«'?Es usted un asesino, Cowart?' Puedo serlo.»
Alargo la mano hacia el telefono para llamar a Will Martin, cuando de repente alguien dio un golpazo en la puerta. Penso que seria el teniente Brown.
Se levanto con la cabeza desbordada con la idea del articulo que pensaba escribir, abrio la puerta y se encontro con Andrea Shaeffer.
– ?Esta aqui? -pregunto la detective.
Tenia el pelo mojado y alborotado. La lluvia habia trazado rayas oscuras en su abrigo de cuero. Miro con ansiedad mas alla de Cowart, escrutando la habitacion. Antes de que el pudiera abrir la boca, ella hablo de nuevo.
– ?Esta aqui Wilcox o no? Nos hemos separado.
El nego con la cabeza, pero ella lo aparto para echar un buen vistazo a la habitacion. Luego se volvio y dijo:
– Pense que estaria aqui. ?Y el teniente Brown?
– Regresara en un momento. ?Ha pasado algo?
– ?No, nada! -espeto. Luego, bajando la voz-: Solo nos perdimos de vista el uno al otro. Intentabamos seguir a Ferguson. Wilcox iba a pie y yo en el coche. Pensaba que a estas alturas ya habria llamado.
– No, no ha llamado nadie. ?Lo ha dejado alli?
– ?El me dejo a mi! ?Cuando va a llegar el teniente Brown?
– Ahora mismo, supongo.
Ella entro por fin en la habitacion y se quito el abrigo mojado. Por un momento tirito.
– Estoy congelada -dijo-. Necesito un cafe. Y cambiarme.
Cowart fue al cuarto de bano, cogio una toalla y se la lanzo.
– Tenga. Sequese.
Shaeffer se froto la cabeza con la toalla, luego los ojos. Cowart vio que retenia la toalla sobre la cara mientras se secaba, escondiendose detras del algodon blanco y mullido. Cuando aparto la toalla estaba jadeando.
Cowart iba a seguir haciendole preguntas cuando volvieron a llamar a la puerta.
– Seguro que es Wilcox -dijo ella.
Era el teniente. Traia un par de bolsas de papel marron que entrego a Cowart nada mas entrar.
– Solo tenian hamburguesas -dijo, y miro a la detective, que se habia quedado en medio de la habitacion rigida como una escoba-. ?Donde esta Bruce?
– Nos vimos obligados a separarnos.
Brown enarco las cejas con expresion de sorpresa y sintio que una punzada de miedo le cruzaba el estomago. Se recompuso para centrarse en el problema y avanzo despacio hacia el centro de la habitacion, como si ralentizando sus pasos pudiera frenar el mal presentimiento que lo embargo.
– ?Se separaron? ?Donde? ?Como?
Shaeffer levanto la mirada, nerviosa.
– Wilcox vio a Ferguson salir de su apartamento y comenzo a seguirlo a pie. Yo intente adelantarme a ellos con el coche. Iban muy deprisa y segui la calle equivocada. El caso es que nos separamos. Lo busque en un radio de cinco o seis manzanas y luego volvi al apartamento de Ferguson. No aparecia por ningun sitio. Supuse que Wilcox habria vuelto aqui o habria parado a algun coche patrulla. O a un taxi.
– A ver si me aclaro. Wilcox siguio a Ferguson…
– Iban muy deprisa.
– ?Ferguson lo habia visto?
– Creo que no.
– Pero ?por que iba Wilcox…?
– No lo se -respondio Shaeffer entre desesperada y enfadada-. Vio a Ferguson y se apeo del coche hecho un energumeno. Era como si ansiara enfrentarse a el. No se que pensaba hacer despues.
– ?Y usted oyo o vio algo?
– No. Ocurrio de un momento para el otro. Iban delante de mi, unos cincuenta metros, y de repente desaparecieron sin dejar rastro.
– ?Que hizo usted?
– Baje del coche, recorri las calles, pregunte a los transeuntes…
– Ya. Y, ?que cree usted que paso?
Shaeffer miro al corpulento detective y se encogio de hombros.
– No lo se. Crei que habria vuelto aqui. O que al menos habria llamado.
Brown volvio la mirada hacia Cowart.
– ?Algun mensaje en el telefono?
– No.
– ?Ha probado a llamar a la comisaria de ese puto distrito?
– No -contesto Shaeffer-. Acabo de llegar.
– Esta bien -dijo Brown-. Hagamos eso, al menos. Utilice el telefono de su habitacion por si entretanto el intentara llamar aqui.
– Necesito cambiarme. Deme solo…
– Haga esas llamadas ahora -le ordeno Brown friamente.
Ella asintio con la cabeza. Saco la llave de su habitacion de un bolsillo, hizo un gesto e iba a decirle algo al teniente, pero se lo penso mejor y se fue.
Los dos hombres la observaron marchar.
– ?Que piensa? -pregunto Cowart.
Brown se volvio y le espeto:
– No pienso nada. Y usted tampoco piense nada.
Cowart fue a responder, pero se limito a hacer un gesto con la cabeza. Ambos se sentaron a comer las hamburguesas ya frias, esperando en tenso silencio a que sonara el telefono.
Habia pasado casi media hora cuando Shaeffer regreso.
– He hablado con las comisarias doce, diecisiete y veinte -explico-. Ni rastro de Wilcox. Al menos, el no los ha llamado. Me han dicho que tampoco han recibido ninguna llamada anormal. Uno tenia a una patrulla implicada en un tiroteo, pero era un asunto de bandas. Todos me han dicho que con este tiempo el ambiente esta bastante tranquilo. Tambien he llamado a un par de centros de urgencias, solo por si acaso. Y a la central de bomberos y rescate. Nada.
Brown arrugo la frente.
– Esto es una perdida de tiempo -dijo de pronto-. Venga, vamos a buscarlo. Ahora mismo.
Cowart consulto su libreta de notas.
– Mire, Ferguson tiene una clase a ultima hora. Tecnicas forenses. De ocho a diez y media. Tal vez Wilcox lo siguio hasta el campus.
Brown asintio y luego meneo la cabeza.
– Es posible. Pero no podemos esperar.
– ?Que conseguiremos si salimos corriendo ahora? A lo mejor el viene hacia aqui.
– Y a lo mejor no.
– Bueno, es su companero. ?Que cree usted que hara?
Shaeffer resoplo. «Tiene que ser eso -penso-. Seguro que siguio a ese capullo en algun autobus y luego en el tren y no ha tenido posibilidad de llamar. Y ahora lo esta siguiendo de vuelta a casa y no volvera hasta la medianoche.» Sintio una pequena rafaga de alivio, calida y reconfortante, que la alejo de la gelida desesperacion que la embargaba desde que perdiera de vista a Wilcox. De pronto fue consciente de las luces de la habitacion, de los muebles y los adornos de plastico, de la cotidiana familiaridad del entorno. Se sintio como de regreso a la superficie desde las profundidades de un pozo oscuro y profundo.
La aspera voz del teniente deshizo su ensonacion.
– Iremos ahora mismo. -Senalo a Shaeffer-. Quiero que usted me ensene donde sucedio todo. Vamos.
Cowart cogio su abrigo, y los tres volvieron a adentrarse en la noche.
