– Seguro -murmuro Ricky para si-. Me lo imagino.
Siguio escuchando a la joven. Los tonos que utilizaba eran los mismos que antes, agresivos, engatusadores y burlones un instante y duros e intransigentes al siguiente. Ricky penso que Virgil participaba en el juego tanto como su jefe. Su peligro radicaba en los colores camaleonicos que adoptaba; tanto intentaba resultar amable como furiosa y directa. Si Rumplestiltskin simbolizaba la determinacion para lograr un proposito, frio y concentrado, Virgil era voluble. Y Merlin, del que todavia no tenia noticias, era como un contable, desapasionado, con el enorme peligro que eso implicaba.
“… Como escapaste, bueno, debo decir que es algo que tiene a algunas personas de circulos importantes revisando su modo de enfocar las cosas. Un segundo examen minucioso de tu caso sirve para demostrar lo escurridiza que puede ser la realidad, ?verdad, Ricky? Yo se lo adverti, ?sabes? De veras. Les dije: “Ricky es muy inteligente. Intuitivo y de gran rapidez mental”. Pero no me creyeron. Pensaban que eras tan tonto e inocente como los demas.
Y mira donde nos ha llevado eso. Eres el alfa y omega de los cabos sueltos, Ricky. El plato fuerte. Diria que muy peligroso para todos los implicados. -Resoplo, como si sus propias palabras le dijeran algo. Prosiguio-: Me cuesta imaginar por que quieres echar unas partidas mas con el senor R. Es lo que cabria pensar al ver tu querida casa de veraneo consumida por las llamas; fue muy habil e inteligente por tu parte, Ricky. Quemar toda esa felicidad junto con todos los recuerdos era un mensaje claro para nosotros. De un psicoanalista, nada menos. No lo previmos, en absoluto. Pero habria imaginado que esa experiencia te habria ensenado que el senor R es un hombre muy dificil de superar en una contienda, en especial en las que planea el mismo. Deberias haberte quedado donde estabas, Ricky, bajo la piedra que hayas encontrado para esconderte.
O quiza deberias huir ahora. Huir y ocultarte para siempre. Empezar a cavar un agujero en algun lugar lejano, frio y oscuro, y seguir cavando. Porque sospecho que esta vez el senor R querra tener una prueba mas clara de su victoria. Una prueba incontestable.
Es una persona muy concienzuda. O eso tengo entendido.»
Virgil enmudecio, como si hubiera colgado el auricular de golpe. Ricky oyo un siseo electronico y accedio al siguiente mensaje telefonico. Era Virgil por segunda vez.
«Mira, Ricky, detestaria verte repetir el resultado del primer juego, pero si eso es lo que hace falta, bueno, tu lo has querido.
?Cual es ese “otro juego” del que hablas y cuales son las reglas?
A partir de ahora leere el Village Voice con mas atencion. Y mi jefe esta…, bueno, ansioso no parece la palabra mas adecuada.
Consumido de impaciencia, como un caballo de carreras, quizas.
Asi que estamos esperando la salida.»
– Ya ha pasado -dijo Ricky en voz alta tras colgar el auricular.
«Zorros y sabuesos -penso-. Piensa como el zorro. Tienes que dejar un rastro para saber donde estan, pero mantener suficiente ventaja para que no te detecten y capturen. Y, a continuacion, llevarlos directamente a donde quieres.»
Por la manana, Ricky tomo el metro al centro hacia el primer hotel en el que se habia registrado. Devolvio la llave de la habitacion a un recepcionista que leia una revista pornografica titulada Profesiones del amor tras el mostrador. El hombre ofrecia un aspecto de lo mas desastrado, con prendas que le caian mal, la cara picada de acne y una cicatriz en un labio. Ricky penso que en un
– Hola -saludo Ricky, con lo que logro una minima atencion del hombre-. Podria ser que alguien viniera preguntando por mi para dejarme un paquete.
El hombre asintio distraidamente, absorto en los personajes retozones de la revista.
– El paquete significa algo -insistio Ricky.
– Claro -contesto el otro, casi sin hacer el menor caso a lo que Ricky decia.
Ricky sonrio. No podria haber imaginado una conversacion mas adecuada a sus intereses. Echo un vistazo alrededor para comprobar que estaban solos en aquel vestibulo soso y deslucido, metio una mano en el bolsillo de la chaqueta y, por debajo del mostrador, amartillo su pistola, lo que hizo un ruido caracteristico.
El recepcionista levanto la mirada con los ojos como platos.
– Conoce ese sonido, ?verdad, imbecil?
Ricky le dedico una sonrisa torcida.
El hombre levanto las manos y las puso sobre el mostrador.
– Quizas ahora me preste atencion -dijo Ricky.
– Le estoy escuchando -aseguro el hombre.
Parecia un veterano en el arte de ser robado o amenazado.
– Permita entonces que empiece otra vez -dijo Ricky-. Un hombre traera un paquete para mi. Vendra aqui a preguntar y usted le dara este numero. Coja un lapiz y anote: 212 ~ 2798.
Aqui podra localizarme. ?Entendido?
– Entendido.
– Pidale cincuenta dolares -sugirio Ricky-. Tal vez hasta cien.
Lo vale.
– ?Y si no estoy aqui? -El hombre parecio decepcionado, aunque habia asentido-. Suponga que esta el del turno de noche.
– Estara aqui si quiere los cien dolares -contesto Ricky. Y anadio-: Y a cualquier otra persona que venga preguntando, y me refiero a cualquiera que no traiga un paquete, usted le dira que no sabe adonde fui, quien soy ni nada de nada. Ni una palabra. Ninguna informacion. ?Entendido?
– Solo al del paquete -confirmo el hombre-. Entendido. ?Que contiene el paquete?
– Es mejor que no lo sepa. Y estoy seguro de que no espera que yo se lo diga.
Esta respuesta parecia decirlo todo.
– Suponga que no veo ningun paquete. ?Como sabre que es el hombre correcto?
– En eso tiene razon -asintio Ricky-. Le dire que haremos. Le preguntara si conoce al senor Lazarus y el le respondera algo asi como «Todo el mundo sabe que Lazaro se levanto al tercer dia».
Entonces usted le dara el numero. Si lo hace bien, puede que consiga mas de cien.
– El tercer dia. Lazaro se levanto. Suena como sacado de la Biblia.
– Puede.
– Muy bien. Entendido.
– Perfecto -dijo Ricky, y volvio a guardarse el arma en el bolsillo despues de devolver el percutor a su sitio con un sonido tan caracteristico como el de amartillar-. Me alegra que hayamos tenido esta charla. Ahora mi estancia aqui me resulta mucho mas satisfactoria. No interrumpire mas su educacion -solto con una sonrisa a la vez que senalaba la revista pornografica.
Y acto seguido se marcho.
Por supuesto, no existia el tal hombre del paquete. Pero alguien distinto llegaria pronto al hotel. Con toda probabilidad, el recepcionista soltaria la informacion pertinente a quien fuera, sobre todo ante el anzuelo del dinero o la amenaza de dano fisico, que Ricky estaba seguro de que el senor R, Merlin o Virgil, o quienquiera que fuera, usaria en una sucesion relativamente rapida. Y entonces Rumplestiltskin tendria algo de que preocuparse.
Un paquete que no existia. Con una informacion inexistente. Entregado a una persona que nunca existio. A Ricky le gustaba. Le daba a su perseguidor algo ficticio en lo que preocuparse.
Fue a registrarse al siguiente hotel.
La decoracion era muy parecida a la del primero, lo que le tranquilizo. Un recepcionista distraido y desganado, sentado detras de un largo mostrador de madera aranado. Una habitacion sencilla, deprimente y deslucida. Se habia cruzado con dos mujeres con falda corta, maquillaje brillante, tacones de aguja y medias negras de malla, de profesion inconfundible, que aguardaban en el pasillo y que lo habian observado con entusiasmo financiero cuando paso. Habia meneado la cabeza cuando una de ellas le habia dirigido una mirada sugestiva. Oyo decir a una de ellas:
«Policia», y se fueron, lo que le sorprendio. Penso que se estaba adaptando bien, o por lo menos visualmente,
