llamado desesperada por lo del novio y los estudios pero, al examinarla mas de cerca, en realidad no lo estaba.

– Creo que eso es cierto -corroboro-. Es un cabronazo.

– Entonces puede que estes mejor sin el. No es el unico chico del mundo.

– Creia que lo queria -dijo la muchacha.

– Duele un poco, lo se. Pero el dolor no es porque te haya roto el corazon. Es mas bien porque comprendes que te engano. Y ahora tu confianza se resiente.

– Tienes razon -dijo. Ricky notaba como se secaba las lagrimas al otro lado de la linea. Pasado un momento, la muchacha anadio-: Debes de recibir muchas llamadas como esta. Todo parecia tan importante y tan terrible hace dos minutos. Lloraba sin parar y ahora…

– Todavia estan las notas. ?Que pasara cuando llegues a casa?

– Se cabrearan. Mi padre dira: «No me estoy gastando el dinero que tanto me cuesta ganar para que apruebes por los pelos».

La joven habia emitido un carraspeo e imitado la voz grave de su padre. Ricky rio, y ella hizo lo mismo.

– Lo superara -comento el-. Se sincera. Cuentale las tensiones que has sufrido y lo de tu novio, y dile que intentaras mejorar. Lo comprendera.

– tienes razon.

– Mira, te dare una receta para esta noche y manana -dijo Ricky-. Ahora acuestate y duerme bien. Por la manana, levantate y coge uno de esos cafes tan ricos, con mucha espuma y todas las calorias habidas y por haber. Luego sal fuera, sientate en un banco, toma el cafe despacio y admira el tiempo. Y si por casualidad ves al chico en cuestion, ignoralo. Y si el quiere hablar, alejate.

Busca otro banco. Piensa en lo que el verano te depara. Siempre hay posibilidades de que las cosas mejoren. Solo tienes que encontrarlas.

– De acuerdo -contesto la joven-. Gracias por hablar conmigo.

– Si en los proximos dias te sientes estresada hasta el punto de que la situacion te resulte insoportable, deberias pedir hora a un consejero de los servicios medicos. El te ayudara a superar tus problemas.

– Sabes mucho sobre la depresion -comento la muchacha.

– Oh, si. Es cierto. Suele ser transitoria, aunque a veces no. La primera es una situacion corriente de la vida. La segunda es una autentica enfermedad, y terrible. Creo que tu has tenido la primera.

– Me siento mejor -aseguro-. Puede que me compre una pasta con esa taza de cafe. Al infierno con las calorias.

– Esa es una buena actitud -dijo Ricky. Iba a colgar, pero se detuvo-. Oye, ayudame en algo…

La joven parecio un poco sorprendida, pero contesto:

– ?Que? ?Como? ?Necesitas ayuda?

– Esta es la linea directa para crisis -contesto Ricky con una nota de humor-. ?Por que crees que los que estamos a este lado no tenemos crisis?

– Ya -dijo la muchacha tras una breve pausa, como si asimilara la evidencia de esta frase-. ?Como puedo ayudarte?

– Cuando eras pequena, ?a que jugabas? -pregunto Ricky.

– Pues a juegos de mesa, ya sabes, la oca, el parchis…

– No. Me refiero a juegos al aire libre.

– ?Como el corro o la gallinita ciega?

– Si. Pero ?y si querias competir con los demas ninos, jugar a algo en lo que uno tiene que perseguir a otro, mientras que a la vez lo persiguen a el? ?Que se te ocurre?

– El escondite.

– Si. ?Alguno mas?

La muchacha vacilo y dijo, como si reflexionara en voz alta:

– Bueno, estaba la muralla, pero era mas bien un desafio fisico. Y las gincanas, pero eso era para encontrar objetos. Tambien estaba el ?quien para?, y el rey…

– No. Estoy buscando algo que suponga un desafio un poco mayor…

– Pues entonces zorros y sabuesos -solto-. Era el mas dificil de ganar.

– ?Y como se juega?

– En verano, al aire libre. Hay dos equipos, los zorros y los sabuesos, evidentemente. Los zorros salen con quince minutos de ventaja. Llevan bolsas de plastico llenas de trocitos de periodico.

Cada diez metros tienen que dejar un punado. Los sabuesos siguen el rastro. La clave es dejar pistas falsas, volver sobre los pasos, confundir a los sabuesos. Los zorros ganan si regresan al punto de partida despues del tiempo establecido, dos o tres horas mas tarde. Los sabuesos ganan si atrapan a los zorros. Si ven a los zorros al otro lado de un campo, pueden perseguirlos. Y los zorros tienen que esconderse. Asi que los zorros se aseguran de saber donde estan los sabuesos. Los espian, ya me entiendes.

– Ese es el juego que busco -afirmo Ricky con calma-. ?Que equipo solia ganar?

– Eso era lo bueno. Dependia de la ingenuidad de los zorros y la determinacion de los sabuesos. Asi que cualquier bando podia ganar en un momento dado.

– Gracias -dijo Ricky.

Las ideas bullian en su mente.

– Buena suerte -contesto la joven antes de colgar.

Ricky penso que eso era justamente lo que iba a necesitar: un poco de buena suerte.

A la manana siguiente empezo a hacer preparativos. Pago el alquiler del mes siguiente, pero explico que seguramente tendria que ausentarse por un asunto familiar. Tenia una planta en su habitacion y pidio que la regasen con regularidad. Le parecio el modo mas simple de enganar a las mujeres; ningun hombre que pide que le rieguen una planta estaria pensando en marcharse. Hablo con el supervisor del personal de mantenimiento y este le autorizo a tomarse unos dias y los que le correspondian por las horas extra acumuladas. Su jefe fue igual de comprensivo y, gracias al menor trabajo del final del semestre, le dio permiso para ausentarse sin poner en peligro su empleo.

En el banco local donde Frederick Lazarus tenia su cuenta, Ricky hizo una transferencia a una cuenta que habia abierto electronicamente en un banco de Manhattan.

Tambien efectuo una serie de reservas de hotel en Nueva York, para dias sucesivos. Eran hoteles nada recomendables, el tipo de lugar que no aparece en las guias turisticas de la ciudad. Confirmo todas las reservas con las tarjetas de credito de Frederick Lazarus, excepto en el ultimo hotel. Los dos ultimos que habia seleccionado se encontraban en la calle Veintidos Oeste, mas o menos uno frente al otro. En uno reservo una estancia de dos noches a nombre de Frederick Lazarus. El otro ofrecia apartamentos por semanas.

Reservo uno para quince dias, usando la tarjeta Visa de Richard Lively.

Cerro los apartados de correos de Frederick Lazarus en Mailboxes Etc. y dejo el penultimo hotel como direccion para que le remitieran la correspondencia.

Lo ultimo que hizo fue meter el arma y la municion junto con varias mudas en una bolsa, y volver al Rent-A- Wreck. Como antes, alquilo un coche sencillo y anticuado. Pero esta vez procuro dejar un rastro mayor.

– Tiene kilometraje ilimitado, ?verdad? -pregunto al empleado-. Porque tengo que ir a Nueva York y no quiero que me cobren porcentaje por los kilometros recorridos.

El empleado era un joven universitario que habia cogido aquel trabajo para el verano y, tras haber pasado solo unos dias en la oficina, ya estaba mortalmente aburrido.

– Si. Kilometraje ilimitado. Por lo que respecta a nosotros, puede ir a California y volver.

– No; tengo negocios en Manhattan -repitio Ricky adrede-.

Pondre mi direccion en la ciudad en el contrato de alquiler.

Escribio el nombre y el numero de telefono del primero de los hoteles donde habia hecho una reserva a nombre de Frederick Lazarus.

– Claro. -El dependiente observo los vaqueros y la camisa sport de Ricky-. Negocios. Ya.

– Y si tengo que prolongar mi estancia…

– El contrato de alquiler pone un numero. Llame ahi. Le cargaremos el importe adicional a la tarjeta de credito, pero necesitamos tener constancia. Si no, pasadas cuarenta y ocho horas denunciamos el robo del coche.

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