guardia le dio un plastico con el numero seis, que designaba la planta a la que iba. Ni siquiera echo un vistazo al registro de entradas cuando Ricky se lo devolvio.
«La seguridad se basa en impresiones», penso Ricky. Tenia el aspecto adecuado y actuaba con una confianza brusca que desafiaba al guardia a que le hiciera preguntas. Creia que era una interpretacion discreta, pero Virgil habria sabido apreciarla.
Al entrar en las oficinas de la Agencia Jones le recibio una atractiva recepcionista.
– ?En que puedo servirle? -pregunto.
– He hablado antes con alguien acerca de un anuncio publicitario que vamos a rodar -mintio Ricky-. Estamos buscando caras nuevas y que talentos hay disponibles. Iba a echar un vistazo a su portafolio…
– ?Recuerda con quien hablo? -pregunto la recepcionista, algo recelosa.
– No, lo siento. Telefoneo mi secretaria -dijo Ricky. La mujer asintio-. Tal vez podria echar un vistazo a algunas fotos y usted orientarme despues.
– Por supuesto. -La joven sonrio y saco una carpeta grande, de piel, de debajo de la mesa-. Estos son nuestros clientes actuales. Si ve alguno que le interese, le dirigire al agente que se encarga de sus compromisos.
Le senalo un sofa de piel en un rincon. Ricky tomo el portafolio y empezo a hojearlo.
La septima foto de la carpeta era la de Virgil.
– Hola -dijo Ricky en voz baja cuando volvio la pagina y vio su nombre real, direccion, numero de telefono y nombre del agente junto con una lista de interpretaciones teatrales en Broadway y de intervenciones en anuncios publicitarios. Lo anoto todo en su libreta. Luego hizo otro tanto con dos actrices mas. Devolvio el portafolio a la recepcionista y consulto su reloj.
– Lo siento pero llego tarde a otra cita -se disculpo-. Hay un par que parecen tener el aspecto adecuado, pero habra que verlas en persona antes de llegar a un acuerdo.
– Por supuesto -dijo la joven.
Ricky siguio aparentando prisa y agobio.
– Mire, voy muy mal de tiempo. ?Podria llamar usted a estas tres y citarlas para que se reunan conmigo? Veamos, esta para almorzar a mediodia en el Vincent’s, en la 82 Este. Y las otras dos, pongamos a las dos y a las cuatro de la tarde en el mismo sitio. Se lo agradeceria. Es que corre un poco de prisa, no se si me entiende.
– Los agentes son quienes suelen acordar todas las citas, senor… -indico la recepcionista, que parecia desconcertada.
– Lo se. Pero solo estare en la ciudad hasta manana y despues regresare a Los Angeles. Lamento tener que tratar el asunto con tanta urgencia.
– Vere que puedo hacer. ?Me da su nombre?
– Ulysses -dijo Ricky-. Richard Ulysses. Pueden localizarme en este numero.
Saco una de las tarjetas de visita falsas. Ponia PRODUCCIONES EL VELO DE PENELOPE. Como si fuera lo mas natural del mundo, tomo un boligrafo de la mesa y tacho el telefono falso de California para escribir en su lugar el numero del ultimo movil. Se aseguro de tachar bien el numero inexistente. Confiaba en que nadie de alli tuviera conocimientos de literatura clasica.
– Vea que puede hacer -pidio-. Si hay cualquier problema, llameme a este numero. Venga, princesa, oportunidades mas grandes han surgido de cosas mas pequenas. ?Recuerda lo de Lana Turner en el drugstore? Bueno, tengo que irme. Mas fotografias que ver, ya me entiende. En Nueva York hay muchas actrices. Detesto que alguien pierda una oportunidad por no acudir a una comida gratis.
Y Ricky se volvio y se marcho. No estaba seguro de que su enfoque dinamico y despreocupado funcionara.
Pero creia que si.
33
Antes de dirigirse al Palacio de Justicia a la manana siguiente, Ricky confirmo con el agente de Virgil la cita del almuerzo, ademas de las reuniones posteriores con las otras dos modelos-actrices, a las que Ricky no tenia intencion de asistir. El hombre le habia preguntado algunas cosas sobre los anuncios que Ricky, el productor, queria rodar, y este habia contestado con toda tranquilidad, mintiendo al detalle sobre la colocacion de cierto producto en Extremo Oriente y Europa del Este, y los nuevos mercados que se abrian en esas zonas requerian que la industria publicitaria promocionara caras nuevas. Ricky penso que se habia vuelto un experto en hablar mucho sin decir nada, lo que, en su opinion, era la clase mas efectiva de mentira que se podia decir. Cualquier duda que el agente pudiera haber albergado se disipo con rapidez en el entramado de ficciones de Ricky. Despues de todo, de aquellas entrevistas podria salir algo y el recibiria un diez por ciento, o no salir nada, lo que no empeoraba su situacion. Ricky sabia que si Virgil hubiese sido una artista de cierto renombre, podria haber tenido problemas. Pero todavia no lo era, lo que le habia sido util cuando le toco arruinarle la vida, y ahora el se aprovechaba de su ambicion sin sentir culpa alguna.
Dejo la pistola en el apartamento. No podia arriesgarse a que se disparara un detector de metal en el Palacio de Justicia. No obstante, se habia acostumbrado a la seguridad que le daba el arma, aunque todavia no sabia si seria capaz de usarla para su verdadero proposito; un momento que creia se estaba acercando deprisa.
Antes de irse se contemplo en el espejo del bano. Se habia vestido impecablemente: pantalones, chaqueta, camisa blanca y corbata.
Ahora podria mezclarse con facilidad entre las personas que cruzaban los pasillos de los juzgados, lo que, de modo extrano, suponia la misma clase de proteccion que ofrecia la pistola, aunque fuera menos inapelable en sus acciones. sabia lo que queria hacer y que era como caminar en la cuerda floja.
Era consciente de que, para el, la linea que separaba matar, morir y ser libre era muy fina.
Mientras se miraba en el espejo, recordo una de las primeras clases que recibio sobre psiquiatria, en que el profesor de la facultad de medicina habia explicado que daba lo mismo lo mucho que supieras sobre la conducta y las emociones, y lo muy seguro que estuvieras del diagnostico y del comportamiento que esa neurosis y psicosis generaba, pues en ultima instancia jamas podias prever con total seguridad como iba a reaccionar un individuo. Segun aquel profesor, habia predictores y la mayoria de las veces la gente hacia lo que uno esperaba. Pero en ocasiones los pacientes desafiaban el pronostico, lo que ocurria con suficiente frecuencia para que toda la profesion pareciera a menudo una sarta de conjeturas.
Se preguntaba si esta vez habria acertado.
Si era asi, recuperaria su libertad. Si no, moriria.
Repaso la imagen reflejada en el espejo. «?Quien eres ahora?
– se pregunto-. ?Alguien o nadie?»
Este pensamiento le hizo sonreir. Sintio una maravillosa sensacion casi de hilaridad. Libre o muerto. Como rezaba la matricula de New Hampshire del coche: «Vive en libertad o muere». Por fin tenia algun sentido para el.
Sus pensamientos se dirigieron hacia las tres personas que lo perseguian. Los hijos de su fracaso. Criados para odiar a cualquiera que no les hubiera ayudado.
– Ahora te conozco -dijo en voz alta pensando en Virgil-.
Y ahora voy a conocerte a ti -prosiguio, pensando en Merlin.
Pero Rumplestiltskin seguia esquivo, una sombra en su imaginacion.
Este era el ultimo temor que le quedaba. Pero era un temor considerable.
Asintio a la imagen del espejo. Habia llegado la hora de actuar.
En la esquina habia un supermercado grande, perteneciente a una cadena, con hileras de medicamentos para el resfriado que no precisaban receta, champu y pilas. Lo que tenia pensado para Merlin esa manana lo recordaba de un libro que habia leido sobre los
Entro en el Palacio de Justicia como el dia anterior, con el aspecto de un hombre con un objetivo muy distinto
