correr, pero no estaba dispuesto a asumir el riesgo de ir volando. Penso que Frederick Lazarus habria puesto el coche a ciento sesenta kilometros por hora, pero el no podia hacerlo. Era como si ambos hombres, Richard Lively, que se escondia, y Frederick Lazarus, que estaba dispuesto a luchar, condujeran a la vez. Se percato de que, desde que habia preparado su propia muerte, mantenia el equilibrio entre la incertidumbre de asumir riesgos y la seguridad de ocultarse.

Pero sabia que seguramente ya no era tan invisible como antes. Supuso que su perseguidor estaba cerca, que habria encontrado todas las migas e hilos dejados a modo de pistas e indicaciones desde New Hampshire hasta Nueva York y, despues, hasta Nueva Jersey.

Pero sabia que tambien el estaba cerca.

Era una carrera con sabor a muerte. Un fantasma que perseguia a un difunto. Un difunto que buscaba a un fantasma.

Pago el peaje, el unico vehiculo que en ese momento cruzaba el puente. El empleado de la taquilla estaba a mitad de un ejemplar del Playboy, que contemplaba mas que leia, y apenas lo miro.

El puente en si es una curiosidad arquitectonica. Se eleva decenas de metros por encima de la franja de oscuras aguas que constituye el Hudson, iluminado por una hilera de farolas de sodio amarilloverdosas, y desciende para encontrarse con la tierra del lado de Rhinebeck en un oscuro terreno de labranza rural, de modo que, desde lejos, parece un collar reluciente suspendido sobre un cuello de ebano, envuelto en la oscuridad de la orilla. Mientras avanzaba hacia la carretera que parecia desaparecer en un foso, se le antojo un viaje inquietante. Sus faros dibujaban debiles conos de luz en la noche que lo rodeaba.

Encontro un lugar donde detenerse y tomo uno de los dos telefonos moviles restantes. Marco el numero del ultimo hotel donde estaba previsto que se hospedara Frederick Lazarus. Era un establecimiento barato, el tipo de hotel que solo esta un paso por encima de los que reciben a prostitutas y a sus clientes por horas.

Penso que el recepcionista de noche tendria poco que hacer, suponiendo que esa noche no hubieran disparado ni apaleado a nadie en el hotel.

– Hotel Excelsior, ?en que puedo servirle?

– Me llamo Frederick Lazarus -dijo Ricky-. Tenia una reserva para esta noche. Pero no llegare hasta manana.

– No hay problema -aseguro el hombre, que se rio un poco ante la idea de una reserva-. Habra tantas habitaciones libres entonces como ahora. No tenemos lo que se dice overbooking esta temporada turistica.

– ?Podria comprobar si me han dejado algun mensaje?

– Espere -dijo el hombre. Ricky oyo como dejaba el auricular en el mostrador. Regreso pasado un minuto-. Pues si, oiga -solto-. Debe de ser muy conocido. Tiene tres o cuatro mensajes.

– Leamelos -pidio Ricky-. Y me acordare de usted cuando llegue.

El hombre lo hizo. Eran solo los que Ricky se habia dejado a si mismo. Eso le hizo vacilar.

– ?Ha ido alguien a preguntar por mi? Tenia una cita prevista.

El recepcionista dudo de nuevo y, con esa duda, Ricky averiguo lo que queria. Antes de que pudiera mentir diciendo que no, se le adelanto:

– Es preciosa, ?verdad? Del tipo que logra lo que quiere, cuando quiere y sin preguntas. De una clase muy superior a las que suelen cruzar esa puerta, ?o me equivoco?

El hombre tosio.

– ?Sigue ahi? -pregunto Ricky.

– No. Se marcho -susurro el recepcionista al cabo de un par de segundos-. Hace poco menos de una hora, despues de recibir una llamada en su movil. Se fue muy deprisa. Lo mismo que el hombre que la acompanaba. Llevan toda la noche viniendo a preguntar por usted.

– ?El hombre es bastante rechoncho, palido y recuerda un poco al nino al que soliamos pegar en el colegio? -pregunto Ricky.

– Exacto -dijo el hombre, y rio-. El mismo. Una descripcion perfecta.

«Hola, Merlin», penso Ricky.

– ?Dejaron un numero o una direccion?

– No. Solo dijeron que volverian. Y no querian que yo dijera que habian estado aqui. ?De que va todo esto?

– Solo negocios. ?Sabe que? Si vuelven deles este numero -Ricky leyo el del ultimo movil-. Pero haga que aflojen algo a cambio. Estan forrados.

– De acuerdo. ?Les digo que va a llegar manana?

– Si. Mas vale que si. Y digales que llame para saber si tenia mensajes. Nada mas. ?Echaron un vistazo a los mensajes?

– No -mintio el hombre-. Son confidenciales. No se los ensenaria a ningun desconocido sin su autorizacion.

«Seguro -penso Ricky-. No por menos de cincuenta dolares.»

Se alegraba de que el recepcionista hubiera hecho justo lo que habia esperado. Colgo y se recosto en el asiento. «No estaran seguros -penso-. Ahora no saben quien mas esta buscando a Frederick Lazarus, ni por que, ni que relacion tiene con lo que esta pasando. Eso les preocupara y su siguiente paso sera algo incierto.»

Era lo que queria. Consulto su reloj. Estaba seguro de que el criador de perros se habria liberado por fin y, despues de apaciguar a Brutus y de reunir todos los perros que hubiera podido, habria hecho ya su llamada, asi que esperaba que en la casa a la que se dirigia habria por lo menos una luz encendida.

Como habia hecho antes esa noche, dejo el coche estacionado en el arcen, a un lado de la carretera, fuera de la vista. Faltaban unos dos kilometros para su destino, pero penso que el trayecto a pie le iria bien para reflexionar sobre su plan. Sentia cierta agitacion interior, como si estuviera cerca por fin de obtener respuestas a algunas preguntas. Pero iba acompanada de una sensacion de indignacion que se habria convertido en furia si no se hubiera esforzado en dominarla. «La traicion puede volverse mucho mas fuerte que el amor», penso.

Tenia el estomago algo revuelto, y supo que obedecia a la decepcion mezclada con una rabia desenfrenada.

Ricky, tiempo atras un hombre introspectivo, comprobo que su arma estuviera bien cargada mientras pensaba que el unico plan posible era el enfrentamiento, que es un enfoque que se define a si mismo, y comprendio que se estaba acercando con rapidez a uno de esos momentos en que el pensamiento y la accion se funden. Corrio a traves de la oscuridad y sus zapatillas resonaban en el asfalto para incorporarse a los sonidos de aquel paisaje nocturno: una zarigueya que escarbaba en la maleza, el zumbido de los insectos en un campo cercano… Deseo formar parte del aire.

«?Vas a matar a alguien esta noche?», se pregunto mientras corria.

No conocia la respuesta.

Entonces se pregunto: «?Estas dispuesto a matar a alguien esta noche?».

Esta pregunta parecia mas facil de contestar. Supo que una gran parte de el estaba preparada para hacerlo. Era la parte que habia construido durante meses a partir de trocitos de identidad despues de que le hubieran arruinado la vida. La parte que habia estudiado en la biblioteca local todos los metodos asesinos y violentos y que habia adquirido experiencia en el local de tiro. La parte inventada.

Se detuvo en seco al llegar al camino de entrada a la casa. En su interior estaba el telefono con el numero que habia reconocido.

Recordo por un momento haber ido ahi casi un ano antes, expectante y casi aterrado, con la esperanza de alguna clase de ayuda, desesperado por conseguir cualquier tipo de respuestas. «Estaban aqui, esperandome - penso-, ocultas bajo mentiras. Pero no logre verlas. Jamas se me ocurrio que el hombre que consideraba mi mejor ayuda resultara ser el hombre que queria matarme.»

Desde el camino vio, como esperaba, una luz solitaria en el estudio.

«Sabe que vengo a verle -penso-. Virgil y Merlin, que podrian ayudarle, siguen en Nueva York.» Aunque hubieran conducido sin parar a toda velocidad desde la ciudad, todavia estarian a una hora larga de distancia. Avanzo y oyo el ruido de sus pies en la grava del camino. Quizas el sabia que Ricky estaba ahi fuera, asi que miro alrededor buscando un modo de entrar a escondidas. Pero no estaba seguro de que el elemento sorpresa fuera necesario.

Asi que, en lugar de eso, empuno la pistola y la amartillo. Quito el seguro y camino con tranquilidad hacia la

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