– ?Hacia donde iban?

– Hacia las luces apagadas, tonto. Hacia los cristales rotos.

Despues de medianoche, cuando Annabeth y las chicas se fueron finalmente a dormir y despues de que Celeste, la prima de Annabeth, que habia ido a verles tan pronto como se habia enterado, se quedara medio dormida en el sofa, Jimmy fue al piso de abajo y se sento en el porche delantero del edificio de tres plantas que compartian con los hermanos Savage

Se IIevo con el el guante de Sean e intento ponerselo a pesar de que el dedo pulgar no le cabia y de que la base del guante solo le entraba hasta la mitad de la palma de la mano, Se sento y contemplo los cuatro carriles de la avenida Buckingham; lanzo la pelota contra la cincha del guante, y el suave sonido que hizo al golpear contra el cuero le tranquilizo.

A Jimmy siempre le habia gustado sentarse alli fuera de noche. Las tiendas que se alineaban a lo largo de la avenida estaban cerradas y practicamente a oscuras. De noche, se hacia un silencio en una zona en la que de dia, habia una gran actividad comercial; era un silencio diferente a cualquier otro. El ruido que a menudo reinaba durante el dia no desaparecia del todo, sino que tan solo era absorbido y retenido, como si de un par de pulmones se tratara, a la espera de ser expulsado de nuevo. Confiaba en aquel silencio, y le alegraba, ya que anticipaba el regreso del ruido, aunque lo mantuviera cautivo, Jimmy no se podia imaginar viviendo en el campo, donde el silencio era el ruido, y donde el silencio era delicado y se desvanecia con tan solo tocarlo.

Sin embargo, le gustaba ese silencio, esa bulliciosa tranquilidad. Hasta entonces, la noche le habia parecido muy ruidosa y muy intensa a causa de las voces y de los lloros de su esposa e hijas. Sean Devine habia enviado a dos detectives, Brackett y Rosenthal, para que examinaran el dormitorio de Katie. Mantenian la mirada baja y se sentian incomodos; ademas, no paraban de susurrar disculpas a Jimmy, mientras inspeccionaban los cajones, el colchon y el hueco de debajo de la cama. Jimmy tan solo deseaba que lo hicieran lo mas rapido posible y que no le dijeran nada. Al final, no encontraron nada extrano, a excepcion de setecientos dolares en billetes nuevos en el cajon de los calcetines de Katie. Se los mostraron a Jimmy junto con su cartilla del banco -en la que habian estampado ANULADA-, pues habian sacado todo el dinero el viernes por la tarde.

Jimmy no supo que responderles a aquello. Para el tambien fue una sorpresa. Pero en vista de todas las demas sorpresas del dia, le afecto muy poco. No hizo mas que aumentar su embotamiento.

Podriamos matarle.

Val aparecio en el porche y entrego una cerveza a Jimmy. Se sento junto a el, con los pies descalzos sobre los escalones

– ?O?Donnell?

Val asintio con la cabeza y declaro

·-Me gustaria hacerlo, ?sabes, Jim?

– ?Crees que fue el el que mato a Katie?

Val hizo un gesto de asentimiento y apunto:

– Si no fue el, contrato a alguien para que lo hiciera, ?no crees? Las amigas de Katie son de la misma opinion. Me han dicho que Roman se les acerco en uno de los bares en los que estuvieron y que amenazo a Katie.

– ?Amenazo?

– Bien, que le dio un poco la lata, como si aun fuera novia de O?Donnell. ?Vamos, Jimmy! Tuvo que ser Bobby.

– Aun no estoy seguro -dijo Jimmy.

– ?Y que haras cuando lo estes?

Jimmy dejo el guante de beisbol en el escalon que habia a sus pies y abrio la cerveza. Bebio un sorbo largo y lento, y respondio:

– Pues tampoco lo se.

14. NUNCA MAS VOLVERE A SENTIR LO MISMO

Sean, Whitey Powers, Souza y Connolly, otros dos miembros del Departamento de Homicidios del Estado, Brackett y Rosenthal, mas una legion de policias y de tecnicos de la Policia Cientifica pasaron la noche entera y parte de la manana estudiando el caso con todo detalle. Habian analizado cada hoja del parque en busca de pruebas. Habian gastado libretas con diagramas e informes de campo. Los poIicias habian entrevistado a todos los ocupantes de las casas desde las que se podia acceder a pie desde el parque; asimismo, habian llenado una furgoneta entera con todos los vagabundos del parque y con los restos de los cartuchos de la calle Sydney. Buscaron dentro de la mochila que habian encontrado en el coche de Katie Marcus y encontraron las cosas habituales, a excepcion de un folleto turistico de Las Vegas y de una lista de hoteles de dicha ciudad en papel amarillo a rayas.

Whitey le mostro el folleto a Sean, solto un silbido, y exclamo:

– ?Esto si que es una pista! ?Vayamos a hablar con sus amigas!

Eve Pigeon y Diane Cestra, tal vez las dos ultimas personas honradas que, segun el padre de Katie, vieron a su hija con vida por ultima vez, parecian haber recibido un golpe en la nuca con la misma pala. Whitey y Sean las interrogaron con suavidad entre el constante torrente de lagrimas que bajaba por sus mejillas. Las chicas les dieron todo tipo de detalles sobre lo que hicieron en la ultima noche de vida de Katie; les dieron una lista de todos los bares en que habian estado, junto con la hora aproximada en la que habian entrado y salido, pero cuando empezaron a hacerles preguntas de tipo personal, tanto Sean como Whitey tuvieron la sensacion de que les estaban ocultando informacion, ya que se intercambiaban miradas antes de contestar y daban respuestas vagas, mientras que antes les habian respondido con precision.

– ?Salia con alguien?

– No, con regularidad, no.

– ?Y de vez en cuando?

– Bueno…

– ?Si?

– La verdad es que no nos tenia muy informadas sobre ese tipo de cosas.

– Diane, Eva… Katie era vuestra mejor amiga desde el jardin de infancia. ?Como me voy a creer que nos os contaba si salia con alguien?

– Era muy reservada.

– Si, eso es. Katie era muy reservada, senor.

Whitey, intentando llegar hasta ellas de otro modo, les pregunto:

– ?No salisteis a celebrar nada especial ayer por la noche? ?Nada fuera de lo corriente?

– No.

– ?No tenia planes de abandonar la ciudad?

– ?Como? No.

– ?No? Diane, hemos encontrado una mochila en el maletero del coche. Dentro habia folletos de Las Vegas. ?Que? ?Los llevaba de un Iado a otro para mostrarselos a alguien?

– Tal vez. No lo se.

El padre de Eve empezo a hablar inesperadamente:

– Carino, si piensas que algo podria ser de ayuda, haz el favor de empezar a contarlo. ?Por el amor de Dios, estamos hablando del asesino de Katie!

Aquel comentario hizo que las chicas empezaran a derramar un nuevo torrente de lagrimas y que ya no pudieran seguir interrogandolas; comenzaron a gemir, a abrazarse una a la otra y a temblar, con la boca un poco abierta y ovalada en la pantomima de dolor que Sean habia visto tantas y tantas veces, el momento en el que, tal y como lo denominaba Martin Friel, el dique se desbordaba y la gente asumia que nunca mas volveria a ver a la victima. En momentos como esos, no se podia hacer nada, a excepcion de observar o marcharse.

Las observaron y esperaron.

Sean penso que Eve Pigeon [7] tenia cierta semejanza con un pajaro. Su rostro era muy anguloso y la nariz muy fina. Sin embargo, a ella le quedaba muy bien. Habia en

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