Desaparece alguien, yo le busco y no pregunto si ha hecho alguna fechoria ni a quien. Mi tarea es encontrarle.

– ?Y por que le buscas aqui precisamente?

– Porque aqui es donde esta empadronado, en el distrito Norte. Es el abece de la policia: siempre hay que empezar por el domicilio, por los padres y amigos.

– ?Que pasa, quieres asignarmelo de hijo? ?O de amiguete?

– Bueno, abuelo, ya esta bien de bromas. ?Puedes ayudarme?

Al instante, la sonrisa bobalicona se borro del rostro del abuelo Nafania. El nombre de Sasha Diakov no le sonaba de nada, asi que se tranquilizo y reflexiono en serio sobre el modo de echarle una mano al teniente.

– Dame la direccion.

Despues de oir el domicilio donde estaba empadronado Diakov, el abuelo nombro en seguida varios «puntos calientes» donde organizaban sus juergas los jovenes del barrio, y luego le dio al capitan las senas del hombre que «se encargaba» de ese territorio y lo sabia todo de todos. El hombre en cuestion, segun el abuelo Nafania, habia trabajado durante muchos anos en el KGB, luego alli, por falta de trabajo, se «olvidaron» de el y, enfadado, fue y se vendio, al mismo tiempo, a la policia y a la mafia comercial del area, que controlaba el mercado negro de los recambios de automovil.

– Si el no lo sabe, no lo sabe nadie -le aseguro el abuelo al capitan-. Pero no se te ocurra decirle que eres policia o que yo te he dado su nombre. Antes ve a ver a Said, es el numero uno del mercado, a este si puedes decirle que vas de mi parte y, si a Said le parece bien, te llevara a ver a aquel tipo. Pero convencer a Said no es facil, anda con la mosca detras de la oreja, no se me ocurre nada que puedas decirle para que hable contigo.

– No temas, abuelo, ya me las apanare para convencer a ese Said tuyo. No he nacido ayer. ?Es que se te ha olvidado la de veces que me mandaste a hablar con esa clase de gente? No he fallado ni una sola vez. Y tampoco te he fallado nunca. Sabes que no voy a verle con las manos vacias, no me chupo el dedo, descuida.

– Cierto -asintio el abuelo Nafania, llenando la tetera de porcelana de te indio y echando agua hirviendo-. Siempre me he sentido tranquilo trabajando contigo, teniente, para mi tu palabra vale mucho. Eres un poli chapado a la antigua, ya apenas quedan otros como tu, sois una especie en vias de extincion. Y esos jovencitos, de la nueva hornada, ?acaso tienen alguna idea de como hay que trabajar? Ni siquiera saben hablarnos a los viejos. ?Lo quieres fuerte?

El anciano echo te macerado en los vasos, que relleno con agua caliente, abrio la caja del azucar y saco de un escondrijo debajo de la mesa una bolsita de rosquillas.

– No me hagas enfadar, abuelo -le reconvino Morozov, extrayendo de su bolsa de deporte una gran caja redonda sobre cuya tapa estaban dibujados unos alegres patinadores en una pista de hielo-. Nunca he ido de gorra. Toma, son galletas holandesas.

– Asi me gusta -se animo Nafania-. Pronto todo el mundo se ira a sus casas, y le echaremos al te cuatro gotitas de la medicina, a la salud del ano nuevo. ?Que ricas son! -anadio metiendose en la boca un par de galletas a la vez.

– Que aproveche -sonrio Morozov-. En cuanto a los jovenes, en esto, abuelo, tienes mas razon que un santo. De la vieja escuela no queda nadie, y esos no tienen idea de nada. Ya no se si es que ya no les ensenan o si simplemente no quieren aprender. Antes, cuando debiamos ajustamos a las estadisticas de casos resueltos, nos matabamos trabajando con tal de resolver un crimen. No mantienes los indices, rapapolvo al canto, o peor aun, descenso en el escalafon. Si te meten una sancion, no cobras la paga extra. Cinco sanciones, te quitan de la lista de espera para el piso, etcetera. Nos tenian cogidos por las narices, de modo que echabamos los bofes. Pero ahora, los indices no le importan a nadie, ya no hay pisos gratis, han abolido el partido, ?a quien van a temer? Asi que trabajan chapuceramente y no quieren aprender nada. Encima se dan aires de superioridad con nosotros, los de mas edad.

– Eso, eso mismo -corroboro el anciano-, lo has dicho bien, no saben nada pero lo peor es que no quieren aprender. Hace poco se me planto uno aqui diciendo que a la comisaria del barrio iba a ir un chaval, que solo estaria un mes, para hacer practicas o algo asi. Pues me dijo: «Nafanail Anfilogievich, ayudale a sacar un buen indice, para que manden a la academia informes sobresalientes.» Piensa, teniente, lo que ha cambiado el mundo si la policia viene a pedirme a mi, que he sido condenado mil veces, para que ayude a no se quien y solo por su cara bonita a mejorar las estadisticas, para que luego a ese «resolvedor de crimenes» le den una buena colocacion por los resultados brillantes de su trabajo. Seria distinto si me hubiesen pedido que le ensenara lo que yo se, que le mostrara el territorio y le explicara como se hacen aqui las cosas, por donde respira cada quien, que le diera algun consejo si venia al caso. En resumen, si ese chaval hubiese venido aqui a trabajar y se hubiese tenido que ponerlo en antecedentes, eso lo podria entender. Pero ?ayudarle a pastelear? Tienen un morro que se lo pisan.

– ?Y el chaval? -quiso saber Morozov-. ?Le has ayudado?

– No tuve ocasion, gracias a Dios.

– ?Y eso?

– Pues nunca aparecio. Me habian dicho que estaria aqui a partir del 1 de diciembre, y hasta ahora no he tenido noticias. Tal vez han cambiado de opinion o le han mandado a hacer las practicas en otro sitio. Aqui tienes el ejemplo -dijo el anciano acongojado-. Han perdido formalidad. Vino aqui, hablo conmigo y nunca mas se supo. De acuerdo, no me necesitas, el chico no hara las practicas aqui, vale, pero levanta el culo del sillon, pasate por aqui y avisame: «Perdone la molestia, he metido la pata, no voy a necesitar de sus servicios.» Para mi, por supuesto, no ha sido ninguna molestia, no ha venido, mejor, pero debe haber algun orden. ?Que me dices, teniente?

Las palabras del abuelo Nafania le llegaban al capitan como a traves de un algodon. Recordo como el estudiante Mescherinov contaba: «He venido a parar a Petrovka en el ultimo momento. En realidad iba a hacer las practicas en el distrito Norte, en la comisaria Timiriazev.»

?Quien seria ese alumno de la Academia de la Policia para que se le rodease de tantos mimos? Como minimo, deberia ser hijo del ministro del Interior. O… Y el tonto de el se extranaba de que la pipiola hubiera renunciado al caso, de que lo hubiera dejado. ?Y si el estudiante de marras la habia confundido? ?Y si habia hecho lo mismo que el propio Morozov, ocultarle la informacion, aunque con otro fin? ?Con cual? La respuesta a esta pregunta era algo mas que desagradable. Era aterradora.

Pero mas aterrador aun le parecia al capitan el dia de manana. Si aquellas oscuras fuerzas estaban interesadas en que el asesinato de Yeriomina nunca fuese resuelto, el, Yevgueni, simplemente no llegaria a ver ese dia de manana. Avanzaba en linea recta, barriendolo todo a su paso, ufano con su competencia profesional, con su empeno, con su experiencia como detective, con haberle tomado la delantera a la pipiola de Kamenskaya compitiendo en desigualdad de condiciones. Y ahora resultaba que habia estado caminando al borde del precipicio y que estaba vivo de milagro.

Tal vez, no ese mismo dia sino al siguiente, el abuelo Nafania le contaria a quien correspondia que alguien le habia preguntado por Sasha Diakov, despues de lo cual Morozov no duraria en este mundo mas de unas horas. ?Pedirle al viejo que no dijera nada a nadie? Si lo hacia, podia dar por descontado que informaria sin falta a su protector de la comisaria del barrio y, probablemente, a alguien mas tambien.

– ?Que te pasa, teniente? -le llamo el viejo-. ?En que estas pensando?

– En todo un poco -contesto el capitan descorazonado-, en la vida en general. Va siendo hora de que me jubile, estoy cansado. Ya tengo derecho a la pension, no se que hago dando el callo como antes, si de todas formas no me entiendo con los nuevos, con los jovencitos. Acabaran por hacerme la vida imposible. He venido aqui para encontrar a un chico y, sin embargo, todo lo que tengo en la cabeza es mi huerto, el invernadero que habria que instalar, que yo solo no sabria construirlo y tampoco tengo dinero para contratar a alguien. Cosas asi…

Al salir a la calle y respirar el aire helado, Yevgueni se animo un poco. Intento recordar todo cuanto sabia de Oleg Mescherinov, como caminaba, como hablaba, como trabajaba.

Pero por mas que el capitan forzaba su memoria, no conseguia detectar un solo indicio de que el estudiante, de un modo u otro, les hubiera impedido hacer su trabajo. En cambio, vio con extrema claridad, como en una pelicula, que la pipiola no se fiaba de nadie, el estudiante incluido.

Entonces, ?sabia desde entonces que era del otro bando? Los pensamientos del capitan pronto perdieron el norte y se enmaranaron, no estaba acostumbrado a reflexionar sobre situaciones complicadas, le faltaban la

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