precio sera mas elevado.
– ?Me busca la ruina?
– ?Dios me libre! -exclamo el hombre mayor agitando las manos-. Estoy dispuesto a desentenderme del asunto en cualquier momento. No tengo ningun interes personal en su negocio, soy un simple intermediario. Si no quiere pagarme, no me pague, mis hombres se olvidaran de este caso y se pondran a trabajar en otro. Tenga en cuenta que nos sobran encargos, no nos morimos de hambre. Asi que, ?cual es su decision?
– Dios mio, ?ojala pudiera tomar otra decision! -susurro con desesperacion el hombre que ese dia no iba ataviado con su elegante traje ingles sino con un pantalon y un grueso jersey de esqui, pues habia acudido a la cita con Arsen desde su casa de campo-. Por supuesto, le pagare pero, por favor, salveme.
Sentada en su despacho, Nastia miraba con angustia a la ventana, detras de la cual un diciembre tibio y lleno de barro y charcos se empenaba en impedir que la ciudad adquiriera un aspecto atractivamente invernal y navidenamente festivo. El estudiante Mescherinov no habia vuelto aun del archivo. Al parecer, le habia llegado al alma lo que Nastia le habia contado sobre las dificultades que entranaba el estudio de sumarios penales y se habia propuesto cumplir su cometido con esmero y meticulosidad.
Mirando a los automoviles aparcados delante de la valla de hierro forjado, se fijo en un BMW rojo, recien salido de fabrica, que antes nunca habia visto por alli. Por reflejo clavo la vista en aquella mancha roja, llamativa en medio de la calle gris y sucia, y continuo absorta en sus reflexiones sobre el caso de Yeriomina y el comportamiento que debia adoptar respecto a sus companeros.
– ?En que piensas, pensadora? -sono la voz de Yura Korotkov, aquel joven que malvivia junto con toda su familia y la suegra hemiplejica en un apartamento diminuto y esperaba con paciencia a que crecieran los hijos de su amiga para poder casarse con ella.
– En nada especial -sonrio Nastia-. He visto un nuevo BMW en la calle e intento adivinar quien habra venido a nuestra cueva en un cochazo como este.
– ?No lo sabes? -se extrano Yura-. Es de nuestro Lesnikov. Ha cambiado de coche recientemente.
– ?No me digas? -dijo Nastia, a quien ahora le tocaba extranarse-. ?Con esa miseria de sueldo que nos pagan?
Korotkov se encogio de hombros.
– Te gusta tomarles la medida a los ingresos ajenos, ?eh, Aska? -desaprobo el-. Por si no lo sabias, Igor tiene padres que se ganan bien la vida y esta casado con una modista de alta categoria, que trabaja para el mismisimo Zaitsev y cobra en correspondencia. De todos nosotros, eres la unica independiente, la unica que vive a partir de un presupuesto individual, todos los demas tenemos familia, asi que, vete tu a saber de donde sacan los medios.
La puerta volvio a abrirse y en el umbral aparecio Igor Lesnikov.
– Vaya, estas aqui, Korotkov, con Anastasia, es que yo llevo una hora buscandote por todos los despachos -le increpo.
– ?Hablando del rey de Roma…! -se rio Yura-. Justamente estabamos admirando tu coche.
Igor hizo oidos sordos a sus palabras.
– Ultimamente casi no te veo -dijo volviendose hacia Nastia-. Antes te pasabas dias enteros encerrada en el despacho pero ahora estas fuera siempre. ?Trabajas en el caso de Yeriomina?
Nastia asintio en silencio temiendo nuevas preguntas que versarian sobre los detalles de la investigacion.
– ?Y que tal va eso? ?Bien? ?Has descubierto algo?
– Practicamente nada. Este caso no tiene solucion. Iremos dando largas al asunto hasta el 3 de enero, cuando se cumplan los dos meses, luego Olshanski lo parara y mi tormento habra acabado. Estoy harta de patear las calles, lo mio es el trabajo sedentario.
– Bueno, todo el mundo lo sabe -sonrio Lesnikov-. Sobre tu pereza corren leyendas. Creo que nos estas tomando el pelo a todos, Anastasia.
– ?Que quieres decir? -pregunto Nastia, y abrio muchisimo los ojos, luchando contra un desagradable frio que de repente le invadio el estomago.
– Que en vez de trabajar lees novelas francesas. ?Que, vas a negarlo? Estos dias, cada vez que entro en tu despacho, veo encima de tu mesa esos pequenos libros con tapas abigarradas y letras latinas. Y no se te ocurra decirme que tiene que ver con la solucion del asesinato de Yeriomina, no tragare por alli. ?Y tu, Korotkov?
– Yo ?que? -se desconcerto Yura.
– ?Te crees que leer novelas francesas ayuda al trabajo policial?
– Yo que se. A lo mejor a Aska si la ayuda. Como tiene esa cabeza tan rara…
La puerta se abrio una vez mas y esta vez entro Volodya Lartsev.
– ?Os he pillado! Un detective se gana el sustento rondando las calles, y vosotros aqui, de palique, con la bendicion de Aska.
– Y tu ?que haces? ?Correr el maraton? -rebatio Lesnikov-. Corriendo has venido a buscarte la misma bendicion.
– He venido a tratar un asunto de trabajo. Asia, ?que numero calzas?
– Treinta y siete, ?por que? -contesto Nastia desconcertada.
– ?Magnifico! -exclamo Lartsev-. ?Tienes botas de esqui?
– En mi vida las he tenido. Solo una mente enferma podria imaginarme esquiando.
– ?Vaya, que lastima! -se disgusto Volodya-. En el curso de preparacion fisica de Nadiusa empiezan a esquiar, y no tiene botas. Las del ano pasado ya no le sirven, y comprar botas nuevas solo para un ano es caro. Cuestan un rinon y la mitad del otro, aparte de que el ano que viene volveran a quedarle pequenas. La nina esta creciendo. Que pena -suspiro-, queria pedirte que me las prestaras, mala suerte. Que le vamos a hacer. Por cierto, Asia, ?que tal te va con Kostia?
– ?Con Olshanski? Normal.
– ?No te aprieta demasiado?
– No, creo que no.
– Sabes, a veces puede ser un poco cortante…
– De esto si que me he dado cuenta. ?Por que lo dices, te ha hablado mal de mi?
– No, no, que va, esta muy contento con tu trabajo. ?Con que lo has cautivado?
– Con mi belleza, que no es de este mundo -bromeo Nastia para zanjar la conversacion, que empezaba a ponerla nerviosa.
Cada uno de los tres habia intentado, de un modo u otro, hacerla hablar del caso de Yeriomina. ?De que se trataba, del simple interes por saber como le iba a una companera o de algo mas? ?Cual de los tres habia querido sonsacarle, movido por ese «algo mas»? ?O estaban en el ajo los tres? «Dios mio -se desespero Nastia-. Que se vayan, que me dejen en paz. Solo me falta que uno de mis chicos me llame ahora.»
Por suerte, cuando vino Andrei Chernyshov, el despacho ya estaba vacio. Al verle la cara, Nastia comprendio que estaba seriamente enfadado por algo.
– ?Cafe? -le ofrecio ella.
– No quiero. Escucha, Kamenskaya, es probable que seas una detective genial, pero ?a que viene hacerme quedar como un idiota? ?Es que de veras crees que eres la unica que discurre y los demas somos unos retrasados mentales?
Un mal presentimiento paralizo a Nastia pero hizo un esfuerzo por mantener la calma.
– ?Que ha pasado, Andriusa?
– ?Que que ha pasado? Solo tu extranisima forma de actuar. Cierto, estas al mando de nuestro grupo, Gordeyev te ha nombrado pero esto no te da derecho a ocultarnos informacion a nosotros, en concreto a mi.
– No te entiendo -replico Nastia haciendo acopio de sangre fria y sintiendo como las manos empezaban a temblarle.
?Se lo habia advertido a Gordeyev, que no podia trabajar conforme las exigencias que le habia impuesto!
– ?Por que no me has dicho que Oleg habia requisado la libreta de Kosar? Imaginate mi situacion cuando le pregunto a la viuda sobre la libreta de su difunto marido y me contesta que un joven alto y rubio que trabaja en Petrovka se la ha llevado. Resulta que aqui la mano derecha no sabe lo que hace la izquierda. Naturalmente, la mujer se encerro en si misma y no llegamos a ninguna parte. Seguramente, sospecho que yo la enganaba, que no trabajaba con el joven rubio. ?Como debo interpretarlo?
