Morozov ya habia encontrado la casa donde, segun declararon los vecinos de un pequeno pueblo, se habian alojado la joven y sus acompanantes. Se la habia visto alli una sola vez, al llegar. Los lugarenos no volvieron a verla nunca mas. Pero Yevgueni se gano la amistad de la dependienta de la tienda del pueblo, que recordo lo mejor que pudo que y en que cantidades compraban los inquilinos provisionales de la casa del tio Pasha. Todo indicaba que alli vivian, como minimo, tres personas y que una era mujer.
Morozov supo llegar tambien hasta ese tio Pasha, Kostiukov Pavel Ivanovich, que habia alquilado su casa por el plazo de un mes. Vivia en el pueblo vecino de Yajroma, junto con su hija, cuidaba de los nietos y alquilaba su casa encantado en cualquier epoca del ano y por cualquier plazo de tiempo. Segun el dueno de la casa, ninguno de los «tios cachas» que acompanaron a Vica en el tren y luego compartieron con ella el techo de la casa del pueblo de Ozerki correspondia a la descripcion del hombre que habia negociado con Pavel Ivanovich el alquiler. Segun el testimonio de este, se trataba de un senor de aspecto distinguido de unos cincuenta anos (quiza era algo mas joven pero no cabia duda de que «habia rebasado ya los cuarenta») y que inspiraba confianza. Pago el alquiler por adelantado y no regateo, aunque el astuto abuelo le pidio un precio altisimo con vistas a una larga discusion y un importante descuento que le produciria al nuevo arrendatario la impresion de que habia sabido hacerse valer y habia obtenido condiciones ventajosas.
?Como dar con el misterioso inquilino? Morozov no tenia ni la mas remota idea. Kostiukov nunca le pedia la documentacion a sus inquilinos, siempre que le pagasen por adelantado. Por supuesto, no era muy legal pero en la policia local todos conocian a Pavel Ivanovich y hacian la vista gorda si no registraba a los inquilinos. Sobre todo porque en verano el viejo si que cumplia rigurosamente con la ley. Por otra parte, en otono, cuando las carreteras estaban llenas de barro, no le apetecia nada, pero que nada, desplazarse desde Yajroma al Kilometro 75 con tal de legalizar la situacion de sus inquilinos. No obstante, Kostiukov nunca se olvidaba de dejar constancia de todos los detalles relacionados con aquella casa en una gruesa libreta de colegio, donde Morozov encontro una mencion del alquiler de la casa de Ozerki por un plazo de un mes a partir del domingo 24 de octubre hasta el martes 23 de noviembre, pactado el sabado 23 de octubre por la tarde.
Despues de esto, Yevgueni se confio a la suerte y, sin pensarlo dos veces, se precipito a rastrear el itinerario automovilistico que unia Moscu con Yajroma. Supuso que el hombre que habia alquilado la casa de Kostiukov habria ido alli en coche. Si eso fuera asi, habria una esperanza, por debil que fuese. Pero si habia ido a Yajroma en tren, entonces ya no habria nada que hacer. Durante toda la semana que Kamenskaya paso en el extranjero, el estuvo pateando, metro tras metro, la carretera de Dmitrov, maldiciendo el aguanieve, el viento, el barro por el que chapoteaba y su catarro, a estas alturas ya permanente; y deteniendose junto a cada puesto de vigilancia vial de la policia de trafico para hacer al guardia una unica pregunta: si habia parado por una infraccion o para una comprobacion de rutina a algun conductor el sabado 23 de octubre.
Se le entregaba una abultada carpeta que contenia los protocolos del mes de octubre y Yevgueni copiaba diligentemente todos los datos de los conductores que habian parado en aquel puesto aquel dia. No buscaba nada en concreto, ya que se daba perfecta cuenta de que el conductor podia ser tanto el propio arrendatario como cualquier otro. Ademas, Morozov estaba plenamente convencido de que, si el hombre en cuestion se hubiera desplazado a Yajroma en coche, habria ido acompanado por uno de los «tios cachas» que al dia siguiente se instalarian en Ozerki junto con Yeriomina. ?Como podia ser de otra forma? Los vecinos del pueblo habian visto a los nuevos inquilinos pero ninguno de los testigos recordaba que hubiesen preguntado por el camino hacia la casa de Kostiukov.
Lo cual significaba que ya conocian el camino. Dedujo que, el dia anterior, tras haber pagado el alquiler y recibir las llaves, el arrendatario debio de haber ido a Ozerki, donde encontro la casa y se la mostro a su acompanante, para que al dia siguiente la extrana comitiva no diese la nota en todo el pueblo con sus interminables indagaciones.
Morozov tenia una incognita mas: ?como era que, el sabado 23 de octubre, el arrendatario supo encontrar la casa de Kostiukov sin hacer, al parecer, una sola pregunta a los vecinos de Ozerki? Alguien vio y recordo al grupo que llego el domingo, en cambio, esos dos hombres (?o era uno solo?; no, lo mas probable era que fueran dos) que habian llegado en coche el sabado y buscaron la casa del tio Pasha, pasaron completamente desapercibidos. Parecia muy raro, pero Yevgueni no conseguia dar ninguna explicacion a este hecho. Era lo de menos, seguia convencido de que en el coche que estaba buscando iban dos personas como minimo. Por supuesto, siempre que tal coche existiera. Morozov ahuyento la idea de que pudieron haber hecho el viaje en tren porque esa idea le dejaba sin la menor perspectiva de obtener el exito.
En una comisaria de policia de trafico le preguntaron:
– ?A quien buscas, capitan? ?Tal vez le conocemos?
– Ojala lo supiera -suspiro Morozov con pesadumbre-. Por si acaso voy mirandolo todo, igual tengo suerte.
– ?No sabes como se llama?
– No.
– ?Y la marca del coche?
– Tampoco. Es posible que pasaran por aqui sin que nadie les parase.
– Vaya faena, chico -dijo un sargento de policia de trafico entrado en anos-, no te arriendo la ganancia. ?Sabes lo que puedes hacer? Pregunta por los alrededores de Iksha. A finales de octubre tuvieron una emergencia cuando dos menores se escaparon del correccional, durante una semana larga registraron todos los coches hasta que cogieron a los chavales. ?Adonde iba tu cliente?
– A Yajroma.
– Entonces, de ninguna de las maneras pudo haber obviado Iksha. Si fue durante aquella semana, cuando hubo controles en la carretera, por narices tenian que pararle y tomarle la filiacion.
Morozov salio para Iksha zumbando. Y en efecto, alli la suerte le sonrio. Justamente el dia anterior, el viernes 22 de octubre, del correccional de menores situado en Iksha se habian fugado dos adolescentes. Aunque llamarles adolescentes no era del todo exacto, pues ambos habian cumplido ya los dieciocho anos y estaban esperando el transporte que les llevaria a terminar de cumplir sus considerables condenas en una penitenciaria de adultos. Ambos fugitivos habian sido procesados por el mismo delito, atraco a mano armada con asesinato, habian cumplido en el centro de menores algo menos de un ano e iban a pasar los nueve restantes en condiciones mucho mas severas y mucho menos confortables. Por lo visto, la fuga habia sido organizada desde el exterior. Los muchachos estaban clasificados como delincuentes peligrosos, propensos a utilizar la violencia, por lo que, tan pronto como se hubo detectado su fuga, el pueblo de Iksha fue bloqueado, y eludir los controles para entrar o salir de alli resulto imposible. Se habia recibido informacion fidedigna de que los fugitivos se ocultaban en algun sitio en un radio de diez kilometros, y la policia pudo echarles el guante al quinto o sexto dia, cuando intentaban abandonar el pueblo…
La noche del mismo dia, Morozov tenia sobre su mesa la lista increiblemente larga de los conductores, y sus vehiculos, que habian cruzado Iksha dirigiendose a Yajroma el dia 23 de octubre. Podia empezar a cribarla.
Kostiukov sostenia que el hombre que queria alquilarle la casa habia ido a verle despues de comer. Por consiguiente, los primeros en ser eliminados de la lista fueron los que habian hecho el trayecto Moscu-Yajroma antes de las doce del mediodia y despues de las seis de la tarde. Les siguieron los camiones que se dirigian a destinos lejanos, los coches que transportaban familias con ninos pequenos (a condicion, claro esta, de que entre los pasajeros solo hubiera un hombre), luego les llego el turno a los automoviles sin pasajeros, cuyo conductor o bien no tenia la edad aproximada del arrendatario, o bien era mujer.
Yevgueni estuvo trabajando con la lista hasta bien entrada la noche, hasta que la redujo finalmente a 46 coches en los que viajaron un total de 119 personas. De ellas, 85 eran habitantes de Moscu, y Morozov decidio empezar por alli. Cuando Kamenskaya regreso de Italia, el capitan ya tenia a un sospechoso real: un tal Nikolay Fistin, director del club deportivo para jovenes El Varego. En su coche iba Alexandr Diakov, otro vecino de Moscu. Recordando que los testigos habian descrito a los acompanantes de Yeriomina en el tren y en el pueblo como muchachos deportistas y bien musculados, Morozov comprendio que, quiza, habia dado en el clavo. En cualquier caso, merecia la pena seguir esta pista. Si resultaba falsa, bueno, en la lista habia 29 vehiculos mas, seguiria trabajando con ellos, decidio. Para el lunes 19 de diciembre tenia prevista una cita importante con una persona que podia proporcionarle detalles sobre el club El Varego y su director. Por eso, cuando la vispera de ese dia, Kamenskaya, nada mas llegar a casa del aeropuerto de Sheremetyevo, reunio a todo el grupo y quiso endosarle a Yevgueni una nueva chorradita de las suyas, el hizo lo posible por escurrir el bulto, aunque solo fuese para tener libre aquel lunes. Lo cierto es que la chica de Petrovka se mostro sorprendentemente comprensiva y se abstuvo de
