– ?Pues menudo imbecil estas tu hecho, comandante! -declaro Liosa exasperado imprimiendo a sus palabras tanta sinceridad como le fue posible.
Al instante, la cara de Nastia se distendio y comprendio que habia dado en el clavo. Lartsev salio de su estado de petrificacion, sus hombros se relajaron, la cabeza se agacho. Encorvo la espalda y parecio haber envejecido diez anos en un instante.
– Prometeme que lo haras todo tal como han dicho. ?Me lo prometes?
– Pues claro que si. Claro que te lo prometo -contesto Nastia sosegadamente-. No te preocupes. Vamos a la cocina, alli no hace tanto frio.
Tomaron cafe en silencio y comieron galletas sin dejar de pensar todos en lo mismo. Cuando las agujas del reloj marcaron las dos en punto, la mirada de Nastia tropezo con la de Lartsev. Ambos se pusieron en pie lentamente y entraron en la habitacion, donde se encontraba el telefono. Un instante mas tarde les ensordecio su timbre.
CAPITULO 12
A sus cuarenta y seis anos, Yevgueni Morozov se consideraba un perdedor. La mayoria de sus companeros de promocion ya ostentaban el rango de teniente coronel, y algunos, el de coronel, mientras que el seguia siendo capitan sin haber conseguido ni siquiera la estrella de comandante. Su principal trabajo consistia en la busqueda de desaparecidos y de profugos de las fuerzas del orden publico y de la justicia sospechosos o ya inculpados. Ese trabajo le parecia gris e ingrato, hacia mucho que habia perdido toda esperanza de ascender en el escalafon y, con aburrimiento y apatia, «curraba el folio» sin pensar mas que en llegar a la jubilacion. En los ultimos anos habia empezado a beber, no mucho pero con regularidad.
Nastia Kamenskaya le habia caido mal desde el primer dia de su colaboracion conjunta. Primero, y lo mas importante, era que le sacaba de quicio la sola idea de tener que trabajar junto con esa tia, a la que llevaba mas de diez anos y que ya tenia la graduacion de comandante. Encima, no se trataba solo de trabajar con ella sino de ?cumplir sus ordenes! No habia nada que pudiese herirle mas hondamente en su amor propio. Segundo, no entendia y no reconocia sus metodos de trabajo. Era una coleccion de chorradas: expedientes de archivo, libros en idiomas extranjeros, interrogatorios y reinterrogatorios sin fin, la clave de sol y otras pijaditas por el estilo. En su dia a el, a Morozov, se le habia ensenado a trabajar de otro modo muy distinto: en vez de arrellanarse con aire de suficiencia en un sofa, uno debia salir a la calle y buscar, buscar, buscar… No era por casualidad que el servicio al que habia dedicado su vida se llamaba «deteccion y busqueda». Ahi estaba la clave, se trataba de detectar buscando, de esto y no de ninguna de aquellas pamplinas. Ademas, uno de los principales procedimientos de su oficio se denominaba «busqueda personal». Nunca habia oido hablar de metodos analiticos y no tenia el menor deseo de conocerlos.
El enfado con la chavala de Petrovka, 38, llevo al capitan Morozov a concebir la prodigiosa idea de resolver el asesinato de Vica Yeriomina por cuenta propia. Trabajando en solitario. Sin ayuda de nadie. A despecho de todo el mundo. En la comisaria de policia a la que estaba asignado hacia poco se habia producido una vacante que seria un buen trampolin para el rango de comandante y, cuatro anos mas tarde, de teniente coronel. Era una gran oportunidad y seria tonto dejarla escapar. Tenia que obtener algun exito, hacer algo llamativo, sonado, darles un vapuleo a los sabuesos de la PCM. Entonces tambien el jefe de la comisaria quedaria contento, porque tambien este tenia atravesados a esos creidos de la DGI. Pero, de momento, Morozov no pensaba compartir sus planes con el superior.
Al recibir la denuncia de la desaparicion de Yeriomina, Morozov, fiel a su costumbre, no se mato trabajando. Una mujer joven, guapa, alcoholica, soltera… ?por que rayos iba a buscarla? Cuando se serenase, cuando se hartase del querindongo de turno, volveria a casa, ?que iba a hacer si no? En su larga experiencia lo habia visto mil veces. Pero cuando encontraron a Vica, muerta por estrangulacion, en el kilometro 75 de la carretera de Savelovo, Yevgueni vio el caso de otra forma. Solamente durante la primera semana despues de aparecer el cadaver, se curro a conciencia el ramal Savelovo de ferrocarril, hablo con los policias, rastreo todos los trenes electricos en busca de usuarios habituales que pudieran haberse fijado en aquel monumento de mujer. Por experiencia, Morozov sabia que la gente que utilizaba trenes de cercanias ocasionalmente no solia prestar atencion a otros pasajeros. Los viajeros habituales, en cambio, acostumbraban a hacer un «barrido visual» del vagon, esperando encontrar a los «suyos», amigos o vecinos de su ciudad o pueblo, para pasar el rato que duraba el trayecto charlando sobre cosas sin importancia.
Ese trabajo tenaz y minucioso aporto algunos frutos. Morozov consiguio encontrar a dos hombres que habian visto a Yeriomina subir en el tren acompanada de tres «tios cachas». Ambos pasajeros se fijaron en la muchacha porque ella y sus companeros se habian instalado en el compartimento que solian ocupar ellos mismos. Los dos pasajeros eran vecinos de Dmitrov, vivian en el mismo barrio, trabajaban en el mismo turno y en la misma empresa de Moscu. Y llevaban muchos anos haciendo este viaje de ida y vuelta en los mismos trenes y, por algun motivo, siempre en el segundo vagon y en el segundo compartimento de la derecha segun el sentido de la marcha. Las costumbres de muchos anos son a menudo mas fuertes que cualquier razonamiento. Habian llegado al extremo de acudir a la estacion con mucha antelacion para poder ocupar sus asientos habituales. No obstante, aquella vez otros se les adelantaron, un hecho tan inusitado que no pudo menos de grabarseles en la memoria.
Durante el trayecto estuvieron observando disimuladamente a aquella pandilla incomprensible, extranandose en voz baja de lo que podrian tener en comun aquella joven tan guapa, emperifollada, vestida con ropas tan caras, de cara altiva y mirada algo asi como enfermiza, vuelta hacia dentro, y los tres «tios cachas», cuyos rostros impecablemente afeitados no delataban la menor presencia de intelecto. En mas de una ocasion, los «tios cachas» intentaron dirigirle la palabra pero la despampanante moza contestaba con monosilabos o ni siquiera contestaba. A veces, la chica salia del vagon, con un cigarrillo en la mano, y entonces uno de los hombres se levantaba y la seguia. Una hora y media mas tarde, al bajar del tren en Dmitrov, los dos viajeros habituales llegaron a la conclusion de que para la chica se trataba de un viaje de negocios y que los «tios cachas» eran sus guardaespaldas. Aunque seguia siendo inexplicable el hecho de que viajase en tren. Si podia permitirse tener guardaespaldas, seguro que tendria coche…
Asi fue como se establecio que Vica Yeriomina, acompanada por tres hombres jovenes, viajo en el tren electrico Moscu-Dubna el domingo 24 de octubre. El tren salio de la estacion Savelovo de Moscu a las 13.51 horas, llego al apeadero Kilometro 75 a las 15.34. El cadaver de Vica fue encontrado una semana mas tarde, su muerte ocurrio el 31 de octubre o el 1 de noviembre. Faltaba por averiguar donde habia pasado aquella semana.
Fue justo en ese momento cuando se le comunico a Morozov que estaba incluido en el grupo operativo encabezado por Kamenskaya. No era novato en la materia de encauzar sus relaciones con los demas conforme a sus propios intereses. Las suyas con Nastia no fueron una excepcion. Yevgueni se esforzo por hacer todo lo posible para quitarle las ganas de tratar con el para lo que fuera, y lo consiguio. Nastia no le abrumo con encargos, y el pudo disponer libremente de su tiempo para seguir investigando el asesinato de Yeriomina por cuenta propia. Cumplia escrupulosamente con las tareas que se le confiaban pero informaba a Nastia sobre los resultados de un modo sumamente peculiar. No, no tergiversaba los datos obtenidos, Dios le libre de hacerlo. Se limitaba a callar parte de esos datos o a veces los ocultaba en su totalidad comunicando a Nastia solo aquellos detalles que no afectaban en nada su propia hipotesis. Por ejemplo, Nastia nunca llego a enterarse de que Morozov habia encontrado a dos testigos oculares del viaje de Vica en el tren de cercanias, que habia determinado el tiempo exacto de ese viaje e incluso habia obtenido retratos verbales muy precisos de sus acompanantes. Oficialmente, la «pista ferroviaria» se habia probado inoperante.
Mientras Nastia, con ayuda de Andrei Chernyshov, interrogaba a los amigos y conocidos de Vica Yeriomina, mientras se aclaraba con las complicadas relaciones que la unian a Boris Kartashov y al matrimonio Kolobov, mientras averiguaba quien y por que habia dado la paliza a Vasili Kolobov y realizaba un monton de otras pesquisas necesarias, Morozov empleo todo ese tiempo en estudiar las poblaciones situadas alrededor del apeadero Kilometro 75, ensenaba la foto de Vica, describia a los tres «tios cachas» y buscaba tenazmente el sitio donde Yeriomina pudo haber pasado aquella punetera semana. Cuando Nastia descubrio que, por algun motivo, Vica habia estado en la estacion de Savelovo y que eso ocurrio, lo mas probable, el domingo 24 de octubre, habia pasado tanto tiempo desde su viaje que ya no tenia el menor sentido investigar su posible itinerario. Entretanto,
