– Un poco de todo. ?Y tu?

– Bien. Podria irme mejor, pero tampoco me va tan mal; supongo que no tengo quejas.

Brown visualizo al hombreton al otro lado de la linea. Debia de llevar puesto un uniforme demasiado estrecho alli donde sus ciento treinta kilos no pudieran disimularse y alrededor del cuello, de manera que la cabeza parecia nacer directamente del cuello almidonado con insignias doradas. Lucious Harris sentia esa animadversion a la violencia propia de los hombres corpulentos y, por su aspecto siempre afable, se diria que su vida era un festin en el que jamas escaseaba la comida. A Tanny le gustaba llamarle porque, pese a lo cruel que pudiera llegar a ser la vida, se mostraba siempre energico y pronto a resistir. Tanny Brown reparo en que no le habia llamado en mucho tiempo.

– ?Que tal van las cosas por Eatonville?

– ?Ja! Bueno, habras oido que esto empieza a convertirse en un hervidero de turistas. La gente viene por la atencion que la difunta Miss Hurston le presto a la ciudad. No le haremos la competencia a Disney World o a cayo Vizcaino, pero no esta mal ver caras nuevas por la zona.

Brown trato de imaginarse Eatonville. Su amigo se habia criado alli, sus ritmos se plasmaban en la cadencia de su voz. Era una ciudad provinciana con un sentido del orden muy particular. Casi todos sus habitantes eran negros. Se habia vuelto relativamente conocida gracias a los escritos de Zora Neale Hurston, la mas famosa de sus habitantes. Eatonville fue descubierta al mismo tiempo que, los academicos primero y la gente del cine despues, descubrieron a Hurston, pero jamas habia dejado de ser una pequena ciudad de negros gobernada por negros.

Hubo una breve pausa antes de que Lucious Harris dijera:

– Ya no me llamas. Quien diria que somos amigos. He visto que te has hecho bastante famoso, pero me da que no es la clase de notoriedad que uno desearia, ?me equivoco?

– No te equivocas.

– Y ahora, pasado un siglo, me llamas, pero no para contarme por que no me has llamado en tanto tiempo, sino para tratar alguna cuestion delicada, ?me equivoco?

– Estoy dando palos de ciego, Luke. He pensado que quiza tu puedas ayudarme.

– Bueno, tu diras.

Brown respiro hondo y dijo:

– Desapariciones sin resolver, homicidios, ninas, adolescentes… negras. ?Habeis tenido algo asi en el ultimo ano?

Harris no contesto de inmediato. Brown noto cierta incomodidad en su interlocutor.

– Tanny, ?de que va esto?

– Tengo…

– Tanny, dime la verdad. ?De que va?

– Luke, ya te he dicho que estoy dando palos de ciego. Tengo un mal presentimiento y estoy intentando cerciorarme.

– Pues has dado en el clavo, hermano.

Brown sintio un escalofrio.

– Cuenta -pidio.

Advirtio que el vozarron flojeaba, languidecia, como si ahora las palabras fueran mas pesadas.

– Una joven descarriada -dijo Harris despacio-. Se llamaba Alexandra Jones. Trece anos, aunque en parte parecia tener ocho y en parte dieciocho, ya me entiendes. Era una chica muy carinosa, mi mujer y yo la teniamos a veces de canguro, pero de repente un dia me la encuentro fumando a la puerta de un autoservicio, haciendose la chica mayor, la tia dura.

– Cualquiera diria que hablas de una de mis hijas -dijo Brown impulsivamente.

– No, tus hijas no son unas desarraigadas y esta si lo era. No tenia las ideas claras y empezo a ir por el mal camino. Pensaba que esta ciudad se le quedaba pequena. La primera vez que se escapo de casa su padre salio en su busca y la encontro a unos cinco kilometros con una maleta. Su padre es uno de mis hombres, asi que todos estabamos al corriente de todo. La segunda vez que se escapo la encontramos cerca de Lauderdale, en Alligator Alley, haciendo autoestop. La encontro un coche patrulla y la trajo de vuelta a casa. Hace tres meses se escapo por tercera vez. Su padre y su madre peinaron todas las carreteras posibles, creian que esta vez iria hacia el Norte, hacia Georgia, donde tienen familia y la chica tiene una prima con la que se lleva muy bien. Expedimos una orden de busqueda, di parte a los departamentos de todo el estado, colgamos carteles y todo eso. Pero jamas aparecio en Georgia, ni en Lauderdale, Miami, Orlando o cualquier otro lugar, sino en la cienaga de Big Cypress, donde la encontraron unos cazadores hace tres semanas. Bueno, lo que quedaba de ella, unos pocos huesos. El sol, los animales y los pajaros los habian dejado bien pulidos. No fue nada agradable. Tuvieron que identificarla a partir del historial dental. ?Causa de la muerte? Multiples heridas por arma blanca, opina el forense, pero solo porque algunos huesos presentan muescas y cortes. Ni siquiera eso es concluyente. No se encontro su ropa. Quienquiera que lo hiciese escondio la ropa en algun lugar. Quiero decir que lo que le paso ya no es ningun misterio, ?entiendes? Ahora bien, saber quien lo hizo ya es otra historia. -Brown no dijo nada. Oyo como Harris tomaba aliento-. Este caso no lo cerraremos nunca, no senor. ?Sabes a cuantas personas hemos entrevistado, Tanny? A mas de trescientas. Y solo yo y mi jefe de detectives, Henry Lincoln, ya lo conoces. Nos han ayudado un par de tipos de homicidios del condado. De todos modos no sirve de nada, ni los testigos, porque nadie la vio subir a ningun coche, ni los forenses, porque apenas quedan restos de ella. Tampoco hay sospechosos, aunque hemos visto algunas fichas y hemos arrestado a los sospechosos habituales. Nada de nada. Al final opta uno por ayudar a los padres a intentar hacerse a la idea y, en mi caso, frecuentar la iglesia mas a menudo, por ver si con un par de oraciones puedo cambiar algo. ?Sabes que le pido a Dios, Tanny?

– No -contesto con voz ronca.

– No le pido atrapar a ese cabron. No, creo que ni siquiera el Todopoderoso seria capaz de resolver este caso. Lo unico que le pido es que quienquiera que lo hiciese se dirija a otro lugar, a otra ciudad, a un lugar donde pueda haber testigos y donde dispongan de equipos forenses modernos y todas esas cosas tan sofisticadas, y que el tipo cometa un error y le pillen. Eso le pido. -El capitan de policia se quedo en silencio, como pensativo-. Porque esa chica debio sufrir lo indecible. Dolor y miedo, Tanny. Dolor, miedo y un terror inimaginable, y parece que a nadie le importa. -Hizo otra pausa-. Y ahora me sales tu con esa pregunta y yo quiero saber a santo de que.

Otro silencio.

– ?Te acuerdas del tipo que salio del corredor? -pregunto Brown.

– Claro. Robert Earl Ferguson.

– ?Ha estado alguna vez en Eatonville?

Lucious Harris no reacciono. Brown lo oyo inspirar al otro extremo de la linea antes de contestar.

– Creia que era inocente. Eso dicen en la prensa y la tele.

– ?Ha estado en Eatonville? ?Mas o menos cuando la desaparicion de la chica?

– Si, estuvo aqui -contesto Harris.

Brown no pudo reprimir una mezcla de grunido y gemido, con las mandibulas fuertemente apretadas.

– Pero hace tiempo. Tres o cuatro meses antes de la desaparicion de Alexandra. Vino a dar una charla en una iglesia. Por Dios, pero si hasta yo fui a verlo. Fue interesante. Dijo que Jesucristo esta con nosotros y que aunque el mundo parezca oscurecerse El nos iluminara.

– ?Dijo algo…?

– Se quedo un par de dias. Un sabado y un domingo, creo, luego se marcho. A una escuela, me dijeron. No creo que estuviera por aqui cuando desaparecio Alexandra Jones. Comprobare si estuvo en algun hotel o motel, no lo se. Podria haber vuelto, claro, pero ?que te hace pensar…?

Brown se apoyo sobre la mesa, sintiendo una palpitacion en las sienes.

– Compruebalo por mi, Luke. Confirma que no estaba en la zona cuando desaparecio la chica.

– Lo intentare. Pero me temo que no servira de mucho. ?Me estas diciendo que no es inocente?

– Yo no digo nada. Tu compruebalo, ?de acuerdo?

– De acuerdo, Tanny. Lo hare. Quiza luego podamos tener una conversacion distendida, porque no me gusta tu tono de voz, hermano.

– A mi tampoco -contesto Brown, y colgo.

Se acordo de Pachoula en los momentos siguientes a la desaparicion de Joanie Shriver. Podia oir las sirenas, ver los grupos que se formaban en las esquinas para partir en su busca. Los primeros equipos de television

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