habian quedado los ojos abiertos y mantenia la mirada fija con macabra intensidad. Una salpicadura escarlata de sangre y materia encefalica habia manchado la estanteria, y de la herida abierta manaba sangre a borbotones, de un granate intenso, que le bajaba por la cara y el menton y le goteaba en la camisa. El revolver le resbalo entre los dedos y cayo al suelo, amortiguado por la elegante alfombra persa. Ricky solto un grito ahogado al ver como el cuerpo del anciano se estremecia en un ultimo estertor, cuando sus musculos sintonizaron con la muerte.

Inspiro hondo. Recordo que no era la primera vez que veia la muerte. Cuando era residente y hacia turnos en medicina interna y urgencias, mas de una persona habia muerto en su presencia.

Pero siempre habia estado rodeada de aparatos y personas que intentaban salvarle la vida. Incluso cuando su mujer habia sucumbido al cancer, habia formado parte de un proceso que le resultaba conocido y que proporcionaba contexto, aunque fuera terrible, a lo que sucedia.

Esto era distinto. Era salvaje. Era asesinato, y especializado.

Noto que le temblaban las manos corno a un anciano. Tuvo que esforzarse en dominar el impulso de echar a correr dominado por el panico.

Trato de organizar sus ideas. Todo estaba en silencio y oia su respiracion jadeante, como un hombre en la cima de una montana respirando el aire puro sin sentir demasiado alivio. Parecia como si todos los tendones de su cuerpo se hubieran hecho un nudo, y que solo salir huyendo liberaria la tension. Se agarro al borde de la mesa e intento calmarse.

– ?Que me ha hecho, doctor Lewis? -dijo en voz alta.

Su voz parecia fuera de lugar, como una tos en medio de un solemne oficio religioso.

Al instante supo la respuesta: habia intentado matarle. Esa bala podia matar a dos hombres, porque habia tres personas en este mundo que no ponian limite a sus reacciones y que se iban a tomar muy mal la muerte del viejo medico. Y culparian a Ricky, con independencia de cualquier indicio de suicidio.

Pero era aun mas complicado. Lewis no solo queria matarlo.

Habia apuntado a Ricky con un arma y podria haber apretado el gatillo sin problemas, aun sabiendo que Ricky podria devolverle el disparo antes de morir. Lo que el viejo queria era dotar a todas las personas que participaban en el mortifero juego de una depravacion moral que igualara la suya. Eso era mas importante que la mera muerte de Ricky y de el mismo. Ricky intento respirar por encima de las ideas que lo ahogaban. Comprendio que nunca se habia tratado solo de la muerte, sino del proceso; de como se llegaba a la muerte.

Un juego digno de ser inventado por un psicoanalista.

Inspiro de nuevo el aire cargado del estudio. Rumplestiltskin podia haber sido el agente de la venganza y tambien el instigador, pero el diseno del juego era obra del hombre que tenia muerto frente a el. De eso estaba seguro.

Lo que significaba que, cuando Lewis afirmaba conocer los hechos, lo mas probable es que fuera verdad. O por lo menos, de alguna version perversa y retorcida de ellos.

Tardo unos segundos en percatarse de que seguia sosteniendo el sobre que su mentor le habia entregado. Le costo apartar los ojos del cadaver del anciano. Era como si el suicidio fuera hipnotico. Pero por fin lo hizo y, tras abrir el sobre, saco una unica hoja.

Leyo con rapidez:

Ricky:

El pago de la maldad es la muerte. Piensa en este ultimo momento como en un impuesto que he pagado por todo lo que be hecho mal. Tienes delante de ti la informacion que buscas, pero ?podras encontraria? ?No es eso lo que hacemos? ?Explorar el misterio que es evidente? ?Encontrar pistas que tenemos delante de las narices y que nos gritan a la cara?

No se si tendras suficiente tiempo ni si eres bastante inteligente para ver lo que tienes que ver. Lo dudo. Creo que probablemente mueras esta noche, de un modo mas o menos parecido a mi.

Solo que tu muerte sera mas penosa porque tu culpa es menor que la mia.

La carta no estaba firmada.

Ricky absorbia bocanadas de panico con cada inspiracion.

Empezo a buscar por la habitacion. El tictac del reloj de pared senalaba serenamente cada segundo que pasaba, y Ricky fue consciente de repente de ese sonido. Hizo calculos: ?cuando habria llamado el anciano a Merlin y Virgil, y tal vez a Rumplestiltskin, para advertirles que el iba de camino? De la ciudad a esa casa habia dos horas, tal vez algo menos. ?Cuanto le quedaria? ?Segundos? ?Minutos? ?Un cuarto de hora? Sabia que debia irse, alejarse de la muerte que tenia delante de los ojos, aunque solo fuera para poner en orden su cabeza e intentar decidir el paso siguiente, si es que le quedaba alguno. De golpe, se le antojo que era estar en una partida de ajedrez con un gran maestro e ir moviendo las piezas al azar, sabiendo cada vez que el adversario podia prever dos, tres, cuatro o mas movimientos.

Tenia la boca seca y se sentia sofocado.

«Justo delante», penso.

Rodeo con cuidado la mesa para evitar rozar el cadaver del analista y alargo la mano hacia el cajon superior, pero se detuvo.

«?Que puedo dejar? -penso-. ?Algun cabello? ?Huellas dactilares? ?ADN? ?He cometido siquiera un delito?»

Entonces penso que habia dos clases de delitos. La primera provocaba solo que la policia y los fiscales reclamaran justicia. La segunda tambien sacudia el corazon de las personas. Y a veces las dos se mezclaban. La mayoria de lo que habia ocurrido se inscribia en la segunda, pero lo que le preocupaba realmente era el juez, el jurado y el verdugo que se dirigian hacia alli.

No habia forma de esquivar estas cuestiones. Se dijo que debia confiar en el simple hecho de que el hombre cuyas huellas y demas sustancias iban a quedar en el estudio del fallecido tambien estaba muerto y que eso podria proporcionarle cierta proteccion, aunque solo fuera de la policia, que seguramente acudiria a la casa en algun momento de la noche. Abrio el cajon.

Estaba vacio.

Con rapidez, hizo lo mismo con los demas cajones. Tambien vacios. Era evidente que el doctor Lewis habia dedicado tiempo a limpiarlos a fondo. Ricky paso los dedos bajo la superficie del tablero, pensando que tal vez habria algo escondido. Se agacho y busco, en vano. Luego devolvio la atencion al hombre muerto.

Inspiro hondo y metio los dedos en sus bolsillos. Tambien vacios.

Nada en el cuerpo. Nada en la mesa. Era como si el viejo analista se hubiera ocupado de limpiar bien su mundo. Ricky asintio. Un psicoanalista sabe mejor que nadie que revela la identidad de uno.

De lo que se desprende que, al desear borrar la pizarra de la identidad, sabra mejor que nadie como erradicar senales reveladoras de la personalidad.

Recorrio otra vez la habitacion con la mirada. Se pregunto si habria alguna caja fuerte. Vio el reloj, y eso le dio una idea. Lewis habia hablado sobre el tiempo. Tal vez fuera una pista. Se abalanzo hacia la pared y busco detras del reloj.

Nada.

Queria gritar de rabia. «Esta aqui», se insistio.

Inspiro de nuevo. A lo mejor, lo unico que pretendia el anciano era que siguiera ahi cuando llegara su asesina descendencia adoptada. ?Cual era el juego? A lo mejor queria que todo terminara esa noche. Recogio su arma y se volvio hacia la puerta.

Sacudio la cabeza. No, eso seria una mentira sencilla, y las mentiras del doctor Lewis eran muy complejas. En el estudio habia algo.

Se volvio hacia la estanteria. Hileras de libros de medicina y psiquiatria, la obra completa de Freud y Jung, algunos estudios y ensayos clinicos modernos. Libros sobre la depresion. Libros sobre la ansiedad. Libros sobre los suenos. Decenas de libros que contenian solo una modesta parte de los conocimientos acumulados sobre las emociones humanas. Incluido el libro que habia recibido la bala de Ricky. Observo el titulo: Enciclopedia de psicopatologia; el disparo habia arrancado las cuatro ultimas letras.

Se detuvo, con la mirada fija al frente.

?Un texto sobre psicopatologia? En su profesion se trataba casi exclusivamente con emociones poco alteradas, no con las realmente oscuras y retorcidas. De todos los libros en los estantes, era el unico que desentonaba ligeramente, y eso solo lo captaria otro analista.

El doctor Lewis se habia reido al ver donde habia ido a parar la bala, se habia reido y habia comentado que

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