Cowart se acerco al arcen y vio el borde oxidado de la tuberia gris que sobresalia de una marana de broza, roca y musgo. Estaba rodeado del inevitable surtido de desperdicios: latas de cerveza, botellas de plastico, envoltorios irreconocibles, una vieja playera de empeine blanco, y un fetido paquete de pollo frito a medio consumir. Un reguero de agua turbia salia del fondo del cilindro de metal. Cowart vacilo, luego bajo hasta la humeda y espinosa maleza. Los arbustos se le enganchaban en la ropa y noto lodo bajo los pies. El detective lo siguio sin titubear, sin importarle estropearse el traje.

– Digame -inquirio el periodista-, ?esto siempre esta asi, o…?

– No. Cuando llueve mucho toda esta zona se inunda y se convierte en un pantano de lodo e inmundicia. Tarda un par de dias en volver a secarse. Y asi una y otra vez.

Cowart se puso los guantes.

– Sujeteme la linterna -dijo.

Se arrodillo con cuidado y, con el detective manteniendo el equilibrio a su espalda y enfocando con la linterna la boca de la alcantarilla, empezo a raspar tierra compacta y roca.

– Senor Cowart, ?que esta haciendo?

El periodista no respondio, solo continuo sacando porqueria y amontonandola a su espalda.

– Tal vez si me dijera…

Cowart alcanzo a ver algo en el haz de luz. Escarbo con mas impetu. El detective se percato de que habia descubierto algo e intento echar un vistazo desde arriba. Cowart aparto las hojas mojadas y el barro con las manos, distinguio un mango y lo agarro. Tiro con fuerza. Por un instante ofrecio resistencia, como si la tierra no se fuera a rendir sin luchar; luego cedio. Cowart se puso en pie bruscamente, volviendose hacia Brown para ensenarle lo que habia cogido.

– Un cuchillo -dijo lentamente.

El detective se quedo mirando el arma, perplejo.

– Un arma homicida, supongo.

La hoja de diez centimetros y el mango tenian una costra de tierra y oxido. Estaba ennegrecido por el tiempo y los elementos, y por un momento Cowart temio que el arma se desintegrase en sus manos.

Brown miro con dureza al periodista, saco un panuelo del bolsillo y cogio el cuchillo por la punta, envolviendolo con cuidado.

– Yo lo cojo -dijo, y lo metio en el bolsillo de la chaqueta-. No ha quedado gran cosa -anadio-. Lo llevaremos al laboratorio, pero yo no me haria demasiadas ilusiones. -Contemplo fijamente la alcantarilla, y luego el cielo-. Retroceda -murmuro-. No toque nada mas. Puede que haya algo de valor forense. -Clavo una larga y fria mirada en Cowart-. Si este lugar guarda relacion con un crimen, quiero que este intacto.

– Ya sabe con que guarda relacion.

Brown retrocedio sacudiendo la cabeza.

– Hijo de puta -dijo en voz baja, y gateo por la pendiente de regreso al coche. Se quedo plantado un instante en la carretera, con el puno apretado y expresion cenuda. De repente y con una celeridad que pulverizo la quietud de la manana, dio una patada a la puerta abierta del coche. El ruido retumbo entre el calor y la luz del sol, para desvanecerse poco a poco como un lejano disparo.

Cowart estaba sentado a solas en el despacho del policia, esperando. Desde la ventana contemplaba como la noche iba cubriendo la ciudad, una ola de penumbra que parecia afanarse por salir de los rincones oscuros y de debajo de los arboles umbrios para apoderarse de la atmosfera. Oscurecio con una rapidez invernal; nada que ver con el lento amanecer de los dias estivales.

Aquel dia lo habia pasado con los nervios a flor de piel. Habia visto como un grupo de analistas peinaban cuidadosamente la alcantarilla en busca de mas pruebas. Habia visto como etiquetaban e introducian en unas bolsas escombros, muestras de tierra y parte de la irreconocible basura. Sabia que no encontrarian nada, pero presencio la busqueda con paciencia.

A ultima hora de la tarde, el teniente y el habian vuelto en coche a la jefatura, y alli el detective lo habia dejado en su despacho, a la espera de los resultados del examen del laboratorio con relacion al cuchillo. Los dos hombres habian compartido poco mas que silencio.

En el despacho, Cowart contemplo una fotografia enmarcada del detective y su familia, que posaban a la entrada de una iglesia enjalbegada. Una esposa y dos hijas, una de ellas toda trenzas y aparato de ortodoncia con un gesto de aburrimiento que traspasaba incluso su ropa de domingo; la otra, una adolescente descarada de piel suave y figura aprisionada en el blanco almidonado de su blusa. El detective y su esposa sonreian con calma a la camara, procurando aparentar naturalidad.

De repente, Cowart sintio una punzada de remordimiento. Despues de lo del divorcio, el se habia deshecho de todas las fotografias en las que posaba con su esposa y su hija. Ahora se pregunto por que.

Recorrio con la mirada los demas adornos que colgaban de la pared. Una serie de placas lo reconocian como ganador del concurso anual de tiro del condado, una mencion enmarcada del ayuntamiento daba fe de su valentia en una delicada mision, una medalla enmarcada, una Estrella de Bronce junto con otra mencion y una fotografia de un Tanny Brown uniformado, mas joven y mucho mas delgado, en el sureste asiatico.

La puerta se abrio a sus espaldas y Cowart se volvio. El detective entro impasible, con el rostro inexpresivo.

– ?Como consiguio la medalla? -pregunto Cowart.

– ?Que?

El periodista senalo la pared.

– Ah, eso. Estaba en la seccion medica. El peloton cayo en una emboscada y cuatro hombres estaban heridos en un arrozal. Yo sali a recogerlos, uno por uno. Nada del otro mundo, pero aquel dia nos acompanaba un periodista del Washington Post. Mi teniente creia que por culpa suya, del teniente, el peloton habia caido en una emboscada, y penso que mas le valia hacer algo en compensacion. Asi que se aseguro de que yo recibiera una medalla. Era una manera de borrar la mala impresion que le iba a quedar a aquel periodista despues de pasarse cuatro horas en pleno tiroteo con la cara hundida en un pantano plagado de sanguijuelas. ?Fue usted a Vietnam?

– No. Mi numero en el sorteo era el veintitres. Nunca salio.

El detective asintio y le indico que tomara asiento, mientras el se dejaba caer en su silla, al otro lado de la mesa.

– Nada -suspiro.

– ?No hay huellas dactilares? ?Sangre? ?Algo?

– Todavia no. Enviaremos el cuchillo al laboratorio del FBI y a ver que pueden hacer ellos. Tienen mejor equipo.

– Pero ?no hay nada?

– Bueno, el forense dice que el filo tiene las dimensiones del que causo las cuchilladas. La herida mas profunda daba la misma medida que el filo del cuchillo. Eso ya es algo.

Cowart saco su libreta y empezo a tomar notas.

– ?Puede averiguar de donde procede el cuchillo?

– Es el tipico cuchillo barato comprado en alguna tienda de articulos de caza. Lo intentaremos, pero no tiene ningun numero de serie que lo identifique ni marca del fabricante. -Vacilo y miro a Cowart con dureza-. Bien, digamelo.

– ?Que?

– Dejese de jueguecitos. ?Quien le hablo del cuchillo? ?Es con el que mataron a Joanie Shriver? Conteste. - Cowart titubeo-. ?Me va a obligar a que le lea sus derechos, o que?

– Le dire una cosa: Ferguson no me dijo donde buscar el cuchillo.

– ?Me esta diciendo que alguien le dijo donde encontrar el arma que podria haber causado la muerte a Joanie Shriver?

– Eso es.

– ?Le importaria compartir esta informacion?

Cowart levanto la vista de sus garabatos.

– Antes digame una cosa, teniente. Si yo le cuento lo que se sobre ese cuchillo, ?reabrira el caso? ?Esta dispuesto a ir al fiscal del estado? ?Ponerse en pie ante el juez y declarar que es necesario volver a abrir el

Вы читаете Juicio Final
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату