porque yo llegue despues de que los dos murieran. Habia intentado comprarles este sitio un ano antes de su muerte y, despues de su muerte, recibi una llamada de un hombre que dijo ser el albacea testamentario de su herencia y me pregunto si queria la finca y el negocio. Y el precio era increible.
– ?Bajo o alto?
– Estoy aqui, ?no? Bajo. Era una ocasion, en especial con toda la finca incluida. Un negocio redondo. Firmamos los documentos enseguida.
Con quien cerro el trato? ?Con un abogado?
– Si. En cuanto dije que si, un abogado local se hizo cargo. Es un idiota. Solo se dedica a cerrar ventas de propiedades y a multas de trafico. Y estaba muy molesto, ademas, porque no dejaba de decir que lo que yo estaba haciendo era un robo. Pero mantuvo la boca cerrada porque supongo que le pagaban bien.
– ?Sabe quien vendio la finca?
– Solo vi el nombre una vez. El abogado comento que era el pariente mas cercano del matrimonio. Un primo muy lejano. No recuerdo el nombre, salvo que era doctor en algo.
– ?Doctor?
– Exacto. Y me dijeron una cosa, y muy clara ademas.
Que cosa?
– Si alguna vez, entonces o despues, llegaba alguien preguntando por el trato, por el matrimonio o por los tres ninos que nunca habia visto nadie, tenia que llamar a un numero.
– ?Le dieron algun nombre?
– No, solo un numero de Manhattan. Y unos seis o siete anos despues, un hombre me llamo un dia y me dijo que el numero habia cambiado. Me dio otro numero de Nueva York. Unos anos despues de eso, el mismo hombre me llamo y me dio otro numero, esta vez del norte del estado de Nueva York. Me pregunto si habia venido alguien. Le conteste que no. Dijo que muy bien. Me recordo el acuerdo y dijo que habria una prima si alguien se presentaba. Y eso no ocurrio hasta el otro dia, cuando aparecio ese tal Lazarus. Me hizo unas preguntas y lo eche. Luego llame al numero. Un hombre contesto el telefono. Era viejo; se le notaba en la voz. Muy viejo. Me dio las gracias por la informacion. Cinco minutos despues recibi otra llamada, de una mujer joven. Me dijo que me enviaba dinero en efectivo, mil dolares, y que si podia encontrar a Lazarus y retenerlo aqui, me darian mil mas. Le dije que seguramente se alojaria en algun motel de por aqui. Y eso es todo, hasta que aparecio usted. Y sigo sin saber quien demonios es.
– Lazarus es mi hermano -afirmo Ricky con calma. Penso un momento, anadio anos a una ecuacion que retumbaba en su interior y, por ultimo, pregunto-: El numero al que llamo, ?cual es?
El hombre solto los diez numeros de un tiron.
– Gracias -dijo Ricky con frialdad.
No necesitaba anotarlo. Era un numero que conocia.
Le hizo un gesto con la pistola para que se echara de bruces.
– Ponga las manos a la espalda -ordeno.
– Venga, hombre. Se lo he dicho todo. Sea lo que sea, yo no soy importante, cono.
– Eso seguro.
– Entonces, suelteme.
– Tengo que limitar sus movimientos unos minutos. Los suficientes para irme antes de que usted encuentre una cizalla y libere a Brutus. Sin duda a ese perro le gustaria pasar unos momentos a solas conmigo en la oscuridad.
Eso hizo sonreir al propietario.
– Es el unico perro que conozco capaz de guardar rencor. De acuerdo. Haga lo que tenga que hacer.
Ricky lo maniato con cinta adhesiva. Luego se levanto.
– Les llamara, ?verdad?
– Si le dijera que no, se cabrearia porque sabria que estoy mintiendo -asintio el hombre.
– Muy perspicaz. -Ricky sonrio-. Tiene razon.
Reflexiono un momento que queria que aquel hombre dijera.
Se le ocurrieron unos versos.
– Muy bien, quiero que les diga lo siguiente:
Lazaro el cerco ha estrechado.
Ahora ya no esta desorientado.
?Esta aqui? ?Esta alla? Vete a saber.
En cualquier parte puede aparecer.
El juego despacio va avanzando y Lazaro cree que lo esta ganando.
Quizas el senor R ya no pueda elegir y las instrucciones del Voice deba seguir.
– Parece un poema -comento el hombre, que yacia sobre el estomago en la grava e intentaba volver la cabeza hacia Ricky.
– Una especie de poema. Bien, hora de ir a clase. Repitamelo.
El propietario necesito varios intentos para recitarlo mas o menos bien.
– No lo entiendo -dijo al final-. ?Que esta pasando?
– ?Juega al ajedrez? -pregunto Ricky.
– No muy bien -contesto el hombre.
– Bueno, puede estar contento de ser solo un peon. Y no tiene que saber mas de lo que necesita saber un peon. Porque, ?cual es el objetivo del ajedrez?
– Capturar a la reina y matar al rey.
– Bastante cerca -sonrio Ricky-. Ha sido un placer hablar con usted y con Brutus. ?Quiere un consejo?
– Diga.
– Llame y recite el poema. Luego salga y procure reunir a todos los perros. Eso le llevara cierto tiempo. Despues, manana, despiertese y olvide que todo esto ha ocurrido. Vuelva a su vida habitual y no piense mas en ello.
El propietario se movio incomodo, con lo que provoco un sonido a aranazo en la grava del camino.
– Sera dificil.
– Puede -repuso Ricky-. Pero podria ser prudente intentarlo.
Se levanto y dejo al hombre en el suelo. Algunos perros se habian echado, y se agitaron cuando el se movio. Guardo el arma en la mochila y echo a correr camino abajo con la linterna en la mano. Cuando hubo salido del haz que iluminaba el patio delantero acelero el paso, salio a la carretera y se dirigio hacia el cementerio, donde habia estacionado el coche. Sus pies resonaban en el asfalto negro y apago la linterna, de modo que corria en medio de una oscuridad absoluta. Penso que era un poco como nadar en un mar embravecido por una tormenta, cortando las olas que tiraban de el en todas direcciones. A pesar de la noche que lo habia engullido, se sentia iluminado por un dato: el numero de telefono. En ese instante era como si todo, desde la primera carta que recibio en la consulta hasta ese momento, formara parte de la misma corriente arrolladora. Y cayo en la cuenta de que tal vez se remontaba mucho mas atras. Meses y anos en su pasado, en que algo lo atrapaba y arrastraba sin que el fuera consciente de ello. Saberlo deberia haberle desanimado pero, en cambio, sentia una energia extrana y una liberacion igual de extrana. Le parecio que saber que habia estado rodeado de mentiras y haber visto de golpe algo de verdad era un acicate que le impulsaba hacia delante.
Esa noche tenia que viajar kilometros. Kilometros de carretera y de espiritu que conducian hacia su pasado a la vez que indicaban el camino hacia su futuro. Se apresuro, como un corredor de maraton que presiente la linea de meta, fuera de su vista pero intuida en el dolor de los pies y las piernas, en el agotamiento que le invade a cada respiracion.
31
Ricky llego al peaje del lado occidental del rio Hudson, al norte de Kingston, Nueva York, poco despues de medianoche. Habia conducido deprisa, al limite de velocidad permitida para evitar que lo parara algun irritado policia de trafico de Nueva York. Le recordo un poco a un microcosmos de gran parte de su vida anterior. Queria
