Saco el revolver de su funda pero no pudo empunarlo con la mano herida, precisamente la derecha; era como coger una brasa ardiendo de una hoguera. Cerro los ojos con fuerza un instante y cambio suavemente el arma a la otra mano. Los abrio de nuevo y contemplo el arma. «?Eres capaz de disparar con la izquierda? -se pregunto-. De cerca, tal vez. Si tengo que hacerlo lo hare.» Se interpelo a si mismo como si fuera otra persona: «?Estas seguro? Imagina que va armado. Vale, de acuerdo, tu atrapa a ese capullo y despues te curaran. Metele miedo. Hazle saber que tiene un gran problema y que ese problema eres tu.»

Repaso los ruidos, que definio, clasifico y analizo. Asigno una etiqueta a cada uno, atribuyendole un origen, para saber asi que no tenia nada que temer: el agua goteando provenia de un canalon que se filtraba por el tejado; el rumor sordo era el trafico, a varias manzanas de distancia; el ruido aspero era su propia respiracion. Al fondo del edificio oyo crujir el suelo de madera. «Ahi esta -penso-. Cerca. Dentro y cerca.»

Aspiro hondo y entro con cautela en el edificio abandonado.

Al principio tuvo la sensacion de haber quedado envuelto en una manta. La luz tenue del callejon desaparecio. Se maldijo por no llevar encima una linterna. En aquel momento deseo ser fumador, porque en ese caso tendria cerillas o mechero. Intento recordar si Ferguson fumaba y le parecio que si. Se agacho, aguzando el oido para localizar a su presa, esperando a que la vista se le acostumbrara a la oscuridad. No veria mucho, pero si lo suficiente.

Avanzo sigilosamente. Habia unas escaleras de subida a la izquierda y unas de bajada a la derecha. «Un viejo edificio de apartamentos en el que ya nadie quiere vivir.» Dio un paso y el suelo desvencijado crujio. Lo asalto una nueva preocupacion: podria haber un agujero, o las escaleras derrumbarse. Empleo la mano del arma para conservar el equilibrio, manteniendola perpendicular al cuerpo, sin apartarse de la pared, apretando todo el tiempo la mano herida contra su pecho.

Fue hacia la derecha, escaleras abajo, porque lo asalto un pensamiento: «Ferguson es una rata, una alimana de tierra. Estara ahi abajo, en lo mas hondo. Solo ahi se siente seguro.»

Se detuvo para escuchar de nuevo.

Nada.

Continuo lentamente, palpando el suelo con los pies a cada paso. Lo crispaba el ruido que el mismo producia. Su propia respiracion parecia aranar la oscuridad como unas contra una pizarra. Cada pisada resonaba. Su progresivo avance hacia el interior del edificio parecia anunciarse con crujidos.

Contuvo el impulso de dar voces, prefirio esperar a estar suficientemente cerca para ordenarle a Ferguson que se entregara. Los escalones parecian resistir su peso, pero no se fiaba. A cada paso apoyaba tentativamente un pie, como un banista indeciso internandose en el mar. Conto cada escalon; al alcanzar los veintidos llego al subsuelo. Lo recibio una sensacion de humedad pegajosa, mas fria que el aire. Noto un suelo de cemento y penso: «Bien. Esto sera mas silencioso.» Al siguiente paso metio el pie en un charco de agua que le anego el zapato. «?Mierda!»

Se agacho y escucho de nuevo. No estaba seguro de si la respiracion que oia era la suya o la de Ferguson. «Esta cerca», se dijo. Cogio aire y contuvo la respiracion para localizar el sonido. «Cerca. Muy cerca.»

Volvio a coger aire y percibio un olor denso y nauseabundo que lo sobrecogio. El olor le resultaba familiar, pero no logro ubicarlo inmediatamente. Se le erizo el vello de la nuca y penso: «Aqui hay algo muerto.» Miro alrededor tratando de distinguir alguna cosa, pero la oscuridad era absoluta.

El miedo y la exaltacion lo estremecieron. Se incorporo y dio tres cortos pasos, manteniendo aun el contacto con la pared con la mano del arma. Estaba humeda y suave al tacto. Penso en ratas y aranas y en Ferguson.

No pudo contenerse mas.

– Ferguson, chico, sal de ahi. Quedas arrestado. Ya sabes quien soy. Levanta las putas manos y sal de ahi. - Las palabras resonaron brevemente y luego se extinguieron.

No hubo respuesta.

– Maldita sea, Bobby Earl. Venga, acaba ya con esta mierda. Todo este lio no vale la pena. -Dio otro paso-. Se que estas aqui, Bobby Earl. Maldita sea, no me lo pongas tan dificil.

De pronto una duda lo asalto. «?Acaso no estas aqui, hijoputa?» Los musculos se le agarrotaron por la tension, el miedo y la rabia.

– Bobby Earl, ?te voy a sacar los putos ojos de un tiro como no salgas de ahi ahora mismo!

Oyo un chirrido a su derecha. Intento volverse rapidamente en esa direccion, apuntando hacia el ruido. Su mente no lograba procesar que estaba ocurriendo, solo acertaba a entender que aquello estaba oscuro como boca de lobo, y que no estaba solo.

Durante una fraccion de segundo fue consciente de que una figura se abalanzaba sobre el, consciente de que alguien habia emergido de la oscuridad y lo atacaba. Wilcox trato de retroceder y levantar su mano herida para parar el golpe. Disparo una vez presa del panico, sin apuntar a nada excepto al miedo; la detonacion ilumino el recinto por un instante. Entonces un trozo de tuberia le golpeo el hombro y la oreja. De pronto, Bruce Wilcox vio una cegadora luz blanca y a continuacion se despeno a un abismo de negrura. Sacudio la cabeza, sabiendo que no era momento para quedarse inconsciente. Sintio el cemento humedo bajo su mejilla y comprendio que habia caido al suelo.

Alzo la mano para desviar el segundo golpe, que llego tras un silbido similar cuando la tuberia de plomo corto el frio aire del sotano. Dio contra su brazo, ya roto, lo que hizo que unas rojas vetas de dolor atravesaran la oscuridad de sus ojos.

No sabia ni donde ni como habia perdido su revolver, pero ya no lo tenia. Extendio el brazo izquierdo para buscarlo y sus dedos encontraron algo. Se arrastro, oyo un rasgon, luego noto que un cuerpo se abalanzaba sobre el suyo.

Los dos hombres se enzarzaron en una pelea a ciegas, sus alientos mezclandose. Wilcox intentaba encontrar su cuello, sus genitales, sus ojos, algun punto debil donde cebarse. Rodaron por el suelo lleno de charcos y chocaron contra una pared. Ninguno de los dos hablaba, salvo gemidos y grunidos.

Pelearon en la negra oscuridad, unidos por el dolor.

Wilcox alcanzo por fin el cuello de su atacante y apreto con todas sus fuerzas, tratando de estrangularlo. Su inutil mano derecha ascendio y se sumo a la izquierda, completando un circulo mortal. Wilcox gimio por el esfuerzo. «Ya te tengo, cabron», penso.

Luego el dolor se le clavo en el estomago.

No sabia que lo estaba matando ni quien lo estaba matando; solo que algo le habia rajado el estomago y ascendia hacia el corazon. Sintio un arrebato de panico previo a la agonia; sus manos se desprendieron del cuello del asesino, desplomandose sobre su cintura, donde asieron el mango del cuchillo que tenia clavado. Un debil gemido escapo de sus labios y se derrumbo sobre el suelo mojado.

El no lo supo, ya no podia saber nada, pero transcurrieron casi noventa segundos antes de que exhalara el ultimo aliento y muriera.

24

LA CAJA DE PANDORA

Su soledad era absoluta.

Andrea Shaeffer escudrinaba las calles desiertas, sus ojos escrutaban la penumbra y la neblina en busca de algun rastro de su companero. Desanduvo el camino por decima vez, o eso le parecio, tratando de razonar con logica ante aquella desaparicion, pero cada paso la sumia un poco mas en la desesperacion. Se negaba a pensar en lo peor y desahogaba su impotencia profiriendo improperios, como si no encontrar a Wilcox solo fuera un molesto inconveniente, en lugar de un autentico desastre.

Se detuvo y se apoyo contra una farola para tratar de calmarse.

Habria recibido con los brazos abiertos a un coche patrulla de Newark, pero no aparecio ninguno. Las calles continuaban desiertas. «Pero ?que esta pasando aqui? -penso-. No es tarde, aun no es de noche. ?Donde se ha metido todo el mundo?» La llovizna la iba empapando cada vez mas. Cuando al fin vislumbro a una mujer que hacia la calle en una esquina, casi se sintio agradecida de ver a otro ser humano. La prostituta estaba encogida contra una fachada, tratando de protegerse de la inclemencia y con escasas esperanzas de conseguir otro cliente

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