de Brizac contenian tambien detalles de otra indole, detalles que los periodicos no publicaban y que nadie podia saber si no era basandose en experiencias personales, si no llevaba muchos anos codeandose con los jueces de instruccion, detectives, fiscales y jueces, tratando a diario con los dependientes de las tiendas y las amas de casa que hacian cola en esas tiendas. Y tambien habiendo cumplido una larga condena en una penitenciaria de trabajos forzados, como demostraba una de las novelas mas recientes del autor, titulada El regreso triste. Cada vez mas, Nastia se reafirmaba en su impresion de que Jean-Paul Brizac era un emigrante ruso. En cuanto a su elegante frances del que tanto alarde hacia en sus libros, era posible que contara con una cuadrilla de traductores y correctores. Y si se ocultaba a los periodistas y fotografos, lo haria para mantener la falsa imagen de literato frances.
– Victor Alexeyevich, tenemos que averiguar si Brizac habia estado en Rusia. Quiero comprender de donde ha sacado la idea de esa punetera clave de sol color verde manzana. Si no creemos en las fuerzas del mas alla y en la clarividencia, no nos queda mas que una sola explicacion: Vica Yeriomina y Jean-Paul Brizac fueron testigos de un acontecimiento en el que de alguna forma intervino el extrano dibujo. A continuacion, Yeriomina empezo a sonar con el y la pesadilla se convirtio en un sueno recurrente, mientras que Brizac, de animo mas curtido, lo incorporo a su arsenal creativo.
Mientras Nastia hablaba, Gordeyev reflexionaba mordisqueando la patilla de las gafas. Tenia un aspecto aun peor que hacia unos dias pero su mirada habia perdido la expresion interrogante. «Ahora ya lo sabe», comprendio Nastia. Si, el coronel Gordeyev ya sabia con certeza, o casi, cual de sus subalternos se habia puesto al servicio de los criminales. Lo unico que ignoraba era lo que tenia que hacer ahora y como iba a reconciliar el deber profesional con los sentimientos humanos.
– ?Descartas otras explicaciones? -pregunto el hombre al fin.
– Puede ser que las haya. Pero no las he encontrado todavia. De momento es la unica que se me ocurre.
– De acuerdo, me pondre en comunicacion con el DVYR. Pero ?que vamos a hacer si resulta que Jean-Paul Brizac es un seudonimo y el nombre que figura en su pasaporte es distinto? ?Has pensado en esta posibilidad?
– He recurrido a la ayuda de un amigo que podra averiguar si en el mundo de la prensa occidental conocen a ese tal Brizac. Tal vez sepan algo sobre si es seudonimo y como se llama de verdad.
– ?Que amigo es ese? -pregunto Gordeyev frunciendo el entrecejo.
– Guennadi Grinevich, trabaja como director segundo en un teatro.
– ?Hace mucho que le conoces? -continuo indagando el coronel.
– Desde que fuimos ninos. Pero ?que le pasa, Victor Alexeyevich? -inquirio Nastia sin poderse contener-. ?Como puede vivir si sospecha de todo el mundo? Acabara volviendose loco.
– En esto tienes toda la razon. A veces creo que ya estoy loco -dijo Gordeyev con un rictus de amargura-. De acuerdo, Stasenka, sigue trabajando. Vuelvo a insistir en lo mismo: ten cuidado, pequena, guardate tus conclusiones para ti. No las compartas con nadie, si acaso, hazlo unicamente con Chernyshov, y aun asi, unicamente si no queda otro remedio. ?Entendido?
– Para mi es muy duro, Victor Alexeyevich -dijo Nastia en voz baja-. Me ha puesto en una situacion que me obliga a dar ordenes a los chicos como si yo fuera el gran jefe y ellos unos simples recaderos. Estan molestos y con razon. No me sienta nada bien este papel, no tengo madera de mandamas.
– Aguanta, Stasenka -dijo el, y por primera vez en muchos dias, la voz del jefe sono mas suave y calida-. Aguanta. Es necesario para la causa comun. Acuerdate de cuando fuiste Lebedeva.
Cierto, Larisa Lebedeva habia sido el primero y, sin duda, el mas logrado de los papeles interpretados por Nastia Kamenskaya. Chantajista guapa, segura de si misma, emprendedora, supo tender la trampa y sacar de su madriguera al sicario Gall, a cuyos servicios solian recurrir representantes de cierto altisimo escalafon. En el pais habia unos cuantos semejantes a Gall, se los podia contar con los dedos. Eran asesinos de clase superior, que cobraban honorarios altisimos y cuyos trabajos nunca llegaban a convertirse en objeto de investigaciones policiales, pues siempre pasaban por un accidente, un cataclismo, una muerte debida a causas naturales o un suicidio. En realidad, la tarea de la chantajista consistia en darle un susto al hombre que podria ordenarle al profesional del asesinato desplazarse a Moscu, y debia hacerlo de tal modo que el cliente se viese en la necesidad de contratar a un mercenario y que eligiese precisamente a Gall y a ningun otro. El equipo encabezado por Gordeyev el Bunuelo desarrollaba su juego, de hecho, a ciegas, a tientas, avanzando a pasitos cautelosos y sin saber si se movian en direccion correcta. El unico indicio de que su actuacion era la acertada seria que Gall atentase contra la vida de Larisa Lebedeva, es decir, de Nastia. Kamenskaya paso una semana entera encerrada en un piso extrano y vacio, pendiente del menor ruido en la escalera, esperando con paciencia la aparicion del hombre que vendria para matarla. Cuando Gall, en efecto, se persono dispuesto a consumar el asesinato, Nastia- Lebedeva paso una noche con el a solas tratando de desembrollar sus planes. Y, ademas de desembrollarlos, obligarle a contarselos en voz alta. Todo cuanto se dijo en aquel piso lo escucho el equipo de Gordeyev. Pero Gall, de por si suspicaz, habia previsto tal posibilidad y advirtio desabridamente a la chantajista que, si trabajaba para la policia y se atrevia a decir en voz alta algo que resultase peligroso para el, Gall, no le quedaban mas de diez o quince segundos de vida, no la salvaria nada ni nadie, aun cuando en el piso de al lado se hubiera emboscado un grupo policial de choque. En efecto, en el piso de al lado se encontraba un grupo de choque en disposicion de combate. Pero Nastia tomo la advertencia del asesino en serio y, cuando comprendio lo que se proponia y como pensaba actuar a continuacion, no se atrevio a contravenir la prohibicion e informar sobre los planes inmediatos del criminal a los companeros, que escuchaban su conversacion desde la unidad movil de interceptacion. En lugar de esto invento un truco ingenioso pero poco menos que imposible, que solo podria aportar resultados si se producia una concurrencia inverosimil de cierto numero de circunstancias: los de la unidad movil, que escuchaban su conversacion con Gall, la conocian bien personalmente, sabian que de adolescente le habian apasionado las matematicas, que habia en su vida un doctor en ciencias, Alexei Mijailovich Chistiakov, tenian su numero de telefono y no repararian en llamarle a las cuatro de la madrugada. Pero lo mas importante era que tenian que captar cierta incongruencia contenida en las palabras de Nastia, ciertas frases y giros que no le eran propios, extraerlos del caudal de su discurso y comunicarselos a Chistiakov. El truco, en efecto, parecia abocado al fracaso pero en aquel momento a Nastia no se le ocurrio nada mejor porque Gall era un asesino de veras inteligente y peligroso, y hubiera sido una tonta incauta si no hubiera hecho caso a sus advertencias. A primera hora de la manana Gall la llevo fuera de la ciudad; durante el viaje en el vacio tren electrico, Nastia se sintio como una oveja conducida al matadero que no tenia ni idea de si su plan habia dado resultado o no. Gall la llevo a la casa de campo de su cliente, y alli fue donde Nastia conocio a Andrei Chernyshov y a su asombroso perro, Kiril, que con naturalidad y elegancia la llevo lejos de la emboscada que se le habia tendido a Gall. La operacion fue coronada por el exito. Nadie mas que Liosa Chistiakov supo cuanta salud le habia costado, cuanto tiempo estuvo tomando pastillas porque habia perdido el apetito y el sueno por completo, las veces que estuvo a punto de desmayarse por oir un sonido brusco y que cualquier naderia la hacia deshacerse en lagrimas.
– Victor Alexeyevich -dijo Nastia midiendo cada palabra-. ?Lo sabe… ya?
Gordeyev le dedico una mirada cansina y no le contesto. Solo movio vagamente la mano.
Arsen miraba sin parpadear a su interlocutor.
– ?Por que no me ha dicho nada de Brizac desde el principio? -pregunto colerico.
– No crei… No pense que la cosa llegara a esto -balbuceo aquel.
– Usted no penso… -repitio Arsen con tirantez-. Ella, en cambio, si lo penso. ?Que quiere que haga ahora? Esa nina es mucho mas peligrosa de lo que se imagina, yo ya me lo maliciaba. Si me hubiera hablado de Brizac en su momento, habria tomado precauciones. Cuando menos, no se habria ido a Italia.
– Pero si me habia asegurado que un hombre suyo estaria en todo momento pisandole los talones. ?En que habra fallado?
– Mal de muchos, consuelo de tontos -observo con una mueca despectiva Arsen.
– Desde el principio tenia que abstenerme de tratar con usted y hablar unicamente con los que vigilan al juez de instruccion. Le pago a usted un paston y su gente la ha pifiado -apunto furioso el interlocutor de Arsen.
– Mi gente hace todo cuanto puede pero hay una cosa que no puede hacer, y es colocarle un candado al cerebro de Kamenskaya. Comprenda por fin una cosa bien sencilla: mientras les llevabamos la delantera, podiamos parar la informacion perjudicial para nosotros. Pero por culpa de su talante reservado, esa moza se ha hecho con la informacion y ahora tendremos que influir sobre ella directamente para tratar de evitar que le de alguna importancia. Y esto, amigo mio, es un procedimiento muy arriesgado y no siempre eficaz. Y tambien el
