mensajes. Si quiere, descuelgue y teclee el numero de su habitacion. Asi podra oir los mensajes.

Ricky lo hizo. El primer mensaje era del propietario de Brutus.

«Pense que se alojaria en algun lugar barato y cercano. No fue demasiado dificil averiguar en cual. He estado pensando en sus preguntas. Llameme. Me parece que tengo informacion que podria serle util. Pero vaya preparando el talonario. Le va a costar una pasta.»

Ricky marco el tres para borrar el mensaje. El siguiente se reprodujo automaticamente. La voz sono abrupta, fria e incongruente, casi como encontrar un trozo de hielo en una acera caliente.

«Senor Lazarus, acabo de enterarme de su interes por los difuntos senores Jackson y creo que dispongo de informacion que facilitaria su investigacion. Llameme al 212 555 1717 cuando le vaya bien y podemos quedar para vernos.»

La persona no dejo nombre. No era necesario. Ricky reconocio la voz.

Era Virgil.

TERCERA PARTE. HASTA LOS MALOS POETAS AMAN LA MUERTE

28

Ricky huyo.

Hizo los petates a toda prisa y acelero con un chirrido de neumaticos para alejarse de aquel motel de Nueva Jersey y de aquella voz odiosa. Apenas se detuvo a lavarse la cicatriz postiza de la mejilla. En el lapso de una manana, al hacer unas preguntas en los lugares equivocados, habia logrado convertir el tiempo de aliado en enemigo. Habia pensado que iria aranando la identidad de Rumplestiltskin y, cuando lograse descubrir todo lo que necesitaba, se sentaria a planificar con calma su venganza. Se aseguraria de que todo estuviese a punto, con las trampas a punto, y apareceria en igualdad de condiciones. Ahora ya no podria darse ese lujo.

No tenia idea de cual era la relacion entre el hombre del criadero de perros y Rumplestiltskin, pero seguro que la habia, porque mientras el permanecia ante la tumba de aquel matrimonio, el hombre habia estado haciendo llamadas telefonicas. La facilidad con que habia averiguado el motel donde se alojaba era desalentadora. Se dijo que tenia que preocuparse de borrar sus huellas.

Condujo mucho y deprisa, de vuelta a New Hampshire, mientras intentaba valorar lo comprometido de su situacion. En su interior retumbaban temores difusos y pensamientos pesimistas.

Pero una idea era primordial: no podia volver a la pasividad del psicoanalista. Ese era un mundo en el que uno esperaba a que algo ocurriera, para luego procurar interpretar y comprender todos los elementos en juego. Era un mundo de reaccion lenta. De calma y sensatez.

Si caia en esa trampa, le costaria la vida. Sabia que tenia que actuar.

Por lo menos, se habia creado la ilusion de que era tan peligroso como Rumplestiltskin.

Acababa de pasar el cartel de la carretera que rezaba BIENVENIDOS A MASSACHUSETTS cuando tuvo una idea. Vio una salida y, mas adelante, el indicador habitual del paisaje estadounidense: un centro comercial. Salio de la autopista para dirigirse al aparcamiento. En unos minutos se incorporo a la demas gente que se dirigia a la serie de tiendas que vendian mas o menos lo mismo por mas o menos los mismos precios pero envasado de modo distinto, lo que daba a los compradores la sensacion de haber encontrado algo unico en medio de la semejanza. Ricky, que lo veia con una pizca de humor, considero que era un lugar adecuado para lo que iba a hacer.

No tardo en encontrar unas cabinas telefonicas, cerca de la hamburgueseria. Recordo el primer numero con facilidad. A sus espaldas se oia el murmullo de las personas sentadas comiendo y charlando, y tapo un poco el auricular con la mano mientras marcaba el numero.

– Anuncios clasificados del New York Times, buenos dias.

– Si -dijo Ricky en tono agradable-. Quisiera poner uno de esos anuncios pequenos que salen en la portada.

Leyo con rapidez el numero de una tarjeta de credito.

– ?Cual es el mensaje, senor Lazarus? -pregunto el empleado despues de anotar los datos.

Ricky vacilo un instante y dijo:

– «Senor R, empieza el juego. Una nueva Voz».

– ?Es correcto? -pregunto el empleado tras leerselo.

– Correcto. No olvide poner «Voz» en mayuscula, ?de acuerdo?

El empleado confirmo la peticion y Ricky colgo. Se dirigio a un local de comida rapida, pidio una taza de cafe y cogio un punado de servilletas. Encontro una mesa un poco apartada y se instalo con un boligrafo en la mano mientras bebia la infusion.

Se aislo del ruido y de la actividad y se concentro en lo que iba a escribir, dandose de vez en cuando golpecitos con el boligrafo en los dientes, tomando despues un sorbo de cafe, sin dejar de planificar. Uso las servilletas a modo de papel improvisado y, por fin, tras unos cuantos arranques e inicios, escribio lo siguiente:

Sabe quien era, no quien soy.

Por fin esta en un lio hoy.

Ricky se fue; murio en el mar.

Y yo su sitio vine a ocupar.

Como Lazaro me he levantado, y ahora le toca morir a otro pringado.

Otro juego, senor R, en un viejo lugar, y cara a cara nos vamos a enfrentar.

Veremos a favor de quien esta la suerte, porque hasta los malos poetas aman la muerte.

Despues de admirar su poema un momento regreso a las cabinas. En unos instantes estaba hablando con la seccion de clasificados del Village Voice.

– Quiero poner un anuncio en la seccion de personales -dijo.

– Muy bien. Yo mismo le tomo los datos -contesto el empleado. A Ricky le divirtio que este empleado pareciese menos estirado que sus equivalentes del Times, lo que, mirandolo bien, era de esperar-. ?Que titulo quiere para el mensaje?

– ?Titulo? -se sorprendio Ricky.

– Ah -dijo el empleado-. Es su primera vez, ?verdad? Pues me refiero a abreviaturas como HB para hombre blanco, SM para Sadomasoquista…

– Entiendo -contesto Ricky. Penso un momento y dijo-: El encabezamiento debe decir: «HM, 50 a., busca Sr. Regio para diversion y juegos especiales».

El empleado lo repitio y anadio:

– ?Algo mas?

– Ya lo creo -repuso Ricky, y le leyo el poema.

Luego le pidio que repitiera el texto entero dos veces para asegurarse de que lo habia anotado bien.

Cuando termino de leer, el empleado guardo silencio un segundo.

– Vale -dijo-. Es distinto. Muy distinto. Seguramente los hara salir de todas partes. A los curiosos, como minimo. Y quizas a unos cuantos chiflados. ?Querra tener un buzon de respuestas? Le damos un numero de buzon y puede acceder a las respuestas por telefono. Tal como funciona, mientras lo pague, solo usted podra escuchar las respuestas.

– Si, gracias -dijo Ricky.

El empleado tecleo en un ordenador.

– Muy bien -indico al terminar-. Su buzon es el 1313. Espero que no sea supersticioso.

– En absoluto -aseguro Ricky.

Anoto en la servilleta el numero de acceso a las respuestas y colgo.

Se planteo un instante llamar al numero que le habia dejado Virgil. Pero resistio la tentacion. Antes tenia que

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