al mundo al que habia descendido. Pero tal vez fuera mas dificil de lo que creia desprenderse del lugar que uno ha ocupado en la vida. Llevamos nuestras senas de identidad tanto interior como exteriormente.
Se dejo caer en la cama y los muelles cedieron bajo su peso.
Las paredes eran delgadas y oyo el exito de una companera de trabajo de aquellas mujeres filtrarse a traves del yeso: una serie de gemidos y traqueteos al hacer un buen uso de la cama. De no haber estado tan concentrado, le habrian deprimido bastante los sonidos y los olores, en particular el ligero hedor a orin que se filtraba por los conductos de aire. Pero ese entorno era justo lo que queria.
Necesitaba que Rumplestiltskin pensara que se habia familiarizado de algun modo con los barrios bajos.
Ricky alargo la mano hacia el telefono.
La primera llamada que hizo fue al agente de bolsa que habia manejado sus cuentas de inversiones cuando aun vivia. Hablo con su secretaria.
– ?En que puedo ayudarle? -pregunto esta.
– Hola -dijo Ricky-. Me llamo Diogenes… -Deletreo despacio el nombre y, tras pedirle que lo anotara, prosiguio-: Represento al senor Frederick Lazarus, albacea testamentario del difunto doctor Frederick Starks. Queremos informarle de que estamos investigando las importantes irregularidades relativas a su situacion financiera antes de su fallecimiento.
– Creo que nuestro personal de seguridad ya investigo esa situacion.
– No a nuestra entera satisfaccion. Les enviaremos a alguien para revisar esos registros y encontrar los fondos desaparecidos para que puedan ser entregados a sus legitimos herederos.
Anadire que hay personas muy disgustadas con el modo en que fue tratado este asunto.
– Ya veo, pero ?quien…?
La secretaria se habia puesto nerviosa, desconcertada por los tonos autoritarios y abruptos utilizados por Ricky.
– Me llamo Diogenes. Por favor, recuerdelo. Me pondre en contacto con ustedes manana o pasado. Pida a su jefe que reuna los registros correspondientes a todas las transacciones, sobre todo las transferencias telegraficas y electronicas para que no perdamos tiempo en nuestra reunion. En este examen inicial no me acompanaran los inspectores de la Comision de Vigilancia del Mercado de Valores, pero tal vez sea necesario en el futuro. Es una cuestion de cooperacion, ?comprende?
Ricky supuso que aquella velada amenaza surtiria un efecto inmediato. A ningun corredor le gusta oir hablar de investigadores de la Comision de Vigilancia.
– Creo que sera mejor que usted hable con…
– Sin duda, pero cuando vuelva a llamar manana o pasado.
Ahora tengo una reunion, y otras llamadas que hacer respecto a este asunto, asi que tengo que colgar. Gracias.
Y, dicho esto, colgo con una perversa sensacion de satisfaccion. No creia que su antiguo corredor de bolsa, un hombre aburrido, interesado solo en el dinero que ganaba o perdia, reconociera el nombre del personaje que vagaba por la Antiguedad en su busqueda infructuosa de un hombre honesto. Pero Ricky conocia a alguien que lo comprenderia de inmediato.
Su siguiente llamada fue al presidente de la Sociedad Psicoanalitica de Nueva York.
Habia coincidido con ese medico solo un par de veces en el pasado, en la clase de reuniones del establishment medico que tanto evitaba, y le habia parecido un mojigato y un presuntuoso entusiasta de Freud, dado a hablar incluso a sus colegas con largos silencios y pausas vacias. Era un psicoanalista veterano de Nueva York y habia tratado a muchos famosos con las tecnicas del divan y el silencio, y de algun modo habia usado todos esos pacientes destacados para darse importancia, como si tener a un actor ganador de un Oscar, a un escritor ganador del Pulitzer o a un financiero multimillonario en el divan lo convirtiera en mejor terapeuta o mejor ser humano. Ricky, que habia vivido y ejercido su profesion en aislamiento y soledad hasta su suicidio, no creia que hubiera la menor posibilidad de que aquel hombre reconociera su voz, asi que ni siquiera intento disimularla.
Espero a que faltaran nueve minutos para la hora. sabia que tenia mas probabilidades de que el medico contestara el telefono en persona entre un paciente y otro.
Contestaron al segundo tono. Lo hizo una voz monotona, aspera, que se ahorro hasta el saludo:
– Soy el doctor Roth.
– Doctor, me alegra encontrarle. Soy el senor Diogenes, y represento al senor Frederick Lazarus, el albacea testamentario del difunto doctor Frederick Starks.
– ?En que puedo ayudarle? -repuso Roth.
Ricky hizo una pausa, un poco de silencio que incomodaria al doctor, mas o menos la misma tecnica que el solia utilizar.
– Estamos interesados en saber como se resolvio exactamente la denuncia contra el malogrado doctor Starks -contesto Ricky con una agresividad que le sorprendio.
– ?La denuncia?
– Si. La denuncia. Como usted sabe, poco antes de su muerte se hicieron algunas acusaciones relativas a abusos sexuales con una paciente. Queremos saber como se resolvio la investigacion.
– No se si hubo ningun veredicto oficial -dijo Roth con firmeza-. Desde luego, no de la Sociedad Psicoanalitica. El suicidio del doctor Starks tomo superfluas las investigaciones.
– ?De veras? ?No se le ocurrio a usted ni a nadie de la sociedad que preside que tal vez su suicidio estuvo provocado por la injusticia y la falsedad de esas acusaciones, en lugar de ser una especie de confirmacion de ellas?
– Por supuesto que lo tuvimos en cuenta -contesto Roth tras una pausa.
«Seguro que si -penso Ricky-. Mentiroso.»
– ?Le sorprenderia saber que la joven que presento las acusaciones ha desaparecido?
– ?Como dice?
– No volvio para continuar con la terapia de seguimiento con el medico de Boston a quien presento las acusaciones iniciales.
– Es curioso…
– ?Y que sus intentos por localizarla arrojaron como resultado el inquietante hecho de que su identidad era falsa?
– ?Falsa?
– Y se averiguo tambien que sus acusaciones formaban parte de un engano. ?Lo sabia, doctor?
– Pues no, no. No lo sabia. Como le dije, el asunto se abandono despues del suicidio.
– Dicho de otro modo, se lavaron las manos.
– El caso se traslado a las autoridades competentes.
– Pero ese suicidio les ahorro a ustedes y a su profesion una gran cantidad de publicidad negativa y embarazosa, ?verdad?
– No lo se. Bueno, por supuesto, pero…
– ?Ha pensado que quiza los herederos del doctor Starks querrian una reparacion? ?Que limpiar su nombre, incluso tras la muerte, podria ser importante para ellos?
– No me lo habia planteado en esos terminos.
– ?Sabe que se les podria considerar responsables de la muerte del doctor Starks?
Esta afirmacion obtuvo una previsible respuesta violenta.
– ?En absoluto! Nosotros no…
– Hay otras clases de responsabilidad en el mundo ademas de la legal, ?no es asi, doctor? -le interrumpio Ricky.
Le gusto esta replica. Se referia a la esencia misma del psicoanalisis. Pudo imaginar como aquel colega suyo cambiaba, incomodo, de postura en la silla. Tal vez el sudor empezaba a perlarle la frente.
– Por supuesto, pero…
– Pero nadie en la Sociedad Psicoanalitica queria realmente saber la verdad, ?no? Era mejor que desapareciera en el mar junto con el doctor Starks, ?correcto?
– No creo que deba contestar esta clase de preguntas, senor… esto…
– Claro que no. No en este momento. Quiza mas adelante.
Pero es curioso, ?no cree, doctor?
