– Me pregunto cuanto tiempo nos quedara -dijo Lewis con cautela, pronunciando las palabras una a una, tras alzar los ojos un momento hacia el reloj de pared.
– El suficiente -contesto Ricky.
– ?De verdad? El tiempo es elastico, ?no? Los momentos pueden durar una eternidad o evaporarse enseguida. El tiempo depende en realidad de nuestra vision del mundo. ?No es eso algo que aprendemos en el analisis?
– Si. Es cierto.
– Y esta noche hay muchos interrogantes sobre el tiempo, ?no?
Estarnos aqui, solos en esta casa. Pero ?por cuanto tiempo? Sabiendo como sabia que venias hacia aca, ?no crees que tome la precaucion de pedir ayuda? ?Cuanto faltara para que llegue?
– Lo suficiente.
– Ah, yo no estaria tan seguro. -El anciano sonrio de nuevo-.
Pero quiza deberiamos complicarlo un poco.
– ?Como?
– Supongamos que te dijera que la informacion que buscas se encuentra en algun lugar de esta habitacion. ?Podrias encontrarla a tiempo? ?Antes de que vengan a rescatarme?
– Ya se lo dije: estoy harto de juegos.
– Esta a la vista. Y te has acercado mas de lo que te imaginarias. Ya esta. Se acabaron las pistas.
– No Jugare.
– Bueno, creo que te equivocas. Tendras que jugar un poco mas porque esta partida no ha terminado. -Lewis levanto de golpe las manos y anadio-: Tengo que sacar algo del cajon superior de la mesa. Es algo que cambiara la forma en que esta discurriendo el juego. Algo que querras ver. ?Puedo?
– Adelante -asintio Ricky a la vez que le apuntaba a la cabeza.
El anciano esbozo una sonrisa desagradable y fria. La mueca de un verdugo. Saco un sobre del cajon y lo puso en la mesa.
– ?Que es eso?
– Puede que sea la informacion que buscas. Nombres, direcciones, identidades.
– Demelo.
– Como quieras… -dijo el doctor Lewis, y se encogio de hombros.
Deslizo el sobre por la mesa y Ricky lo agarro con impaciencia.
Estaba cerrado y Ricky aparto los ojos del viejo un instante para examinarlo. Fue un error, y lo supo al punto.
Levanto la mirada y vio que el anciano exhibia ahora una ancha sonrisa en la cara y un pequeno revolver del calibre 38 en la mano derecha.
– No es tan grande como tu pistola, ?verdad, Ricky? -Solto una sonora carcajada-. Pero seguramente igual de eficiente. Has cometido un error que ninguna de las tres personas implicadas cometeria. Y mucho menos Rumplestiltskin. El jamas habria desviado los ojos de su objetivo, ni por un segundo. No importa lo bien que conociera a la persona a la que estaba apuntando, jamas se habria fiado para apartar los ojos ni siquiera un brevisimo instante. Tal vez eso deberia advertirte sobre las pocas probabilidades que tienes.
Los dos hombres se miraban de un lado a otro de la mesa, apuntandose mutuamente.
Ricky entrecerro los ojos y sintio que empezaban a sudarle las axilas.
– Esto es una fantasia analitica, ?no crees? -susurro Lewis-. En el sistema de transferencia, ?no queremos matar al analista, lo mismo que queremos matar a nuestra madre, a nuestro padre o a cualquiera que ha pasado a simbolizar todo lo malo de nuestras vidas? Y el analista, a cambio, ?no siente una pasion malsana que le gustaria explotar a su vez?
Ricky guardo silencio.
– El nino puede haber sido una rata de laboratorio para la maldad, como usted ha dicho -mascullo por fin-, pero podria haberse corregido. Usted podria haberlo conseguido, pero no quiso, ?verdad? Era mas interesante ver que pasaria dejandole emocionalmente a su aire, y mucho mas facil para usted echar la culpa a toda la maldad del mundo e ignorar la suya, ?no?
Lewis palidecio.
– Usted sabia que era tan psicopata como el, ?verdad? -prosiguio Ricky-. Queria un asesino y encontro uno, porque era lo que usted siempre habia querido ser: un asesino.
– Siempre has sido muy astuto, Ricky. -El anciano fruncio el entrecejo-. Piensa en lo que podrias haber logrado en la vida si hubieses sido mas ambicioso. Y mas sutil.
– Baje el arma, doctor. No va a dispararme -dijo Ricky.
Lewis siguio apuntandole a la cara, pero asintio.
– No necesito hacerlo, ?sabes? -dijo-. El hombre que te mato una vez volvera a hacerlo. Y ahora no se contentara con una necrologica en el periodico. Querra ver como mueres. ?Y tu?
– No, si puedo evitarlo. Cuando encuentre todas estas pistas que, segun usted, estan aqui, quiza vuelva a desaparecer. Ya lo logre una vez e imagino que puedo repetirlo. Quiza Rumplestiltskin tenga que conformarse con lo que logro la primera vez que jugamos. El doctor Starks esta muerto y desaparecido. Gano la partida. Pero yo seguire adelante y me convertire en lo que quiera. Puedo ganar huyendo. Ganar escondiendome, siguiendo vivo ‘? en el anonimato. ?No le resulta extrano, doctor? Nosotros que trabajamos tanto para ayudarnos a nosotros mismos y a nuestros pacientes a enfrentarse con los demonios que los persiguen y atormentan, podemos protegernos escapando. Ayudamos a los pacientes a convertirse en algo, pero yo puedo convertirme en nada y de este modo ganar. ?No le parece ironico?
Lewis sacudio la cabeza.
– Habia previsto esta reaccion -afirmo despacio-. Imagine que me darias esta respuesta.
– Pues entonces se lo repito: baje el arma y me marchare -dijo Ricky-. Suponiendo que la informacion que busco este en este sobre.
– En cierto modo -aseguro el anciano. Susurraba con una sonrisa desagradable-. Pero tengo un par de preguntas mas, si no te importa.
Ricky asintio.
– Te he hablado del pasado de ese hombre. Y contado mucho mas de lo que has asimilado hasta ahora. ?Y que te he dicho de su relacion conmigo?
– Hablo de una especie de lealtad y amor extranos. El amor de un psicopata.
– El amor de un asesino por otro. ?No te parece muy interesante?
– Fascinante. Y si todavia fuera psicoanalista, sentiria curiosidad y estaria ansioso por estudiarlo. Pero ya no lo soy.
– Pues te equivocas. -Lewis se encogio de hombros-. Creo que uno no puede dejar de ser analista con la facilidad que tu pareces considerar posible. -El anciano nego con la cabeza. Todavia no habia soltado el revolver ni dejado de apuntar a Ricky-. Creo que la sesion ha terminado, Ricky -prosiguio-, y ha sido la ultima.
Pero antes de dar por concluido tu analisis quiero que te plantees la siguiente pregunta: si Rumplestiltskin tenia tantos deseos de ver como te suicidabas despues de haberle fallado a su madre, ?que querra que te pase cuando crea que me has matado?
– ?Que quiere decir? -pregunto Ricky.
Lewis no contesto. En lugar de eso, se dirigio el revolver a la sien, sonrio como un demente y apreto el gatillo.
32
Ricky medio grito y medio aullo de la impresion y la sorpresa. Su voz parecio fundirse con el eco de la detonacion.
Se balanceo en la butaca, casi como si la bala que habia explotado en la cabeza del viejo psicoanalista se hubiera desviado y le hubiera acertado en el pecho. Para cuando el estruendo del disparo se perdio en el aire de la noche, estaba de pie junto a la esquina de la mesa observando al hombre en quien antes habia confiado sin reservas. El doctor Lewis habia caido hacia atras, un poco retorcido por la fuerza del impacto en su sien. Le
