era adecuado.
Ricky se abalanzo hacia la estanteria y cogio el libro. Estaba encuadernado en negro con letras doradas en la cubierta, era grueso y pesado. Lo abrio.
En la primera pagina habia escritas unas gruesas palabras en rojo: «Buena eleccion, Ricky. ?Podras encontrar ahora las entradas correctas?».
Levanto la mirada y oyo el tictac del reloj. No creia que en ese momento tuviera tiempo de contestar a esa pregunta.
Se alejo un paso de la estanteria, a punto de echar a correr, pero se detuvo. Se giro, cogio otro libro de otro estante y lo coloco en el espacio que habia dejado libre el que habia quitado para ocultar su ausencia.
Echo otro vistazo alrededor, pero no vio nada que le llamara la atencion. Lanzo una ultima mirada al cadaver del viejo analista, que parecia haberse vuelto gris en los pocos instantes que la muerte llevaba con el. Penso que deberia decir o sentir algo, pero no estaba seguro de lo que podria ser, asi que salio corriendo.
La noche lo cubrio en cuanto salio con sigilo de la casa. Con unas cuantas zancadas se alejo de la puerta principal y de la luz que salia del estudio, y la oscuridad veraniega lo engullo. Entre las sombras negras miro atras con rapidez. Los apacibles sonidos rurales interpretaban su habitual melodia nocturna, sin tonos discordantes que indicaran que una muerte voluntaria formaba parte del paisaje. Se detuvo un instante e intento valorar como ese ultimo ano habia sido eliminado hasta el ultimo resquicio de su ser. La identidad es una capa de experiencia pero le parecia que quedaba muy poco de lo que habia creido ser. Lo unico que le quedaba era su infancia. Su vida adulta estaba destrozada. Pero habian separado de el ambas mitades de su existencia, sin que pareciera poder recuperarlas. Esta idea le dio nauseas.
Siguio huyendo.
Adopto un ritmo comodo y, con pasos que se mezclaban con los sonidos de la noche, se dirigio al coche. Llevaba la enciclopedia de psicopatologia en una mano y el arma en la otra. Solo habia recorrido la mitad de la distancia cuando oyo el ruido de un vehiculo avanzando deprisa por la carretera hacia el. Levanto la mirada y vio unos faros aparecer por una curva distante, acompanados del sonido ronco de un motor potente que aceleraba.
De inmediato supo quien se dirigia hacia alli con tanta prisa.
Medio se agacho y gateo hacia un grupo de arboles. Se mantuvo agachado y vio un gran Mercedes negro pasar a toda velocidad.
Los neumaticos chirriaron en la siguiente curva.
Se levanto y salio disparado. Fue una carrera frenetica que provoco que los musculos se le quejaran y los pulmones le quedaran al rojo vivo por el esfuerzo. Alejarse era lo primordial, su unica preocupacion. Corrio con una oreja puesta en lo que ocurria detras, atento al sonido del coche. Tenia que ganar distancia.
Obligo a sus pies a avanzar, convencido de que no se quedarian mucho rato en la casa; solo unos momentos para evaluar la muerte del anciano y comprobar si el seguia ahi. O si estaba cerca. Sabrian que solo habian transcurrido unos minutos entre los hechos y su llegada, y querrian cubrir esa distancia.
En unos minutos habia llegado al coche. Busco a tientas las llaves, que le resbalaron y tuvo que recoger del suelo, jadeando de tension. Se puso al volante y encendio el motor. Todos sus instintos le decian que acelerara. Que huyera. Que se alejara. Pero contuvo esos impulsos e intento mantener la atencion.
Se obligo a pensar.
No podria escapar con ese automovil. Habia dos rutas de vuelta a Nueva York, la autopista por la ribera occidental del Hudson y la Taconic Parkway por la otra. Tendrian un cincuenta por ciento de probabilidades de acertar y alcanzarlo. La matricula de New Hampshire en la parte trasera del coche de alquiler era un signo que les revelaria quien iba al volante. Tal vez habian obtenido una descripcion del vehiculo y su matricula en la compania de alquiler de Durham. De hecho, eso era lo mas probable.
Tenia que hacer algo que los desconcertara.
Algo que sus tres perseguidores no hubieran previsto.
Mientras decidia que hacer le temblaban las manos. Se pregunto si le resultaria mas facil jugar con su vida ahora que ya habia muerto una vez.
Puso una marcha y condujo despacio hacia la casa del viejo analista. Se apretujo hacia abajo en el asiento todo lo que pudo para no resultar visible y no supero el limite de velocidad. Se dirigio al norte por la vieja carretera, dejando atras la relativa seguridad de la ciudad.
Se acercaba al camino de entrada de la casa donde acababa de estar, cuando vio los faros del Mercedes bajar hacia la carretera. Oyo el crujido de la grava bajo las ruedas. Redujo un poco la marcha (no queria pasar justo frente a los faros del coche) y dio tiempo a que el coche saliera a la carretera y se dirigiera en su direccion con una fuerte aceleracion. Llevaba puestas las luces largas y, cuando el Mercedes cubrio la distancia, puso las cortas como se supone que hay que hacer y, cuando lo tuvo encima, puso otra vez las largas como cualquier conductor irritado que hace senales al coche que se le acerca. El efecto fue que ambos vehiculos pasaron muy cerca con las largas puestas. Ricky sabia que, igual que lo habian deslumbrado un instante, el a ellos tambien. Piso el acelerador y se escabullo con rapidez tras una curva. Esperaba que nadie del otro coche hubiese tenido tiempo de volverse y detectar la matricula.
Doblo a la derecha en la primera carretera secundaria que vio y apago las luces. Trazo una U a oscuras, iluminado solo por la luna. Evito pisar el freno para que no se encendieran las luces rojas de atras. Despues, espero para ver si lo seguian.
La carretera permanecio vacia. Espero cinco, diez minutos, lo suficiente para que los del Mercedes se decidieran por una de las dos rutas alternativas y pusieran el coche a ciento sesenta kilometros por hora para intentar darle alcance.
Arranco de nuevo y siguio conduciendo al norte casi sin rumbo, por carreteras y caminos secundarios. Sin dirigirse a ningun sitio en especial. Pasada casi una hora, dio media vuelta para regresar a la ciudad. Era bien entrada la noche y no circulaban muchos vehiculos. Condujo a un ritmo constante pensando lo proximo y oscuro que se habia vuelto su mundo y tratando de encontrar una manera de devolverle la luz.
Llego a la ciudad de madrugada. Nueva York parece estar cambiando de manos a esa hora, cuando la energia de los trasnochadores en busca de aventura, tanto la gente guapa como la decrepita, cede paso a los trabajadores, con el mercado de pescado y los transportistas que empiezan a apoderarse del dia. La transicion en las calles relucientes de humedad y luces de neon es inquietante.
Ricky penso que era un momento peligroso de la noche. Un momento en que las inhibiciones y las moderaciones parecen reducirse y el mundo esta dispuesto a correr riesgos.
Habia vuelto al apartamento alquilado, donde tuvo que dominar el impulso de echarse sobre la cama y dejarse vencer por el sueno. Se dijo que las respuestas figuraban en aquel libro sobre psicopatologia. Solo tenia que leerlas. La pregunta era donde.
La enciclopedia tenia setecientas setenta y nueve paginas y estaba organizada alfabeticamente. Hojeo unas cuantas paginas, pero no encontro ningun dato que le indicara nada. Aun asi, mientras estaba enfrascado en el libro como el monje de un antiguo monasterio, sabia que lo que buscaba estaba en alguna parte.
Se retrepo en la silla y se dio golpecitos en los dientes con un lapiz. Estaba en el lugar adecuado pero, a no ser que estudiara todas las paginas, no sabia muy bien que hacer. Se dijo que tenia que pensar como su viejo analista. Un juego. Un desafio. Un acertijo.
«Las respuestas estan aqui -penso-. Dentro de un texto sobre psicopatologia.»
?Que le habia dicho? Virgil era actriz. Merlin, abogado. Rumplestiltskin, un asesino a sueldo. Tres profesiones aunadas. Mientras hojeaba las paginas intentando reflexionar sobre el problema al que se enfrentaba, paso las dedicadas a la letra V. Casi por casualidad, sus ojos captaron una senal en la primera pagina de esa letra, que empezaba en la 559. En el margen superior, escrito con el mismo boligrafo que Lewis habia usado para su saludo en la primera pagina, figuraba el quebrado uno es a tres. Un tercio.
Eso era todo.
Busco las entradas de la M. En un sitio parecido habia otro par de numeros, pero ahora se trataba de un cuarto, escrito uno barra cuatro. En la pagina inicial de la R encontro una tercera indicacion: dos quintos. Dos barra cinco.
No tuvo la menor duda de que eran claves. Ahora tenia que descifrarlas.
Se inclino en el asiento y se balanceo despacio atras y adelante, como si quisiera aplacar un estomago algo revuelto; movimientos casi involuntarios mientras se concentraba en el problema. Era el acertijo sobre la
