casi dos decadas trabajando conmigo, eres mi mano derecha, mi primer ayudante, mi refugio y mi sosten. Has llorado en este mismo despacho cuando los medicos te dijeron que la mujer a la que querias tenia cancer, porque eras un hombre casado y no podias pasar a su lado los ultimos meses de su vida breve y no excesivamente feliz. Luego has vuelto a llorar pero de alegria, porque los medicos se habian equivocado y tu amada, aunque muy enferma, aun sigue con vida, y lo mas probable es que nos sobreviva a los dos. Siempre he confiado en ti, Pasha, y ni una sola vez, ?me oyes?, ni una sola vez en estos veinte anos me has fallado. Nos movemos en orbitas diferentes, porque tu no paras de discutir conmigo y, por lo general, no me das la razon ni en seguida ni despues de escuchar mis argumentos. Pero en el proceso de nuestras disputas torneamos y pulimos los planes estrategicos y las operaciones aunque, si he de serte sincero, a veces tengo ganas de matarte. Te falta la fantasia, el vuelo del pensamiento, la creatividad, pero en cambio yo los tengo de sobra, para dar y tomar, en una abundancia que puede resultar peligrosa para los demas. Eres un pedante, eres un plasta, un miedica, eres un grunon, un quejica, segun tu pasaporte tienes ocho anos menos pero me llevas setenta en las cosas de la vida. Permanecemos en orbitas distintas pero durante todos estos anos te he querido y te he creido. ?Que tengo que hacer ahora? ?Puedes explicarmelo?»
El coronel Gordeyev se santiguo mentalmente y tomo la decision.
– Veras, Pasha -dijo con voz bien modulada e inexpresiva, luchando por dominar el tembleque interior y desoir el repugnante y pegajoso falsete que, malicioso, le susurraba: «?Y si el, tambien…? ?Como sabes que no esta con ellos?»
Zherejov escucho al jefe sin interrumpirle. Sus pequenos ojillos oscuros chisporroteaban atentos; la espalda, habitualmente algo encorvada, ahora se le habia doblado de modo que parecia que no tenia cuello, ni tampoco pecho, tanto habia hundido la cabeza entre los hombros que el menton parecia haberse adherido para siempre a la mano sobre la que se apoyaba.
A medida que el relato de Victor Alexeyevich avanzaba, los labios de Zherejov se fueron afilando, hasta que al final, el breve cepillito de su bigote toco la barbilla. Ahora estaba desafiante, exasperadamente feo y recordaba a un huron que se encoge antes de atacar.
Cuando Gordeyev se callo, su ayudante permanecio en silencio un rato, luego lanzo un profundo suspiro, enderezo los hombros, estiro los dedos ferreamente enlazados y, con un mohin lastimero, se restrego la entumecida espalda.
– ?Que me dices, Pasha? -rompio el silencio Gordeyev.
– Varias cosas. Primero, no tiene nada que ver pero te lo dire de todos modos, ya que llevamos mucho tiempo trabajando juntos y, si Dios quiere, tenemos todavia para un buen trecho. Primero, tu sospechas de todos, incluyendome a mi. Te ha costado iniciar esta conversacion porque crees que Lartsev tal vez no sea el unico implicado. Ni siquiera ahora sabes a ciencia cierta si cometes un error discutiendo conmigo el caso de Yeriomina. Quiero que sepas una cosa, Victor, no lo he tomado a mal. Me doy perfecta cuenta de lo duro que ha de ser sospechar de todos aquellos a quienes quieres y respetas. Pero has de reconocer que nuestro trabajo tiene esos lados oscuros, incluso, si quieres, sucios. No podemos evitarlos, no podemos pasarlos por alto, asi que no tienes por que sentirte incomodo. No has sido tu quien lo invento, y no tienes la menor culpa.
– Gracias, Pasha -dijo Gordeyev en voz baja.
– No hay de que -se rio Zherejov-. Ahora, segundo. Respondeme a esta pregunta, Victor: ?que es lo que quieres?
– ?En que sentido?
– Tienes dos problemas: el asesinato de Yeriomina y tus subordinados. Comprenderas que no puedes resolver los dos a la vez. No disponemos de muchos efectivos. De aqui mi pregunta: ?cual de estos dos problemas quieres resolver y a cual vas a renunciar?
– Como has cambiado, Pasha -observo Gordeyev-. Si mal no recuerdo, no ha pasado ni un ano desde que por poco nos peleamos cuando intente convencerte de que podiamos renunciar a detener a un asesino a sueldo si podiamos obtener a cambio una posibilidad de comprender el funcionamiento de la organizacion que le habia contratado. En aquel entonces protestaste mucho, me amenazaste con miles de castigos divinos que caerian sobre mi por haber traicionado los intereses de la justicia. ?Lo recuerdas?
– Si que lo recuerdo. Por cierto, no ocurrio hace un ano sino hace un ano y medio. Siempre has pensado mas de prisa que yo, siempre cogias todos los cambios al vuelo, y por esta razon tu eres el jefe y no yo. Como sabes, Victor, soy duro de mollera. Lo que a ti te parecia obvio el ano pasado, yo empiezo a comprenderlo ahora. Asi que, dime, ?tienes posibilidades de resolver el asesinato de Yeriomina?
– ?Te digo la verdad?
– La verdad.
– Si quieres saber la verdad, no. Puedo resolverlo pero no quiero.
– ?Por que?
– Porque no quiero perder a gente. El hombre que ha desplegado tales esfuerzos para ocultar una violacion que ya ha prescrito y que, por conseguirlo, ha cometido un nuevo crimen, no se parara ante nada. No le amenazaban ni el proceso ni la carcel, la victima no habia presentado la denuncia, no se le hubiese podido reclamar responsabilidad penal de ninguna de las maneras. El envio de manuscritos al extranjero y su utilizacion en provecho propio, incluso si aporta pingues beneficios, no son punibles por la ley, pertenecen al ambito del derecho de la propiedad intelectual. Y si estaba tan asustado que organizo el asesinato de la muchacha en cuanto se olio que tendria problemas, significa que vio amenazada su reputacion que, al parecer, en su situacion actual le importa mucho mas que la libertad. Pero, Pasha, nada hay mas importante que la libertad. Solo la vida.
– Y ahora ?que? ?Quieres decir que su reputacion la sostiene todo un grupo de gente que no tendra escrupulos para prescindir de el si les falla?
– Exactamente. O, si no es asi, entonces carga con otros pecados, que con toda seguridad saldran a relucir de continuarse el trabajo sobre el caso de Yeriomina. Por eso creo que luchara a muerte. Su propia vida esta en juego. Hoy cuenta con la colaboracion de Lartsev, le habra prometido el oro y el moro. Manana querra meter en vereda a alguien mas. Solo dispone de dos medios: el soborno y el chantaje. Todos nosotros vivimos de nuestro sueldo, todos nosotros debemos mantener a nuestras familias. Aqui lo tienes, Pasha, el esquema integral. Ya han empezado a trabajarse a Anastasia. No puedo correr mas riesgos.
– Estoy de acuerdo contigo -asintio Zherejov-. Tampoco yo los asumiria. Lo haria de algun otro modo. ?Tienes alguna idea?
– Ninguna -suspiro Gordeyev.
De pronto se levanto del sillon y empezo a dar vueltas por el despacho, transformandose al instante en Gordeyev el Bunuelo de siempre.
– No conseguire inventar nada hasta que entienda que es lo que le sucede a Kamenskaya -exclamo con nerviosismo, zigzagueando a la espalda de Zherejov, rodeando la larga mesa de conferencias-. Tengo las manos atadas, temo dar un paso en falso y perjudicarla. Pasha, piensa que el hecho de que no haya querido mandarme ningun mensaje con la doctora nos dice una sola cosa: de alguna manera se ha enterado de que Lartsev no es el unico que esta en el ajo sino que hay otros y no sabemos quienes son, por lo que mas vale no fiarse de nadie. ?Como se ha enterado? ?Que le ha ocurrido? Existen miles de variantes e hipotesis que podriamos poner a prueba ahora mismo pero que solo conviene utilizar cuando sepamos que es lo que pasa en realidad. Si lo hacemos a ciegas, ?la liamos!…
– Tranquilo, Victor, no te sulfures -le interrumpio inesperadamente Zherejov, que conservaba la calma-. Haz lo que ellos dicen.
– ??Que?!
Gordeyev se quedo de una pieza, la mirada incredula fija en el ayudante.
– ?Que has dicho?
– He dicho que hagas lo que ordenan. ?Quieren que se pare la investigacion del caso del asesinato de Yeriomina y el crimen quede impune? Como quien dice, de mil amores y con mucho gusto. Declarate en huelga. Luego te sientas a caballo en la tapia y disfrutas con el espectaculo de la batalla de los leones en la selva.
CAPITULO 13
