Sean hizo un gesto de asentimiento y espeto:
– Si, claro. Inofensivo.
– ?Tienes su direccion? -pregunto Whitey.
Cuando llegaron a casa de Brendan Harris, no habia nadie; por lo tanto, Sean pidio ayuda y ordeno a dos policias que vigilaran la casa y que les avisaran cuando regresaran los Harris.
A continuacion, se dirigieron a casa de la senorita Prior, y tuvieron que quedarse alli tomando te, comiendo pasteles de cafe pasados y mirando
La senorita Prior les conto que la noche anterior se habia asomado por la ventana a eso de la una y media de la madrugada, y que habia visto a dos ninos jugando en la calle, ninos pequenos, en la calle a aquellas horas, lanzandose latas uno al otro, haciendo esgrima con palos de hockey y diciendo palabrotas. Habia pensado en decirles aIgo, pero las mujeres mayores debian andarse con cuidado. En los tiempos que corrian los ninos estaban locos, disparaban en las escuelas, llevaban aquella ropa ancha y no paraban de decir tacos. Ademas, aI cabo de un rato los ninos empezaron a perseguirse uno al otro calle abajo y, por lo tanto, ya habia dejado de ser problema suyo; sin embargo, la forma en la que se comportaban los chicos actualmente…?Era esa la forma correcta de vivir?
– El agente Medeiros nos ha contado que oyo un coche a eso de las dos menos cuarto -dijo Whitey.
La senorita Prior miro como Della explicaba los caminos del Senor a Roma Downey; esta tenia una pose solemne, los ojos vidriosos y parecia estar imbuida de Jesus. La senorita Prior hizo varios gestos de asentimiento al televisor para luego darse la vuelta y mirar a Sean y a Whitey de nuevo.
– Oi como un coche chocaba contra algo.
– ?Contra que?
– ?Hoy en dia la gente conduce como loca! Es una bendicion que yo ya no tenga el carne, pues me daria miedo conducir por esas calles. Todo el mundo parece haberse vuelto loco.
– Si, senora -dijo Sean-. ?Por el ruido le parecio que era un coche chocando contra otro coche?
– ?Ah, no!
– ?Como si hubiera atropellado a una persona? -pregunto Whitey.
– ?Por el amor de Dios! ?Como voy a saber yo que ruido iba a hacer eso? Ademas, no tengo ningun interes en saberIo.
– Entonces no fue un ruido muy estridente – apunto Whitey.
– ?Como dice, querido?
Whitey se lo repitio, inclinandose hacia delante.
– No- respondio la senorita Prior-. Mas bien fue como si un coche chocara contra una roca o un bordillo. El coche se quedo alli parado y alguien dijo: «Hola».
– ?Alguien dijo «hola»?
– Hola -repitio la senorita Prior. Miro a Sean e hizo un gesto de asentimiento-. Y entonces, parte del coche se rompio.
Sean y Whitey se quedaron mirando el uno al otro.
– ?Se rompio? -exclamo Whitey.
A la senorita Prior, inclinando su cabeza pequena y azulada, se le ocurrio decir:
– Cuando mi Leo estaba vivo, se le rompio el eje del Plymouth. ?Hizo tanto ruido!
– Y eso es lo que oyo despues de que alguien dijera: «Hola».
Asintio y respondio:
– Hola y
– Y, cuando miro por la ventana, ?que vio?
– ?Ah, no, no! -exclamo la senorita Prior-. No me asome a la ventana. Entonces ya me habia puesto la bata. Ya me habia ido a dormir. Nunca me asomaria por la ventana con la bata puesta. La gente podria verme.
– Sin embargo, quince minutos antes…
– Joven, quince minutos antes no llevaba la bata. Acababa de ver una pelicula en la television, una pelicula estupenda en la que salia Glenn Ford. Ojala me acordara del nombre.
– Entonces apago el televisor…
– Vi a esos ninos sin madre en la calle, me fui al piso de arriba, me puse la bata, y a partir de entonces, joven, ya no volvi a descorrer las cortinas.
– La voz que dijo «hola» -insistio Whitey-, ?era de hombre o de mujer?
– Creo que de mujer -contesto la senorita Prior-. Era una voz aguda, a diferencia de la de ustedes dos - expreso con entusiasmo-. Los dos tienen unas voces bien masculinas. Sus madres deben de estar bien orgullosas.
– ?Oh, si, senora! ?No se lo puede ni imaginar! -exclamo Whitey.
Mientras salian de la casa, Sean repitio:
– Whitey sonrio y anadio:
– ?Como disfrutaba repitiendolo! ?Hizo que se sintiera joven de nuevo!
– ?Que crees que se le rompio: el eje o la culata?
– La culata -contesto Whitey-. Es lo del «hola» lo que me ha dejado perplejo.
– Si saludo a quien le disparo, podria indicar que le conocia.
– Quiza, pero no podemos estar seguros.
Despues de eso se pasaron por los bares en que habian estado las chicas; no consiguieron mas que algunas declaraciones achispadas de genlte que dijo haber visto alli a las chicas, o quiza no, y listas incompletas de posibles clientes que podrian haberse encontrado alli entonces.
Para cuando llegaron al McGills, Whitey ya se estaba cabreando.
– Dos chicas jovenes, muy jovenes, menores de edad, de hecho, se suben a la barra y empiezan a bailar, y ?quiere que me crea que no lo recuerda?
EI barman, que ya habia empezado a asentir antes de que Whitey acabara de formular la pregunta, dijo:
– ?Ah, esas? Si, ya me acuerdo. Claro. Seguro que las falsificaciones de los carnes eran muy buenas, porque se los pedimos a la entrada, detective.
– Sargento, si no le importa -apunto Whitey-. En un principio apenas recordaba haberlas visto aqui y ahora recuerda haberles pedido el carne. Tal vez recuerde a que hora se marcharon. ?O de eso tampoco se acuerda muy bien?
El barman, un tipo joven, con unos biceps tan grandes que, con toda probabilidad, le interrumpian el riego cerebral, dijo:
– ?Marcharon?
– Si, ?a que hora se fueron?
– Yo no…
– Fue justo antes de que Crosby rompiera el reloj -contesto un tipo que estaba sentado en un taburete.
Sean le echo un vistazo. Era un viejo que tenia el
– ?Se encontraba usted aqui?- le pregunto Sean.
– Asi es, Moron Crosby deseaba coger el coche e irse a casa. Sus amigos intentaban cogerle las llaves del coche. El tontorron se las lanzo, pero fallo y dieron contra ese reloj.
Sean observo el reloj que habia sobre la puerta que conducia a la cocina. El cristal estaba roto y las manecillas se habian detenido a las 12:52.
– ?Se marcharon antes de que sucediera eso?- le pregunto Whitey al viejo- ?Las chicas?
– Unos cinco minutos antes- respondio el tipo-. Las llaves fueron a parar al reloj y recuerdo que pense que me alegraba de que esas chicas ya no estuvieran alli. No hacia falta que vieran un espectaculo tan ruin.
Una vez en el coche, Whitey pregunto:
