puerta principal, como haria un vecino simpatico en medio de una tarde de verano.

No llamo a la puerta, sino que giro el picaporte sin mas. Como imaginaba, estaba abierta.

Tras entrar, oyo una voz en el estudio, a su derecha.

– Aqui, Ricky.

Levanto la pistola, preparado para disparar, y avanzo hacia la luz que salia por la puerta.

– Hola, Ricky. Tienes suerte de estar vivo.

– Hola, doctor Lewis. -El anciano estaba de pie detras de la mesa con las manos apoyadas sobre su superficie, inclinado y expectante-. ?Lo mato ahora o quiza de aqui a unos minutos? -pregunto Ricky con voz inexpresiva, tratando de contener la rabia.

– Supongo que tendrias motivos para disparar en ciertos ambitos -sonrio el viejo psicoanalista-. Pero quieres respuestas para ciertas preguntas y he esperado esta larga noche para contestar a lo que pueda. Eso es, al fin y al cabo, lo que hacemos, ?no es asi, Ricky? Contestar preguntas.

– Quiza lo hice antes -dijo Ricky-. Pero ya no.

Apunto al hombre que habia sido su mentor. Al hombre que le habia formado. El doctor Lewis parecio un poco sorprendido.

– ?De veras has venido hasta aqui solo para matarme? -pregunto.

– Si -mintio Ricky.

– Adelante, pues.

El anciano le miraba fijamente.

– Rumplestiltskin siempre ha sido usted -dijo Ricky.

– No, te equivocas -repuso Lewis a la vez que sacudia la cabeza-. Pero yo soy quien lo creo. Por lo menos en parte.

Ricky se desplazo a un lado, adentrandose mas en el estudio sin dejar de dar la espalda a la pared. Las mismas estanterias. Las mismas obras de arte. Por un instante, casi pudo creer que el ano transcurrido entre las dos visitas no habia existido. Era un lugar frio, que parecia reflejar neutralidad y una personalidad opaca; nada en las paredes ni en la mesa que revelara algo sobre el hombre que ocupaba el estudio, lo que, como Ricky penso de modo sombrio, seguramente lo decia todo. No se precisa un diploma en la pared para acreditar que se es perverso. Se pregunto como no se habia dado cuenta antes. Hizo un gesto con el arma para indicarle que se sentara en la silla giratoria de piel.

El doctor Lewis se dejo caer en ella con un suspiro.

– Me estoy haciendo viejo y ya no tengo la energia de antes -dijo con aspereza.

– Ponga las manos donde pueda verlas -exigio Ricky.

El anciano levanto las manos y se dio unos golpecitos en la frente con el dedo indice.

– Las manos no son lo verdaderamente peligroso, Ricky. Ya deberias saberlo. Lo verdaderamente peligroso es lo que tenemos en la cabeza.

– Tiempo atras podria haber coincidido con usted, doctor, pero ahora tengo mis dudas. Y una confianza absoluta en este chisme, que, por si no lo sabe, es una Ruger semiautomatica. Dispara a gran velocidad balas de punta hueca. El cargador contiene quince balas, cada una de las cuales le arrancara una parte del craneo, incluso la que acaba de senalarse, y le matara con rapidez.

?Y sabe que es lo realmente enigmatico de esta arma, doctor?

– ?Que?

– Que esta en manos de un hombre que ya murio una vez. Que ya no existe en este mundo. Deberia considerar las implicaciones de esa circunstancia existencial, ?no cree?

El doctor Lewis observo el arma por un instante.

– Lo que dices es interesante, Ricky, pero te conozco. Se como eres por dentro. Estuviste en mi divan cuatro veces a la semana durante casi cuatro anos. Conozco cada temor. Cada duda. Cada esperanza. Cada sueno. Cada aspiracion. Cada ansiedad. Te conozco tan bien como te conoces tu mismo, y puede que mejor, y se que no eres un asesino. Solo eres un hombre muy trastornado que tomo algunas decisiones muy malas en su vida. Dudo que un homicidio demuestre lo contrario.

Ricky sacudio la cabeza.

– En su divan estuvo un hombre al que usted conocia como doctor Frederick Starks. Pero el esta muerto y a mi no me conoce.

No al nuevo yo. En absoluto.

Dicho esto, disparo.

El tiro retumbo en la pequena habitacion y le ensordecio un momento. La bala paso por encima de la cabeza de Lewis y dio en una estanteria situada detras. El lomo de un grueso volumen de medicina se partio al recibir el impacto. Era una obra sobre psicologia patologica, detalle que casi arranco una carcajada a Ricky.

Lewis palidecio, se tambaleo por un instante y solto un grito ahogado.

– Dios mio -gimio tras recobrar el equilibrio. Ricky vio algo en sus ojos que no era del todo miedo, sino mas bien una sensacion de asombro, como si hubiese sucedido algo completamente inesperado-. No crei… - empezo.

Ricky le interrumpio con un ligero movimiento de la pistola.

– Un perro me enseno a hacer eso.

El doctor Lewis giro un poco la silla y examino el lugar donde se habia incrustado la bala. Solto un sonido que era a la vez carcajada y grito ahogado, y sacudio la cabeza.

– Menudo disparo, Ricky -comento despacio-. Muy adecuado. Mas cerca de la verdad que de mi cabeza. Quiza quieras tenerlo en cuenta durante los siguientes minutos.

– Deje de ser tan obtuso -dijo Ricky-. Vamos a hablar sobre respuestas. Es extraordinario como un arma permite centrarse en las cuestiones importantes. Piense en todas esas horas con todos esos pacientes, incluido yo mismo, doctor. Todas esas mentiras, distracciones, salidas tangenciales y metodos complicados de enganos y rodeos. Todo ese laborioso tiempo dedicado a separar las verdades. ?Quien habria podido imaginar que las cosas podian volverse sencillas tan deprisa con un objeto como este? Un poco como el nudo gordiano de Alejandro, ?no le parece, doctor?

Lewis parecia haber recobrado la compostura. Su semblante cambio deprisa y paso a observar a Ricky con ceno y ojos entrecerrados, como si aun pudiera imponer cierto control a la situacion. Ricky ignoro todo lo que implicaba esa mirada y, de modo muy parecido al ano anterior, dispuso una butaca frente al viejo medico.

– Si no es usted, ?quien es entonces Rumplestiltskin? -pregunto con frialdad.

– Lo sabes, ?no?

– Expliquemelo.

– El hijo mayor de tu antigua paciente. La mujer a la que no ayudaste.

– Eso ya lo he averiguado. Continue.

– Mi hijo adoptivo -dijo encogiendose de hombros.

– Eso lo descubri esta misma noche. ?Y los otros dos?

– Sus hermanos pequenos. Los conoces como Merlin y Virgil Por supuesto, sus nombres son otros.

– ?Tambien adoptados?

– Si. Nos quedamos con los tres. Primero como familia de acogida, a traves del estado de Nueva York. Despues lo organice todo para que mis primos de Nueva Jersey nos sirvieran de fachada para la adopcion. Fue sencillo burlar la burocracia, a la que, como estoy seguro de que ya habras averiguado, no le importaba demasiado el futuro de los tres ninos.

– Asi pues, ?todos llevan su apellido? ?Desecho Tyson y les dio el suyo?

– No. -El anciano sacudio la cabeza-. No tienes tanta suerte, Ricky. No figuran en ninguna guia telefonica como Lewis. Fueron reinventados por completo. Un apellido distinto para cada uno.

Una identidad distinta. Un plan distinto. Una escuela distinta. Una educacion distinta y un tratamiento distinto. Pero hermanos en el fondo, que es lo que cuenta. Eso ya lo sabes.

– ?Por que? ?Por que este elaborado plan para ocultar su pasado? ?Por que no…?

– Mi mujer ya estaba enferma y habiamos superado la edad requerida para adoptar. Mis primos servian para nuestros propositos. Y, a cambio de dinero, estaban dispuestos a ayudar. Y a olvidar.

– Claro -contesto Ricky con sarcasmo-. ?Y su pequeno accidente? ?Una rina domestica?

– Una coincidencia -aclaro Lewis meneando la cabeza.

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