arriba. Luego lo vi irse sin mirar atras. -La mujer retrocedio-. Ahora a ver si dejan dormir a la gente en paz.

– Un momento -dijo Brown-. Queremos entrar. -Senalo el apartamento.

– No puedo hacer eso -repuso la mujer.

– Queremos entrar -repitio Brown.

– ?Tiene una orden? -pregunto ella con astucia.

– No necesito una maldita orden -respondio el. Miro a la mujer con los ojos encendidos.

Ella vacilo.

– No quiero meterme en lios -dijo.

– Como no traiga la llave y abra esa puerta, va a saber lo que es meterse en un buen lio -respondio Brown.

La mujer titubeo otra vez, pero se volvio y asintio.

Su marido, que hasta entonces no se habia dejado ver, aparecio con unas llaves tintineantes. Llevaba la camisa de un viejo pijama y unos viejos pantalones caqui. Sus piernas fibrosas subieron rapidamente las escaleras.

– No deberia hacer esto -dijo mirando a Brown, pero se abrio paso entre ellos hasta la puerta-. No deberia hacer esto -repitio. Comenzo a probar llaves. Lo intento con tres antes de que la puerta se abriera-. Deberia ensenarme una orden -dijo entonces.

Brown lo aparto con el brazo, ignorando sus palabras. Encendio la luz y entro cubriendose con la pistola. Comprobo el cuarto de bano y el dormitorio para cerciorarse de que no habia nadie.

– Vacio -dijo.

Su constatacion agudizo la sensacion que lo desgarraba. Vacio y frio como una tumba. Recorrio con la mirada el apartamento, sabiendo perfectamente que sucedia pero negandose a admitir que Ferguson volvia a las andadas. Fue hasta la mesa donde alguna vez se habia sentado Ferguson. «El estudiante modelo», penso. Diversos papeles habian quedado esparcidos por el suelo. Los empujo con el pie y al levantar la vista vio a Cowart examinando la habitacion.

– Se ha ido -dijo este con tono de asombro.

El periodista esperaba que Ferguson estuviera alli, burlandose de todos ellos, pensando que estaba a salvo para siempre. «Ahora ya no hay tiempo», se dijo. Sintio que el articulo que proyectaba escribir se le escurria entre los dedos. «No hay tiempo. Ferguson esta ahi fuera y nada lo detendra.» Por su mente comenzaron a pasar escenas atroces. No sabia cuales eran las intenciones de Ferguson, ni si su hija corria algun peligro. O alguna otra nina. Nadie estaba a salvo. Miro al teniente y se dio cuenta de que estaba pensando exactamente lo mismo.

La noche se encaminaba hacia el alba, pero no prometia dar tregua a la oscuridad que los envolvia.

25

TIEMPO PERDIDO

Perdieron horas con el cansancio y la burocracia.

Brown se sentia atrapado entre los tramites y el miedo. Tras comprobar que el apartamento de Ferguson estaba vacio, se habia visto forzado a informar a la policia local de la desaparicion de Wilcox, pero sentia que cada segundo que pasaba lo distanciaba de su presa. Shaeffer y el habian pasado el resto de la noche con dos agentes de la policia de Newark, ninguno de los cuales acababa de entender por que dos detectives de diferentes partes de Florida querian interrogar a un hombre que entonces no era sospechoso de ningun delito. La pareja de agentes escucho el relato de Shaeffer sobre lo sucedido y ambos se mostraron sorprendidos ante la forma en que Wilcox se habia adentrado en la oscuridad tras Ferguson. Con su reaccion, dieron a entender que, en su opinion, fuera lo que fuese lo que le habia ocurrido a Wilcox, se lo merecia; no les parecia logico que un policia, fuera de su jurisdiccion, lejos de todo territorio conocido e impulsado por la rabia, se lanzara en persecucion de un hombre por un barrio que, segun ellos, no pertenecia ni siquiera a Estados Unidos, sino a alguna nacion extranjera con sus propias normas, leyes y codigos de conducta. A Brown le indigno aquella actitud y los tacho de racistas, a pesar de que la logica les diera la razon. Shaeffer se quedo estupefacta ante semejante crudeza y se prometio que, por terribles que pudieran ponerse las cosas para ella como mujer policia, jamas iba a justificarse utilizando los argumentos que acababa de escuchar.

Luego dedicaron tiempo a ensenarles el lugar donde se habia visto por ultima vez a Wilcox y mostrandoles la ruta que habian seguido en su busqueda. Habian pasado por el apartamento de Ferguson, pero seguia sin haber rastro de el. Los agentes locales, sin embargo, creian que no habia abandonado la ciudad.

Poco antes de amanecer, le dijeron a Brown que emitirian una orden de busqueda y destinarian una patrulla a recorrer las calles preguntando por Wilcox. Pero insistieron en que Brown debia telefonear a su propia comisaria, como si pensaran que Wilcox acabaria apareciendo en el condado de Escambia.

Cowart paso la noche en su habitacion del motel esperando a los dos detectives. No sabia cuanta importancia concederle a la amenaza de Ferguson, pero sentia que su situacion empeoraba minuto a minuto y que su unica arma, aquel articulo, se tornaba una posibilidad cada vez mas lejana. Ningun articulo causaria un gran impacto si no lograba localizar a Ferguson. Este tenia que quedar atrapado por el articulo, tenia que verse inmediatamente rodeado de preguntas, enredado en la marana de sus propios desmentidos. Era la unica forma que Cowart tenia de conseguir un poco de tiempo para protegerse. Si Ferguson podia campar a sus anchas la amenaza seria constante, invisible. Pero antes de publicar una sola palabra en el periodico, Cowart tenia que volver a encontrar a Ferguson.

Miro su reloj de pulsera y, al observar como el segundero recorria cada minuto, se acordo del reloj del corredor de la muerte.

No podia postergarlo mas. Ignorando el terrible sobresalto que supone recibir una llamada en mitad de la noche, cogio el telefono y marco el numero de su ex mujer.

Sono dos veces antes de oir al nuevo marido de su mujer responder con un grunido.

– ?Tom? Soy Matt. Siento molestaros, pero tengo un problema y…

– ?Matt? Dios mio. ?Sabes que hora es? Tengo que ir al juzgado por la manana. ?Que demonios pasa?

Luego oyo la voz de su mujer, a tientas en la oscuridad. No pudo oir lo que decia pero oyo la explicacion de su nuevo marido.

– Es tu ex. Una emergencia, supongo.

Hubo una pausa, luego oyo las dos voces al telefono.

– Bien, ?Matty? ?Que demonios pasa?

El abogado empleaba ya un tono irritado, y antes de que Cowart pudiera explicarse anadio:

– Maldita sea, ahora se ha despertado el bebe. Joder.

Cowart lamento no haber preparado el discurso.

– Creo que Becky corre peligro -dijo.

En el auricular hubo un silencio, y luego dijo su ex mujer:

– ?Peligro de que? Matty, ?de que estas hablando?

– Del hombre acerca del que escribi. El del corredor de la muerte. Ha amenazado a Becky. Sabe donde vivis.

Hubo otra pausa antes de que Tom dijera:

– Pero ?por que? Tu escribiste que el no mato a nadie…

– Puede que me equivocara.

– Pero ?por que Becky?

– No quiere que yo vuelva a escribir un articulo.

– A ver, Matt, ?que es lo que dijo ese hombre exactamente? Intentemos aclararnos. ?Que clase de amenaza?

– No lo se. Mira, no es eso, no se, es todo… -Se dio cuenta de que estaba diciendo cosas sin sentido.

– Matt, joder. Llamas en plena noche y…

El abogado fue interrumpido por su mujer.

– Matty, ?va en serio? ?Es verdad?

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