinuaciones y promesas de aventuras sexuales. Casi todos mencionaban la «diversion y juegos especiales» del anuncio de Ricky, que parecian apuntar, como habia imaginado, en una direccion determinada. Varias personas habian preparado pareados para contestar al suyo, pero incluyendo promesas de vigoroso sexo. Percibio un entusiasmo desenfrenado en sus voces.
El trigesimo era, como habia esperado, muy distinto. La voz era fria, casi monotona, amenazadora. Tambien poseia un sonido metalico, casi mecanico. Ricky supuso que habian usado un distorsionador de voz. Pero no escondia el ataque psicologico de la respuesta.
Ricky es listo, Ricky es muy astuto, pero ha cometido un error absoluto.
Cree que esta a salvo y quiere jugar, pero escondido se deberia quedar.
Que escapara una vez es impresionante pero no por ello deberia estar exultante.
Otro juego, en una segunda ocasion volvera a llegar a la misma conclusion.
Solo que ahora lo que me debe pagar, por fin completo me lo voy a cobrar.
Escucho la respuesta tres veces, hasta memorizarla. La voz tenia algo mas que le inquietaba, como si las palabras dichas no fueran suficiente e incluso el tono estuviera cargado de odio. Pero mas alla de eso, le parecio que la voz tenia algo reconocible, casi familiar, que se sobreponia a la falsedad del distorsionador. Esta idea le sacudio, en especial al percatarse de que era la primera vez que oia hablar a Rumplestiltskin. Todos los demas contactos habian sido indirectos, sobre papel o repetidos por Merlin o Virgil.
Oir la voz de ese hombre le hizo ver imagenes de pesadilla y sentir un escalofrio. Se dijo que no debia subestimar la magnitud del reto que se habia impuesto.
Reprodujo los demas mensajes, a sabiendas de que al final habria otra voz mucho mas conocida. La habia. A continuacion del silencio que acompano al breve poema, Ricky oyo la voz grabada de Virgil. Escucho con atencion para captar matices que pudieran indicarle algo.
«Ricky, Ricky, Ricky. Que agradable tener noticias tuyas, y que sorprendente, ademas.»
