– Le dire lo que pasaria: si escribo un articulo se nos echaran a la yugular. ?Cree que la prensa ya se cebo con usted? Pues no tiene ni idea de lo que son capaces cuando detectan sangre en el agua. Todos querran su parte del pastel. En su vida habra visto tanto microfono, tanto bloc de notas ni tanta camara. Un policia y un periodista imbeciles arruinan sus carreras al dejar libre a un asesino. No habra periodico o noticiario que no mate por la noticia.
– ?Y que pasaria con Ferguson?
Cowart arrugo el entrecejo.
– Para el seria mas facil. Se limitaria a negarlo. Sonreiria a la camara y diria: «No, senor. Yo no hice nada. Habran manipulado las pruebas.» Dira que se la hemos jugado, que todo ha sido una trampa tendida por un poli resentido. Dira que usted ha manipulado unas pruebas encontradas en otro lugar, en algun lugar donde Sullivan me hubiese recomendado buscar, como paso con el cuchillo. Usted me habria convencido para hacerlo, o me habria enganado, da lo mismo, y yo me dedicaria a cubrirle las espaldas. Y mucha gente se lo creeria. Ya le saco una confesion a golpes, ?que tal si cambiamos de estrategia? -Brown fue a abrir la boca, pero Cowart no habia terminado-. Imaginemos que nos demanda por difamacion. ?Se acuerda de
Brown le lanzo una mirada hostil.
– ?Y que pasaria con usted?
– Oh, conmigo se cebarian igual. Este pais esta habituado a los asesinos, son una especie conocida. Pero ?el fracaso? Ah, el fracaso siempre es un hueso jugoso. Los errores y las meteduras de pata no van con el espiritu americano. Toleramos el asesinato, pero no la derrota. Ya lo estoy viendo: «Senor Cowart, gano usted el Pulitzer por decir que este hombre era inocente. ?Que espera ganar diciendo que no lo es?» Y peor aun: «?Culpable? ?Inocente? ?En que quedamos, senor Cowart? O lo uno o lo otro. ?Por que no lo dijo antes? ?A que esperaba? ?Que trataba de encubrir? ?Que otros errores ha cometido? ?Es consciente de la diferencia entre una verdad y una mentira, senor Cowart?» -Cogio aliento-. Tiene que entender una cosa, teniente.
– ?Cual?
– Que aqui solo habra dos personas a las que todo el mundo considerara culpables: usted y yo.
– ?Y Ferguson?
– Le molestaran un tiempo, pero saldra bien librado. Puede que incluso quede como un heroe en determinados circulos. Le idolatraran aun mas que ahora.
– Libre…
– Libre para hacer lo que mas le plazca.
Cowart abrio la puerta y bajo del coche. Se quedo de pie en la acera, dejando que la brisa templara sus emociones. Observo la calle y se detuvo en una antigua barberia que ostentaba aun el tradicional cilindro giratorio; se quedo mirando el movimiento sin fin de los colores, siempre avanzando pero sin llegar a parte alguna. Apenas si se percato de que tambien Brown habia bajado del coche.
– Supongamos que ya lo esta haciendo -dijo con enervante frialdad a la espalda de Cowart-. Otra Dawn Perry. Desaparecera un dia de estos. «?Puedo ir a nadar a la piscina? Si, pero vuelve antes de la cena…» Ahora ya sabemos lo que le gusta, ?verdad, Cowart?
– Ya.
– Y nada podra impedir que siga dedicandose a su actividad favorita antes de aquellas cortas vacaciones en el corredor de la muerte, ?no?
– No. Nada. ?Que sugiere, detective?
– Una trampa -dijo Brown con aire cansino-. Tendamosle una trampa. Si no podemos endilgarle un caso viejo, cacemosle con uno nuevo.
Cowart supo sin necesidad de girarse que el odio conferia una expresion petrea a Brown.
– Siga -pidio.
– Algo que no deje lugar a dudas sobre su autoria. Que cuando yo lo detenga y usted escriba la noticia, a nadie le quepa la menor duda. ?Me explico? Ninguna duda. ?Puede escribir un articulo asi, Cowart? ?Un articulo que no le deje ninguna escapatoria?
Al periodista le vino el recuerdo de un pescador de Maine que ponia peces muertos en las trampas para langostas antes de echarlas a las oscuras y gelidas aguas de la costa. Fue un verano y el era un chiquillo. Recordo la fascinacion que le produjeron aquellas sencillas aunque letales trampas. Una caja hecha de unas pocas piezas de madera y alambre. Las langostas entraban por un extremo, incapaces de resistirse a la tentacion del pescado en descomposicion; despues, tras haber comido, no podian maniobrar para salir por la pequena entrada. Caian presas de una combinacion de codicia, necesidad y limitaciones fisicas.
– Puedo escribir ese articulo -contesto. Se volvio y anadio-: Pero las trampas llevan su tiempo. ?Disponemos de tiempo, teniente? ?De cuanto?
Brown sacudio la cabeza.
– No tenemos mas opcion que arriesgarnos.
Brown dejo a Cowart en su oficina y se marcho con la excusa de que debia comprobar si Wilcox tenia ya los resultados preliminares de los analisis de la ropa y la alfombrilla. El periodista se quedo mirando los documentos y fotografias que ya habia examinado y a continuacion telefoneo al Miami
– ?Edna?
– Matty, Matty, pero ?donde te habias metido? No hago mas que dejarte mensajes.
– Estoy en Pachoula, con los polis.
– ?Con ellos? Crei que ibas a Starke para ver si encontrabas algo en la prision.
– Ese es el paso siguiente.
– Pues yo me daria prisa. El
– En los cayos.
– ?Has sacado algo?
– Nada para el periodico, todavia. Uno o dos titulares que…
– ?Que que?
– Edna, dame un respiro.
– Mira, Matty, yo en tu lugar me sacaria de la manga un buen titular para ya mismo. Si no, los lobos empezaran a llamar a la puerta en busca de carnaza. No se si me explico.
– Te explicas. Muy explicita.
Edna rio.
– A nadie le apetece dejar el caviar y pasarse a la comida para perros.
– Gracias, Edna. Es reconfortante hablar contigo.
– Yo solo te aviso.
– Tomo nota. Bueno, ?y tu que has estado haciendo?
– Siguiendole el rastro a tu amigo Sullivan, un verdadero artista del embuste.
