cierto sentido -contesto Ricky enigmaticamente.

– No lo entiendo -dijo el hombre a la vez que sacudia la cabeza-. ?Que quiere saber?

– Hace poco, un detective privado vino a hacerle unas preguntas.

– Si. ?Y que?

– Me gustaria que las contestara.

– ?Quien es usted? -insistio el hombre.

– Ya se lo dije. Pero ahora lo unico que necesita saber es que yo voy armado y usted no. Y el unico medio con que podria defenderse esta encerrado en esa jaula y, por lo visto, le sienta fatal.

El propietario asintio, y de pronto aparento recuperarse un poco.

– No parece la clase de persona que usaria una pistola. Asi que a lo mejor no le digo nada sobre lo que sea que le interesa tanto.

Vayase a la mierda, quienquiera que sea.

– Quiero saber detalles sobre el matrimonio que poseia este sitio. Y sobre como lo compro usted. Y, en particular, sobre los tres ninos que ellos adoptaron aunque usted lo niegue. Y me gustaria que me hablara sobre la llamada telefonica que hizo despues de que mi amigo Lazarus le hiciera una visita el otro dia. ?A quien llamo?

El hombre sacudio la cabeza.

– Le dire una cosa: me pagaron por hacer esa llamada -explico-. Y tambien me salia a cuenta intentar retener aqui a ese hombre, quienquiera que fuera. Fue una lastima que se largara. Habria recibido una prima.

– ?De quien?

– Eso es cosa mia, senor tipo duro. -El hombre sacudio la cabeza-. Como ya le he dicho: jodase.

Ricky le encanono la cara y el hombre sonrio burlon.

– He visto a tipos que saben usar ese chisme y apuesto lo que sea a que usted no es uno de ellos.

Su voz era un poco la de un jugador nervioso. Ricky supo que no estaba del todo seguro ni en un sentido ni en otro.

A Ricky no le temblaba la mano. Le apunto entre los ojos.

A medida que pasaban los segundos, mas incomodo parecia el hombre, lo que, en opinion de Ricky, era bastante razonable. El sudor perlo su frente. Pero en ese sentido cada segundo de demora respaldaba la interpretacion que el hombre habia hecho de el.

Se dijo que podria tener que convertirse en un asesino, pero no sabia si podria matar a alguien que no fuera el blanco principal. Alguien simplemente superfluo y secundario, aunque detestable. Se lo planteo un momento y luego sonrio con frialdad. «Hay una gran diferencia entre disparar al hombre que te ha arruinado la vida y disparar a una pieza de ese engranaje», penso.

– ?Sabe? -dijo despacio-. Tiene toda la razon. No me he encontrado muchas veces en esta situacion. Resulta claro que no tengo mucha experiencia en este terreno, ?verdad?

– Si -respondio el hombre-. Es de lo mas evidente.

Cambio un poco de postura, como si se relajara.

– Puede -concedio Ricky con tono inexpresivo-. Deberia practicar un poco.

– ?Como?

– He dicho que deberia practicar. ?Como voy a saber si sere capaz de usar este chisme con usted si no me entreno antes con algo menos importante? Quiza mucho menos importante.

– Sigo sin entender -dijo el propietario.

– Claro que entiende. Pero no se esta concentrando. Lo que le estoy diciendo es que no me gustan los animales.

A continuacion, levanto un poco la pistola y, con todas las practicas de tiro en New Hampshire en mente, inspiro hondo lentamente, se calmo por completo y apreto el gatillo. El retroceso del arma en su mano fue brutal. Una unica bala rasgo el aire y zumbo en la oscuridad.

Ricky supuso que habia dado en la alambrada y se habia desviado. No sabia si habria tocado o no al rottweiler. El hombre se quedo atonito, casi como si le hubieran abofeteado, y se toco la oreja con una mano para comprobar si la bala le habia rozado.

En el patio se armo de nuevo un revuelo canino, en una combinacion de aullidos, ladridos y carreras. Brutus, el unico animal encerrado, comprendio la amenaza a la que se enfrentaba y se lanzo otra vez con violencia hacia la alambrada que le impedia el paso.

– Debo de haber fallado -comento Ricky con indiferencia-.

Mierda. Y pensar que soy muy buen tirador.

Apunto al furioso y frenetico perro.

– ?Dios mio! -exclamo el propietario.

– Aqui no. -Ricky sonrio-. Ahora no. Caramba, yo diria que esto no tiene nada que ver con la religion. Lo importante es: ?quiere a su perro?

– ?Dios mio! ?Espere!

El hombre estaba casi tan frenetico como los demas animales que corrian por el camino de entrada. Levanto la mano, como para detener a Ricky.

Este le observo con la misma curiosidad que podria sentirse si un insecto empezara a suplicar piedad antes de recibir un manotazo. Interesada pero insignificante.

– ?Espere! -insistio el hombre.

– ?Tiene algo que decir? -pregunto Ricky.

– ?Si, maldita sea! Espere, hombre.

– Estoy esperando.

– Ese perro vale miles de dolares -indico el propietario-. Dios mio, es el macho alfa y he pasado anos adiestrandolo. Es un campeon y usted va a dispararle, joder.

– No me deja opcion. Podria dispararle a usted, pero entonces no averiguaria lo que quiero saber y si, por alguna casualidad, la policia lograra encontrarme, me enfrentaria a unas acusaciones graves, aunque eso no le produciria demasiada satisfaccion a usted, por supuesto, ya que estaria muerto. Por otra parte, como le dije, no me gustan demasiado los animales. Y Brutus, bueno, puede que para usted represente un dinero y quiza mas, puede que represente anos de trabajo y puede que incluso le tenga algun carino, pero para mi no es mas que un chucho furioso y baboso que podria destrozarme, y el mundo estaria mucho mejor sin el. Asi que, puestos a elegir, me parece que ha llegado la hora de que Brutus se dirija a la gran perrera del cielo -anadio con frio sarcasmo.

Queria que el hombre lo creyera tan cruel como sonaba, lo que no era demasiado dificil.

– Espere -pidio el propietario.

– ?Lo ve? -contesto Ricky-. Ahora tiene algo en que pensar.

?Sacrifico la vida del perro por no revelar la informacion? Usted decide, imbecil. Pero hagalo ya, porque se me esta acabando la paciencia. Hagase esta pregunta: ?a quien soy leal? ?Al perro, que ha sido mi companero durante tantos anos, o a unos desconocidos que me pagan para que guarde silencio? Elija.

– No se quien es usted -empezo el hombre, lo que hizo que Ricky apuntara al perro. Esta vez sujeto el arma con ambas manos-. De acuerdo, le dire lo que se.

– Eso seria lo mas inteligente. Y seguramente Brutus le resarcira con devocion y engendrando muchas camadas de bestias igual de bobas y salvajes.

– No se gran cosa… -dijo el propietario.

– Empezamos mal. Da una excusa antes de haber dicho nada.

Acto seguido disparo por segunda vez en direccion a la jaula, acertando a la caseta de madera en la parte posterior del recinto.

Brutus aullo, humillado y furioso.

– ?Alto! ?Maldita sea! Se lo contare.

– Pues empiece, por favor. Esta sesion ya se ha prolongado bastante.

– Se remonta a tiempo atras -empezo el hombre tras pensar un momento.

– Lo se.

– Tiene razon sobre el matrimonio que poseia este sitio. Desconozco los entresijos del plan, pero adoptaron a esos tres ninos solo sobre el papel. Los ninos no estuvieron nunca aqui. No se a quien servia de fachada la pareja

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