– Jimmy -dijo Sean-, si no hay demasiados contratiempos, podemos cerrar este caso con rapidez.

– ?De verdad?le pregunto Jimmy-. Asi pues, ?te tomo la palabra Sean?

– Hazlo, Ademas, podemos cerrarlo con pulcritud, para que nadie nos pueda echar nada en cara en los tribunales.

– ?Y cuanto tardaras?

– ?Como dices?

– ?Cuanto tiempo crees que tardaras en meter al asesino de Katie en la carcel?

Whitey alzo un brazo y pregunto:

– ?Esta intentando negociar con nosotros, senor Marcus?

– ?Negociar?

El rostro de Jimmy volvio a tener aquella expresion sin vida tan caracteristica de los convictos.

– SI -comento Whitey-, porque percibo cierto…

– ?Percibe?

– … aire de amenaza en esta conversacion.

– ?De verdad? -pregunto con inocencia, pero con los ojos todavia inertes.

– Como si nos estuviera poniendo una fecha limite -anadio Whitey.

– El agente Devine acaba de prometerme que encontraria al asesino de mi hija. Solo le estaba preguntando cuanto tiempo calculaba que tardaria en hacerlo.

– EI agente Devine -puntualizo Whitey- no esta al cargo de esta investigacion. Soy yo quien lo esta. Y les aseguro, senor y senora Marcus, que conseguiremos la maxima pena para quienquiera que cometiera el asesinato. Pero lo ultimo que queremos es que alguien piense que nuestro temor a que las bandas de los Savage y de O'Donnell se declaren la guerra pueda ser utilizado en nuestra contra. Creo que voy a arrestarles a todos por alteracion del orden publico y a olvidarme de los tramites burocraticos hasta que todo esto haya acabado.

Un par de bedeles pasaron por delante de ellos, bandejas en mano; La comida esponjosa que llevaban sobre las bandejas desprendia un Vapor grisaceo, Sean sentia que el aire estaba cada vez mas viciado y que la noche se cerraba su alrededor.

– Bien entonces- dijo Jimmy con una amplia sonrisa.

– Entonces… ?que?

– Encuentren al asesino. Yo no interferire en absoluto.- Se volvio hacia su mujer al tiempo que se ponia en pie y le ofrecia la mano. ?Carino?

– Senor Marcus -dijo Whitey.

Jimmy le miro mientras su mujer le cogia la mano y se levantaba.

– En e! piso de abajo hay un agente que les llevara a casa -anuncio Whitey, mientras metia la mano en la cartera-. Si se les ocurre cualquier cosa, llamennos.

Jimmy cogio la tarjeta de Whitey y se la guardo en e! bolsillo trasero.

Annabeth parecia mucho menos estable de pie, como si tuviera las piernas repletas de liquido. Apreto la mano de su marido y la suya empalidecio.

– Gracias -dijo a Sean y a Whitey en un susurro.

En aquel momento Sean vio como los estragos del dia empezaban a aparecer en su cuerpo y en su rostro, revistiendola poco a poco. La violenta luz del techo le ilumino la cara y Sean se imagino la apariencia que tendria cuando fuera mayor: una mujer atractiva, cicatrizada por una sabiduria que nunca habia pedido.

Sean no tenia ni idea de donde procedian las palabras. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba hablando hasta que oyo el sonido de su propia voz entrando en la fria cafeteria.

– Intercederemos por ella, senora Marcus. Si les parece bien, asi lo haremos.

Por un momento a Annabeth se le arrugo el rostro, y despues inspiro aire y asintio repetidas veces, apoyada en su marido y flaqueando ligeramente.

– Si, senor Devine, muy bien. De acuerdo.

Mientras atravesaban de nuevo la ciudad, Whitey le pregunto:

– ?De que va toda esa historia del coche?

– ?Que? -pregunto Sean.

– Marcus ha dicho que estuvisteis a punto de subir a no se que coche cuando erais pequenos.

– Nosotros… -Sean alargo la mano hacia e! salpicadero y ajusto el espejo lateral hasta que pudo ver con claridad la hilera de faros que brillaban detras de ellos; borrosos puntos amarillos que rebotaban levemente en la noche, con un tremulo resplandor. – Nosotros… ?Mierda! Bien, pues habia un coche, Jimmy, un nino llamado Dave Boyle y yo, estabamos jugando delante de una casa. Debiamos tener unos once anos. Bien, pues ese coche aparecio en nuestra calle y se llevo a Dave Boyle.

– ?Un secuestro?

Sean, sin apartar los ojos de aquellas luces vibrantes y amarillentas, asintio con la cabeza y anadio:

– Los tipos esos se hicieron pasar por polis. Convencieron a Dave para que subiera al coche. Ni Jimmy ni yo subimos. A el lo retuvieron durante cuatro dias. Despues consiguio escapar y ahora vive en las marismas.

– ?Llegaron a pillar a esos tios?

– Uno de ellos murio, y al otro lo trincaron un ano mas tarde; se ahorco en su propia celda.

– ?Tio! -dijo Whitey-. Ojala hubiera una isla, ?sabes? Como en aquella vieja pelicula de Steve McQueen en la que se hace pasar por frances y que todo el mundo tiene acento menos el. Es solo Steve McQueen con un nombre frances. Al final salta por el acantilado con una balsa hecha de cocos. ?La has visto alguna vez?

– No.

– Es una buena pelicula. Si hubiera una isla solo para violadores de ninos y para los que se aprovechan de los mas debiles, en la que les lanzaran comida desde el aire unas cuantas veces por semana, y en la que minaran toda el agua de los alrededores, nadie se escaparia. ?Que os han declarado culpables de un delito por primera vez? Pues que os jodan, porque vais a cumplir cadena perpetua en la isla. Lo sentimos mucho chicos, pero no podemos correr el riesgo de que enveneneis a nadie mas. Porque es una enfermedad contagiosa, ?sabes? Uno la contrae porque otra persona se la paso. Entonces uno va y se la pasa a otro, como si de la lepra se tratara. Supongo que si les llevaramos a esa isla habria menos posibilidades de que contagiaran a otras personas. Cada generacion, habria unos cuantos menos. Al cabo de unos cuantos cientos de anos, podriamos convertir la isla en un Club Mediterranee o algo asi-. Los ninos oirian historias de esos tipos raros con la misma naturalidad que las que ahora les cuentan de fantasmas, como si fuera algo de lo que, no se, de lo que ya nos hubieramos desprendido a causa de la evolucion de la especie.

– ?Caramba sargento, que filosofico se ha vuelto de repente!- exclamo Sean.

Whitey hizo una mueca y subio por la rampa de la autopista.

– A su amigo Marcus -dijo Whitey- tan pronto como le puse los ojos encima supe que habia estado en la carcel. Nunca se liberan de esa tension, ?sabes? A menudo es una tension que se les pone en los hombros. Si uno se pasa dos anos vigilandose la espalda, cada segundo de todos esos dias, la tension se ha de notar en alguna parte.

– Acaba de perder a su hija, hombre. Tal vez sea eso lo que le haga tensar tanto los hombros.

Whitey nego con la cabeza y replico:

– No. Eso le provoca nervios en el estomago. ?No te has dado cuenta de que no paraba de hacer muecas? Era debido a que esa perdida se le habia aposentado en el estomago y se le estaba volviendo acida. Lo he visto un millon de veces. Sin embargo, la tension de los hombros es consecuencia de la carcel.

Sean aparto la mirada del espejo retrovisor y, durante un rato, estuvo observando las luces del otro lado de la autopista. Iban hacia ellos como ojos bala, y corrian a gran velocidad como las lineas borrosas de la misma autopista, desdibujandose y formando un todo. Sentia el peso de la ciudad a su alrededor: los rascacielos, las viviendas, los altos edificios de oficinas y los aparcamientos, los estadios, las salas de fiesta y Ias iglesias; sabia que si una de esas luces se apagaba, nada cambiaria, y que si aparecia un nuevo halo de luz, nadie notaria la diferencia. Sin embargo, latian, brillaban, relucian, resplandecian y se te quedaban mirando, tal y como les estaba pasando en ese mismo momento: miraban fijamente a sus propias luces, a medida que avanzaban a toda prisa por la autopista, tan solo un par mas de luces amarillas y rojas que se desplazaban entre un torrente de otras luces, tambien amarillas y rojas, que avanzaban a toda velocidad a traves de un crepusculo ordinario de domingo.

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