No quiere hablar, y menos de esa nina de Pachoula. Entona algunos canticos para sus adentros, escribe mas cartas y estudia a fondo la Biblia. No deja de preguntarme que ocurre, asi que yo lo pongo al corriente de todo lo que puedo, le traigo periodicos y revistas. Ve la television cada noche, de manera que sabe como esos dos detectives lo ponen a usted verde. Eso le hace reir.

– ?Que opina usted?

– Creo que se lo esta pasando bien. Es la clase de cosas que le divierten.

– Pues a mi me resulta aterrador.

– Le adverti sobre ese psicopata.

– ?Y por que quiere hablar conmigo?

– No lo se. Esta manana se levanto y me pregunto si podia pasarle una llamada.

– Vale, de acuerdo. Pongame con el.

El sargento se aclaro la garganta.

– No es tan facil, ?recuerda? Nos gusta tomar ciertas precauciones cuando trasladamos al senor Sullivan.

– Ya. ?Que aspecto tiene?

– No esta muy cambiado respecto a cuando usted lo vio, salvo por un atisbo de excitacion. Aparenta mejor aspecto, como si hubiera ganado algo de peso, pero no es asi, porque tampoco come mucho. Como le dije, creo que se lo esta pasando bien. Esta muy animado.

– Aja. Oiga, sargento, no me ha dicho que piensa usted del articulo.

– ?El…? Bueno, me parecio muy interesante.

– ?Y?

– A ver, senor Cowart, le sere sincero: si uno se pasa en prision el tiempo suficiente, sobre todo en el corredor de la muerte, es muy probable que escuche todo tipo de historias.

Cuando Cowart se disponia a hacerle otra pregunta, oyo vozarrones de fondo y ruidos extranos en el telefono.

El sargento dijo:

– Ya viene.

– ?Es esta una conversacion privada? -pregunto Cowart.

– ?Se refiere a si el telefono esta pinchado? Es la linea que solemos utilizar con los abogados, de manera que dudo que este pinchado, porque armarian un buen follon. En cualquier caso, aqui le tiene; un segundo, vamos a ponerle las esposas.

Se produjo un silencio y Cowart oyo al sargento de fondo: «?Te aprietan mucho, Sully?» Y al preso responder: «No, asi esta bien.» Luego se oyeron otros ruidos, el sonido de una puerta al cerrarse y, por fin, la voz de Blair Sullivan.

– Vaya, si es el senor Cowart, el mundialmente famoso periodista. ?Como le va?

– Bien, senor Sullivan.

– Estupendo, estupendo ?Que le parece? ?Nuestro Bobby Earl va a volar como un pajarillo en libertad? ?Cree que ese dios de la buena suerte lo va a salvar de las garras del gato? ?Cree que ahora la maquinaria de la justicia se va a poner de su parte? -Solto una ronca carcajada.

– No lo se. Su abogado ha pedido que se reabra el juicio en el tribunal que lo condeno…

– ?Cree que eso funcionara?

– Ya veremos.

Sullivan carraspeo.

– Exacto, ya veremos.

Hubo un breve silencio. Al cabo Cowart pregunto:

– Y bien, ?para que me llama?

– Un momento -respondio Sullivan-. Estoy intentando encender un jodido cigarrillo. No es facil… Tengo que dejar el auricular. -Sono un golpe metalico y a continuacion volvio a oirse su voz-. Ya esta. ?Me preguntaba usted…?

– Por el motivo de su llamada.

– Solo queria que me contara como le sienta la fama.

– ?A que se refiere?

– Bueno, Cowart, hablan del caso por todas partes. Seguro que ha captado la atencion de todo el mundo. Con solo meter la mano en una sucia alcantarilla. Facil, ?no?

– Ya.

– Una manera muy sencilla de hacerse famoso, ?eh?

– No se trataba de eso.

Sullivan solto otra risotada.

– Supongo que no. Pero usted quedo bien respondiendo a todas esas preguntas en Nightline. Parecia muy seguro de si mismo.

– Usted no quiso hablar con ellos.

– No. Me parecio mejor que hablasen usted y Bobby Earl. Por lo, visto, esos polis de Pachoula no querian hablar demasiado. Si no creen a Bobby Earl y tampoco a usted, menos me creerian a mi. -Rio por lo bajo-. ?Pero usted es terco como una mula! Se empena en mostrar lo que otros no quieren ver, ?eh?

Cowart no respondio.

– ?No es eso una pregunta, Cowart? ?No le he hecho una pregunta? -susurro friamente el condenado.

– Algunas personas no quieren ver nada.

– Bueno, deberiamos ayudarlos a quitarse la venda de los ojos, ?no, senor periodista famoso? Conducirlos hacia el camino de la luz, ?no cree?

– ?De que manera? -Cowart se inclino sobre la mesa. Notaba que el sudor le corria por las axilas.

– Supongamos que ahora yo le dijera algo mas. Algo muy interesante.

Cowart agarro un lapiz y un bloc para tomar notas.

– ?Por ejemplo?

– Estoy pensando… No me presione.

– De acuerdo. Tomese su tiempo. -«Ha picado», penso.

– ?No le gustaria saber por que esa nina subio al coche? Siente curiosidad, ?verdad, Cowart?

– Cuentemelo.

– No tan rapido. Estoy pensando. Ahora tiene que medir sus palabras. No querra que haya malentendidos, ?verdad? Digame, Cowart, ?sabia que el dia que murio la nina hacia sol? Hacia un calor seco y al mismo tiempo soplaba una brisa refrescante. El cielo era una enorme boveda azul y se abrian flores en todas partes. Un precioso dia para morir. E imaginese lo fresco y comodo que se debia de estar en aquel pantano, con toda aquella sombra. ?Cree que el hombre que mato a la pequena Joanie, bonito nombre, se tumbo alli despues para disfrutar unos minutos de aquel magnifico dia… y dejar que el frescor de la sombra lo calmase?

– ?Hacia fresco?

Sullivan solto una repentina carcajada.

– ?Y como voy a saberlo, Cowart? ?Pero bueno! -Resollo-. Piense en todas las cosas que a esos dos polis les gustaria saber. Donde estan las ropas y las manchas de sangre, por que no habia huellas dactilares ni pelos ni muestras de tierra… esa clase de cosas.

– ?Porque?

– Bueno -respondio Sullivan alegremente-. Sospecho que el asesino de la pequena Joanie era lo bastante listo para llevar consigo ropa de repuesto. Asi podria quitarse la que llevaba, la manchada de sangre y tierra, y deshacerse de ella en algun rincon. Posiblemente tuvo el tino de llevar tambien un par de sacos de basura en el coche, en los que luego pudo haber metido la ropa ensangrentada.

A Cowart se le revolvio el estomago. Recordo que, segun un detective de Miami, habian encontrado ropa de repuesto y un rollo de sacos de basura en el maletero del coche de Sullivan la noche en que fue detenido. Cerro los ojos un instante y pregunto:

– ?Donde hubiese dejado el asesino la ropa?

– Pues en algun sitio como el contenedor del Ejercito de Salvacion. ?Sabe?, hay uno en el centro comercial justo a las afueras de Pensacola. Pero eso solo lo haria si no estuviera demasiado lleno, ya me entiende. Y si realmente quisiera ser prudente, tal vez la arrojaria a un viejo contenedor como los que hay en las areas de

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