culpa del hedor.

Tras otra media docena de paladas murmuro:

– Debio esconderlo hace un par de anos, porque ?cuanta mierda es capaz de producir esta senora al cabo del ano? -Y rio sin ganas.

– ?Ahi! -exclamo Cowart.

– ?Donde? -pregunto Wilcox.

– ?Justo ahi! -dijo Brown senalando con el dedo-. ?Que es eso?

La pala habia dejado al descubierto el borde de un objeto solido.

Wilcox hizo una mueca y se agacho con cuidado para tirar de el. Al extraerlo sono como una ventosa. Era un objeto rectangular hecho de algun material sintetico y resistente.

Brown se puso en cuclillas para verlo, lo cogio por las esquinas y lo levanto.

– ?Sabes que es esto, Bruce?

– Claro -asintio el detective.

– ?Que es?-pregunto Cowart.

– Un retazo de alfombrilla de coche. ?Te acuerdas del coche de Ferguson, de que faltaba un trozo de alfombrilla en el asiento del pasajero? Pues aqui esta.

– ?Ves algo mas?-pregunto Brown.

Wilcox se giro y hurgo con la pala en el mismo lugar.

– No -contesto-. Espera… Vaya, vaya, ?que tenemos aqui?

Extrajo de la inmundicia lo que parecia un amasijo de residuos solidos y se lo alargo a Brown.

– Aqui esta.

El teniente se volvio hacia Cowart.

– Mire -dijo.

Cowart observo fijamente y por fin entendio.

Era un fardo formado por unos vaqueros, una camiseta, unas zapatillas y unos calcetines atados con un cordon. Tanto tiempo bajo los desechos y la cal habia reducido las prendas a andrajos, pero todavia eran reconocibles.

– Que me aspen si en alguna parte no quedan restos de sangre -dijo Wilcox.

– ?No hay nada mas? -pregunto Brown.

El detective hurgo un poco mas con la pala.

– Diria que no.

– Entonces sal de ahi.

– Sera un placer.

Los tres hombres volvieron al patio sin mediar palabra. Dispusieron los objetos cuidadosamente a la luz del sol.

– ?Podran analizarse? -pregunto Cowart transcurridos unos instantes.

Brown se encogio de hombros.

– Diria que si. -Estudiaba los objetos minuciosamente-. Pero no creo que sea necesario.

– Cierto -admitio Cowart.

Wilcox trataba de limpiarse lo mejor posible. De pronto se detuvo y dijo a su companero:

– Tanny… Lo siento, tio. Tendria que haber sido mas meticuloso. Debi habermelo imaginado.

Brown sacudio la cabeza.

– Ahora sabes mas de lo que sabias entonces. No pasa nada. Y yo deberia haber repasado el informe del registro. -Seguia inspeccionando los objetos-. Maldita sea -dijo por fin y miro a Cowart-. Pero ahora ya lo sabemos todo.

El periodista asintio.

Los tres hombres recogieron las prendas y el trozo de alfombrilla y miraron la cabana. La anciana estaba apostada en la desvencijada balaustrada del porche, mirandolos con aspecto abatido. Cowart se fijo en que le temblaban las manos.

– ?Eso no demuestra nada! -exclamo ella, buscando otra vez la confrontacion. Levanto un brazo y apreto el puno-. ?Las cosas viejas se tiran! ?Eso no demuestra nada!

Los hombres hicieron caso omiso de la anciana, que no obstante no dejo de gritarles; sus palabras atravesaban el patio y ascendian hacia el cielo azul palido.

– ?Eso no demuestra nada! ?Es que no me oyes? ?Maldita sea tu estampa, Tanny Brown! ?Eso no demuestra nada!

20

TRAMPAS

El teniente Brown condujo el coche sin rumbo definido por las calles donde se habia criado. Cowart iba a su lado, esperando a que dijera alguna cosa. A Wilcox lo habian dejado en el laboratorio criminalistico con los objetos encontrados en la letrina. El periodista habia dado por sentado que no tardarian en regresar a las dependencias policiales para planear el paso siguiente, pero en cambio se encontro circulando lentamente por las calles de la ciudad.

– ?Y bien? -pregunto por fin-. ?Ahora que?

– Ya lo ve -dijo Brown-, no es gran cosa como ciudad. Siempre ha estado a la sombra de Pensacola y Mobile. Pero yo no conocia ni deseaba otra cosa. Incluso cuando hice el servicio militar o cuando me traslade a estudiar a Tallahassee, sabia que lo que queria era volver aqui. ?Y usted, Cowart? ?Cual es su hogar?

Cowart penso en la pequena casa de ladrillo en que se habia criado. Quedaba algo alejada de la calle y en el patio delantero habia un gran roble. En el porche habia un columpio medio resquebrajado que nunca utilizaban y que se habia oxidado con el paso de los anos. Sin embargo, casi de inmediato la imagen de la casa se difumino y ante el aparecio el periodico de su padre, veinte anos atras, visto a traves de sus ojos infantiles, antes de la existencia de los ordenadores y la maquetacion electronica. Era como si su conocimiento del mundo hubiera pasado por el tamiz de aquellas desvencijadas mesas de acero gris, la tenue luz de los fluorescentes, la cacofonia de los telefonos sonando continuamente, las tumultuosas voces de la sala de reuniones, el pitido de los tubos de vapor que unian la redaccion con la sala de tipografos, el repiqueteo de los dedos en aquellas antiguas maquinas de escribir que plasmaban el resumen de los acontecimientos del dia. Habia crecido sin desear otra cosa que marcharse, pero interpretando esa partida como un regreso a lo mismo, aunque en grande y mejor. Por fin, Miami. Uno de los mejores periodicos del pais. Una vida definida en palabras. «Tal vez una muerte definida en palabras tambien», penso.

– No tengo hogar -contesto-, solo mi trabajo.

– ?No son lo mismo?

– Supongo. Cuesta distinguir.

El teniente asintio.

– ?Y ahora que vamos a hacer? -pregunto de nuevo Cowart.

Brown no tenia una respuesta clara.

– Bueno -dijo-, ya sabemos quien mato en verdad a Joanie Shriver. -Y penso: «Lo sabia, siempre lo supe.» Sin embargo, tampoco pudo dejar de pensar que ahora las cosas habian cambiado.

– Es intocable, ?verdad? -pregunto Cowart.

– Por los tribunales no lograremos nada. Confesion bajo tortura, registro ilegal. Por ahi, nada.

– Y yo tampoco puedo tocarlo -anadio Cowart con amargura.

– ?Por que? ?Que pasaria si escribiera un articulo?

– No quiera saberlo.

De improviso, Brown acerco el coche a la acera y freno. Se volvio hacia el periodista.

– ?Que pasaria? -repitio la pregunta con aspereza-. ?Digamelo, joder! ?Que pasaria?

Cowart meneo la cabeza.

Вы читаете Juicio Final
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату