la noche anterior en una estacion de servicio. Apuro el paso hacia el coche, absorto en lo que le habian dicho los dos hombres del corredor de la muerte y confiando en que se estaba acercando a la clave del rompecabezas que habia dibujado en su mente. No vio al detective hasta que lo tuvo casi encima.
Tanny Brown estaba apoyado en el coche del periodista; se protegia del sol con la mano y observaba como Cowart se aproximaba.
– ?Va a alguna parte? -pregunto.
Cowart se paro en seco.
– Tiene usted buenas fuentes. Llegue anoche.
El teniente asintio.
– Lo tomare como un cumplido. No pasan demasiadas cosas en un lugar como Pachoula.
– ?Esta seguro?
El detective no mordio el anzuelo.
– Quiza no deberia tomarlo como un cumplido -dijo lentamente-. ?Hasta cuando piensa quedarse?
– Esto suena como el dialogo de una pelicula de serie B.
El detective fruncio el entrecejo.
– Dejeme volver a intentarlo. Anoche me dijeron que se habia registrado en el motel. Es evidente que todavia le quedan preguntas sin respuesta, de lo contrario no estaria aqui.
– Correcto.
– ?Que clase de preguntas?
Cowart no respondio y se limito a observar como el detective cambiaba de posicion. Tuvo un extrano pensamiento: aunque era de dia, Brown sabia reducir el mundo, comprimirlo como la noche. Notaba cierto nerviosismo y una ligera vulnerabilidad.
– Pensaba que ya se habia formado una opinion respecto al senor Ferguson y a nosotros.
– Se equivoca.
El detective sonrio, meneando lentamente la cabeza para hacerle saber a Cowart que no.
– Es usted duro de pelar, ?verdad, senor Cowart? -No lo dijo con enfado o agresividad, sino ironicamente, como movido por la curiosidad.
– No se a que se refiere, teniente.
– Me refiero a que le ronda una idea y no va a contarmela, ?verdad?
– Si se refiere a que tengo serias dudas sobre la culpabilidad de Ferguson, pues si, asi es.
– ?Puedo hacerle una pregunta, senor Cowart?
– Adelante.
El detective respiro hondo y luego se inclino, hablando poco menos que en susurros.
– Usted lo ha visto. Usted ha hablado con el. Usted ha estado al lado de ese hombre y lo ha olfateado. Lo ha sentido. ?Como le declara?
– No lo se.
– No me diga que no se le ponia la carne de gallina, aunque solo fuera un poco, y que no notaba un ligero sudor bajo los brazos cuando hablaba con el senor Ferguson. ?Es eso lo que se siente al hablar con un hombre inocente?
– Me esta hablando de impresiones, no de pruebas.
– Cierto. Pero no me diga que no trabaja usted con impresiones. A ver, ?como le declara?
– No lo se.
– Claro que no.
En aquel momento, Cowart recordo los tatuajes que Sullivan llevaba en sus palidos brazos. Algun artista meticuloso habia tatuado un par de elaborados dragones orientales, uno en cada antebrazo, que parecian desrizarsele bajo la piel y ondularse con cada pequena flexion de los tendones. Los dragones eran de un rojo y un azul apagados, y estaban adornados de escamas verdes. Tenian las garras extendidas y las fauces abiertas en gesto de amenaza; asi, cuando Sullivan estiraba los brazos para agarrar algo o a alguien tambien lo hacian ambos dragones. Entonces penso en pronunciar el nombre de aquel psicopata y observar la reaccion de Brown, pero era una pista demasiado importante como para emplearla inutilmente.
– ?Alguna vez ha visto un par de viejos perros furiosos, senor Cowart? -dijo Brown-. ?Ha visto como resoplan y caminan en circulos, midiendose el uno al otro? Lo que siempre me ha sorprendido es por que esos viejos perros empiezan a pelearse. Unas veces se olfatean y luego siguen su camino, y tal vez agitan un poco la cola antes de volver a sus asuntos de perro. Pero otras, y ya sabe con que rapidez, uno de los dos grune y ensena los dientes, y de repente ambos empiezan a despedazarse como si sus malditas vidas dependieran de arrancarle al otro la garganta de cuajo. -Hizo una pausa-. Digame, ?por que a veces pasan de largo y otras se pelean?
– No lo se.
– ?Se supone que huelen algo?
– Imagino que si.
El detective apoyo la espalda contra el coche y levanto la cabeza hacia el sol.
– ?Sabe?, de pequeno pensaba que todos los blancos tenian algo especial. Era muy facil pensar asi. Lo unico que veia era que siempre tenian los mejores trabajos y los coches mas grandes y las casas mas bonitas. Durante mucho tiempo los odie. Luego me hice mayor. Tuve que ir al instituto con blancos; me aliste en el ejercito y luche junto con blancos. Cuando volvi, me licencie en una universidad de blancos. Me hice policia y fui uno de los primeros polis negros de un cuerpo integrado por blancos. Ahora el veinte por ciento somos negros y la cifra va en aumento; encarcelamos a los blancos junto con los negros. Y yo he aprendido un poco mas a cada paso. ?Sabe que he aprendido? Que el mal es daltonico. No repara en el color de la piel; si uno es malo, es malo, sea negro, blanco, verde, amarillo o rojo. -Bajo la vista-. Es asi de simple, ?no cree, senor Cowart?
– Demasiado simple.
– Sera porque soy de pueblo. Un perro viejo con olfato.
Los dos se quedaron mirandose en silencio. Brown parecia suspirar, y se paso una manaza por el pelo rapado.
– ?Sabe? Deberia estar riendome de todo esto.
– ?A que se refiere?
– Ya lo descubrira. Pero ?adonde va usted?
– En busca del tesoro.
El detective sonrio.
– ?Puedo ir con usted? Hace que parezca un juego, y seguramente disfrutaria como un nino, ?no le parece? En la policia no existe la risa espontanea, solo mucho cinismo y humor negro. ?O voy a tener que seguirle?
Cowart cayo en la cuenta de que, por mucho que lo quisiera, no podria esconderse del policia. Tomo la decision mas facil.
– Suba -dijo, indicandole el asiento del pasajero.
Los dos hombres recorrieron unos kilometros en silencio. Cowart veia la carretera pasar mientras el detective miraba fijamente el paisaje. El silencio parecia incomodo, y Cowart se removio en el asiento sin soltar el volante. Estaba acostumbrado a realizar rapidas evaluaciones sobre personalidad y caracter, pero de momento la de Tanny Brown se le resistia. Echo un vistazo al detective, que parecia absorto en sus pensamientos. Intento examinarlo como un subastador antes de dar paso a la puja. Pese a su musculatura y su tamano, el discreto traje beige le quedaba flojo en brazos y hombros, como si se lo hubiera hecho confeccionar dos tallas mas grande para reducir su fisico. Aunque empezaba a hacer calor, llevaba una corbata roja y el cuello abotonado de una camisa azul palido. Cuando Cowart echaba furtivas miradas a la carretera, vio que el detective limpiaba unas gafas de montura metalica dorada y se las ponia, lo cual le dio un aire intelectual que volvia a contradecirse con su robustez. Mas tarde, Brown saco un boligrafo y una libreta para hacer unas rapidas anotaciones con gesto propio de periodista. Una vez acabadas las anotaciones, guardo la libreta, el boligrafo y las gafas y siguio mirando por la ventanilla. Levanto ligeramente la mano, como persiguiendo una idea en el aire, y gesticulo ante el paisaje que iban dejando atras.
– Hace diez anos todo era diferente. Y hace veinte, aun lo era mas.
– ?Como era?
– ?Ve esa gasolinera? El restaurante Exxon Mini-Mart, un autoservicio con tienda de comestibles y surtidores
