– Nos tendio una emboscada.

– Lo siento.

Brown hizo una pausa.

– Bueno, al menos digame que no salimos demasiado mal en la fotografia. Uno tiene su orgullo, ya sabe.

Cowart no supo si el detective estaba bromeando o no.

– No esta mal -dijo-. Parece salida de Dos sabuesos despistados.

– Me conformo. Ahora digame que quiere.

– ?Desea responder al articulo que vamos a publicar manana?

– ?Manana? ?Vaya! Supongo que tendre que levantarme temprano y bajar al quiosco. ?Valdra la pena?

– Por supuesto.

– Primera plana, ?eh? Lo convertira en una estrella, ?verdad, Cowart? ?Sera famoso?

– Eso no lo se.

El detective rio con sorna.

– La gran fotografia de Robert Earl, ?no? ?Cree que funcionara? ?Cree que lograra sacarlo del corredor?

– Tampoco lo se, pero es un articulo interesante.

– Apuesto a que si.

– Solo queria darle la oportunidad de responder.

– ?Me dira lo que pone?

– Si. Ya esta escrito.

Brown hizo una pausa.

– Supongo que contiene toda esa bazofia sobre los malos tratos. Y lo de la pistola, ?no?

– Pone lo que el afirma. Y tambien lo que usted dijo.

– Pero no con las mismas palabras, ?verdad?

– No. Ambos argumentos tienen el mismo peso.

Brown solto una carcajada.

– Me lo imagino -dijo.

– Entonces, ?prefiere comentar el articulo directamente?

– Me gusta esa palabra, «comentar». Es agradable y segura. ?Quiere que comente su articulo? -Su voz se tino de sarcasmo.

– Exacto. Queria darle la oportunidad.

– Entiendo. La oportunidad de cavar mas hondo mi propia tumba; de meterme en mas lios, solo porque le dije la verdad. -Respiro hondo y prosiguio, casi lamentandose-: Podria haberle contestado con evasivas, pero no lo hice. ?Figura eso en el articulo?

– Por supuesto.

Brown rio con ironia.

– Mire, se que se ha forjado una idea de lo que va a lograr con todo esto. Pero le dire una cosa: esta equivocado. Totalmente equivocado.

– ?Ese es su comentario?

– Las cosas nunca son tan faciles ni tan simples como se piensa la gente. Siempre surge alguna complicacion, algun interrogante, alguna duda.

– ?Ese es su comentario?

– Usted se equivoca. De medio a medio.

– De acuerdo. Si ese es su comentario…

– No, eso es lo que quiero que entienda. -Solto una brusca carcajada-. Sigue siendo un tipo duro, ?verdad, Cowart? No me responda, porque ya se la respuesta. -Hizo una pausa.

Cowart oyo una respiracion honda y enojada al telefono hasta que Brown por fin hablo, haciendo que sus palabras retumbaran como una lejana tormenta.

– Vale, este es mi comentario: vayase al infierno.

Y colgo.

8

OTRA CARTA DESDE EL CORREDOR DE LA MUERTE

Cowart no vio a Ferguson ni hablo con el hasta el dia del juicio, y lo mismo ocurrio con los detectives, que se negaron a devolverle sus llamadas en las semanas siguientes a la publicacion de los articulos. Los fiscales del condado de Escambia, que competian por una estrategia, atendieron escuetamente sus peticiones de informacion. Por otro lado, la defensa se mostraba efusiva: llamaba cada dia para tenerlo al corriente de los acontecimientos y descargaba un aluvion de mociones ante el juez que habia presidido el primer juicio.

Desde que la historia salio a la luz, Cowart se vio atrapado por un impetu natural debido a las alegaciones que habia escrito, como quien se ve arrastrado calle abajo por las lluvias torrenciales. La television y la prensa se abalanzaron con avidez sobre todas las personas, los acontecimientos y los lugares que protagonizaban aquella historia, para reconstruirla y modificarla de mil maneras diferentes, aunque basicamente semejantes. Aquella historia presentaba aspectos fascinantes: la confesion forzada, la inquieta ciudad todavia resentida por el asesinato de la nina, la frialdad de los detectives y, por ultimo, la horrible ironia de que el verdadero asesino podria ver al inocente en la silla electrica con solo mantener la boca cerrada. Y precisamente esto es lo que hizo Blair Sullivan: no concedio ninguna entrevista, se nego a hablar con periodistas, abogados, policias, y hasta con un equipo de 60 Minutes. Solo hizo una llamada a Matthew Cowart unos diez dias despues de que aparecieran los articulos.

Era una llamada a cobro revertido. Cowart estaba en su mesa, ya reincorporado al departamento editorial, leyendo la version que el New York Times daba de la historia («Surgen interrogantes por un caso de homicidio en los confines de Florida») cuando el telefono sono y la operadora le pregunto si aceptaba una conferencia de un tal senor Sullivan de Starke, Florida. Por un momento se quedo paralizado. Luego asintio, se inclino hacia delante en la silla y oyo la familiar voz nasal del sargento Rogers.

– ?Cowart? ?Esta usted ahi?

– Hola, sargento.

– Le paso con Sully. Quiere hablar con usted.

– ?Como va todo?

El sargento se echo a reir.

– Vaya, debi prohibirle que entrase usted aqui. Este lugar se ha convertido en un maldito avispero desde que publicaron sus articulos. De pronto, a todo el mundo en el corredor de la muerte se le ocurre llamar a todos los malditos periodistas del estado. Y cada uno de esos malditos periodistas se presenta aqui solicitando entrevistas y visitas y demas. -La risa del sargento invadio la linea telefonica-. Este sitio esta mas animado que cuando el generador principal y el de emergencia se apagaron a la vez y todos los presos pensaron que la mano del destino les estaba abriendo las puertas.

– Siento haber causado tantas molestias…

– Bah, no importa. Rompe la rutina, ya me entiende. Claro que las cosas se van a poner dificiles cuando todo vuelva a la normalidad. Y tarde o temprano volvera.

– ?Como esta Ferguson?

– ?Bobby Earl? Esta tan ocupado con las entrevistas que deberian reservarle su propio espacio en la programacion de medianoche, como al difunto Johnny Carson y a ese David Letterman.

Cowart sonrio.

– ?Y Sully?

Se hizo una pausa y luego el sargento hablo despacio:

– Se niega a hablar con nadie sobre nada. No solo con periodistas y psiquiatras. El abogado de Bobby Earl ha venido unas cinco o seis veces y esos detectives de Pachoula pasaron por aqui, pero el se limito a reirse de ellos y escupirles en la cara. Citaciones, amenazas, promesas, no importa lo que le mencionen, porque no sirve de nada.

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