Bronquitis cronica. Malos analisis de sangre, secuela de infecciones viricas agudas que la paciente habia aguantado al pie del canon (?que otra cosa podia esperar si nunca cogia bajas?). Al acercarse al inmueble de la carretera de Schelkovo, Tamara Sergueyevna ya habia compuesto en la mente los apuntes que anadiria al historial clinico y habia elegido el diagnostico que, con toda probabilidad, le haria a Kamenskaya, ano de nacimiento 1960.
Bajita, fondona, de pelo cano muy corto, ojos miopes detras de gruesas lentes de las gafas, Rachkova, que caminaba bamboleandose patosamente sobre piernas cortas y regordetas, no se parecia tanto a un medico como, mas bien, a una actriz comica que interpreta papeles de destiladoras clandestinas de la vodka, usureras, viejas alcahuetas y otros personajes repugnantes por el estilo. Solo el que hablara con ella un buen rato seria capaz de apreciar la viveza de su sentido del humor y su agudeza mental, y de creer que de joven habia tenido un encanto irresistible e incluso un peculiar morbo seductor. Por lo demas, el marido de Tamara Sergueyevna lo recordaba muy bien y seguia tratandola con ternura y consideracion.
Al examinar a Nastia, al tomarle la presion y el pulso, al auscultar los tonos de su corazon, Rachkova penso que, en efecto, a la joven no le vendria nada mal someterse a un tratamiento en el hospital. Su estado de salud dejaba que desear.
– Deberia ingresarla -dijo sin levantar la vista del historial donde anotaba los resultados del examen-. Sus vasos estan muy mal. Ya ha tenido una crisis y no parece que la segunda se haga esperar.
– No -contesto Nastia con brusca rapidez-. No quiero ir al hospital.
– ?Por que? -pregunto la doctora, que dejo el historial y abrio el bolso para sacar los impresos de baja-. En nuestro hospital no se esta nada mal. Pasara unos dias en cama, descansara, se encontrara mejor.
– No -repitio Nastia-. No puedo.
– Vamos a ver, ?no puede o no quiere? Por cierto, su jefe, Gordeyev, esta muy preocupado por su salud. Me ha encargado decirle que no tiene nada en contra de su ingreso. La necesita sana.
Nastia callaba mientras se arropaba con la gruesa bata y se tapaba los pies con la manta.
– No puedo ingresar en el hospital. No puedo, de verdad. Tal vez mas adelante, dentro de uno o dos meses. Pero no ahora. ?Por que lo dice, es que ha hablado hoy con Gordeyev?
– Si, me ha llamado para pedirme que la trate con especial atencion, ya que le ha comunicado que esta enferma. -Rachkova termino de rellenar la baja, introdujo con cuidado el tonometro en el estuche y miro a Nastia fijamente-. Gordeyev esta preocupado por usted. ?Quiere que le diga algo de su parte?
– Digale que el tenia razon.- Tambien, que me gustaria hacer mucho mas. Pero no puedo. Estoy atada de pies y manos. He empenado mi palabra y debo mantenerla. Le agradezco su atencion. Y a usted, la suya.
– Aqui tiene -suspiro la medica levantandose pesadamente de la mesa-. Por cierto, aquel joven encantador que esta sentado en la ventana de la escalera, en el piso de abajo, ?es un admirador suyo?
– Creo que si -sonrio Nastia con parsimonia.
– ?Esta al corriente su marido?
– Si, por supuesto, aunque no estamos casados.
– Es lo de menos. ?Quiere que se lo diga a Gordeyev?
– Si, digaselo.
– De acuerdo, se lo dire. Cuidese, Anastasia Pavlovna, se lo aconsejo muy en serio. Usted no presta atencion a su salud, eso es espantoso, asi no se puede seguir. Aproveche el respiro y, ya que de todas formas tiene que quedarse en casa, tomese las medicinas, duerma todo lo que pueda. Y coma bien, su delgadez no es nada buena.
Cuando Rachkova se marcho, Liosa empezo a vestirse en silencio.
– ?Adonde te crees que vas? -se extrano Nastia al verle quitarse el chandal y ponerse jersey y tejanos.
– Te han prescrito un tratamiento. ?Donde estan las recetas?
– No puedes irte, Liosenka; de todos modos, no te dejara salir. ?Has oido a la medica? Esta sentado en la escalera, en el piso de abajo.
– ?Me importa un comino! -exploto Chistiakov-. La palmaras aqui, delante de mis propios ojos, mientras esos perros pelean por su hueso.
Abrio la puerta violentamente y salio a la escalera.
– ?Eh, tu, bullterrier! -llamo en voz alta.
Se oyeron unos pasos leves y, desde el piso de abajo, saltando con ligereza los peldanos de dos en dos, subio un jovencito de cara bonita y pelo rubio.
– Ve a la farmacia -le ordeno Liosa con un tono que no admitia reparos-. Aqui tienes las recetas; aqui, el dinero. Devuelveme el cambio.
Sin decir palabra, el jovencito cogio las recetas y los billetes, dio media vuelta y corrio abajo ligera y silenciosamente.
– ?Compra el pan tambien, el negro! -le grito Liosa a su espalda.
– Oye, se va a mosquear -dijo Nastia con reproche cuando regreso al apartamento-. Piensa que dependemos de ellos en todo. Mas vale una mala paz que una guerra abierta.
Liosa no le contesto. Se acerco rapidamente a la ventana y se quedo mirando a la calle.
– Va embalado -observo siguiendo con la mirada la silueta, que se alejaba a trote deportivo en direccion a la farmacia-. Pero es otro. De manera que hay dos vigilandonos. Esa organizacion no es moco de pavo.
– Y que lo digas -confirmo Nastia con tristeza-. Dejame que al menos prepare la comida. ?Ay, Senor, como he podido meter la pata de este modo! La nina me da mucha pena, y Lartsev tambien.
– ?Y tu misma no te das pena?
– Tambien yo me doy pena. ?El caso era tan interesante, un verdadero rompecabezas! Tengo ganas de llorar de rabia. Tambien me da pena Vica Yeriomina. Ya se por que la han matado. Aunque, si quieres que te sea franca, estaba segura de que no consentirian que yo sacase esta historia a la luz del dia. Lo unico que no sabia era en que momento me pararian los pies y como lo harian exactamente. En otros tiempos me habria llamado el jefe de la PCM para ordenarme educadamente dejar el caso y ocuparme de otro crimen, cuya investigacion seria mucho mas peligrosa y complicada, por lo que habia que asignarlo a lo mejorcito del personal. Y yo deberia haberme sentido honrada porque su excelencia me hubiera llamado a mi y, dada la gran estima que le merecian mis conocimientos y capacidades, me hubiera pedido personalmente que tomara parte en la fiesta nacional de la busca y captura de un asesino sanguinario y temible. O alguna cosa de este genero. Luego, el Bunuelo suspiraria con pesar y me aconsejaria que no me preocupase, aunque el mismo estaria rabioso y por lo bajo seguiria haciendo las cosas a su manera pero en solitario, para evitarme las iras de los jefes. Antes, todo se conocia de antemano: sus metodos y nuestras reacciones. Ahora, en cambio, se arma cada barullo; una nunca sabe quien, donde, en que momento y de que manera querra meterte en cintura. Y no hay quien se salve de esa gente. Por cada desgraciado polizonte indigente hay demasiados ricos que pueden pagarse gorilas que nos harian pasar por el aro incluso si, de repente, todos sin excepcion nos volviesemos honrados, desinteresados y aceptasemos de buena gana vivir en apartamentos minusculos compartiendolos con los hijos y con los padres paraplejicos, sin posibilidad alguna de contratar a una enfermera cualificada para que los atienda. ?Que te voy a contar! Llevas toda la razon, Liosik, los perros estan peleando por su hueso. Y una joven lo ha pagado con su vida…
Al repasar la lista de las visitas a domicilio para organizar su itinerario de la forma mas racional posible, Tamara Sergueyevna Rachkova vio que una de las direcciones estaba al lado de su casa. Esto le venia de perlas. Tamara Sergueyevna decidio visitar al enfermo y luego pasar por casa, tomar un te y de paso llamar a Gordeyev. Tamara Sergueyevna vivia muy lejos de la clinica, por lo que en los dias en que su turno empezaba a las ocho de la manana tenia que madrugar mucho y hacia las once solia asaltarla un hambre canina.
Al entrar en el piso, en seguida oyo voces que llegaban desde el salon. «Otra vez estan aqui los filatelistas», comprendio Rachkova. Su marido se habia jubilado hacia poco y se dedicaba de lleno a su gran aficion, repartiendo su tiempo entre intercambios, compras, ventas, exposiciones, simposios y publicaciones especializadas sin fin, e incluso dando alguna que otra conferencia. La gente entraba y salia de su casa, el telefono sonaba tan a menudo que en ocasiones ni los hijos de los Rachkov, ni los amigos y companeros de la propia Tamara Sergueyevna conseguian comunicar con ellos durante varios dias. Todo esto condujo a que, con ayuda de amistades y obsequios, en el piso apareciera un segundo telefono y una segunda linea, destinados exclusivamente a los filatelistas, y su vida retorno a la normalidad.
Quedamente hasta donde se lo permitia su constitucion, Tamara Sergueyevna entro en la cocina, puso la
