– Pero como… ?Que sera de mi caso?

– Ha dejado de interesarme.

– ?Pero si yo le he pagado! Arsen, ?no puede abandonarme a mi suerte! -imploro Gradov-. Usted mismo decia que solo teniamos que aguantar unos cuantos dias, hasta el 3 de enero. ?Por que me deja? Si me he equivocado en algo, pues perdoneme; si hay algo que he hecho mal, no ha sido con mala intencion. Arsen, se lo suplico, usted no puede…

– ?Yo? -se extrano Arsen con frialdad-. Yo lo puedo todo. Puedo hacer esto y lo otro, y lo que me de la gana. Usted no me interesa, no le necesito, comprendalo, haga el favor. Tengo mi trabajo, tengo una causa personal, a la que sirvo con gusto y espero que no demasiado mal. Pero aparece usted e intenta forzarme a que deje de trabajar de la forma en que acostumbro a trabajar y con la gente que suelo utilizar. En estas condiciones, el trabajo se me da mal, usted me estorba. ?Por que voy a pegarme palizas, por que voy a dejarme las unas complaciendole? ?Por su linda cara? Usted, senor Gradov, tendra mucho peso en la Duma pero para mi es un don nadie y don nada, un fulano. ?Por los honorarios? Usted, con sus ansias usureras, solo ha conseguido una cosa: estoy dispuesto a devolverle su dinero porque mi seguridad personal vale mas. ?Cree que la disolucion de nuestro contrato va a danar mi reputacion en el mundillo que recurre a mis servicios? Le aseguro que esta historia solo me aportara beneficios. Manana mismo todos los interesados sabran que, primero, pongo los intereses de la seguridad por encima de los monetarios, y segundo, que deben obedecerme y que no pueden estorbarme. Si no, abandonare a mi cliente a su suerte sin el menor escrupulo. Recuerdelo bien, Serguey Alexandrovich, no ha nacido todavia un cliente por el que este dispuesto a hacer concesiones. ?Tiene algo que decirme?

– Quiero… ?Que tengo que hacer para que continue trabajando? Digame sus condiciones, las acepto todas.

Arsen estudio el rostro hermoso y distinguido de Gradov con interes. Ni siquiera el desconcierto y el miedo le habian hecho perder su atractivo sino que le imprimian cierto gesto tragico. ?Entretenerse un ratito regateando con el? Desde luego que no iba a continuar trabajando para el, ni hablar, con los tipos como este se debia cortar por lo sano, pero seria curioso averiguar hasta donde era capaz de llegar en su deseo de salvar el pellejo. Si retiraba a su gente del caso de Yeriomina, la policia tardaria en resolverlo un dia, dos como mucho. ?Entenderia eso Gradov o no?

El silencio se prolongaba y Gradov no aguanto mas. Se habia dejado llevar por los nervios y habia perdido todo dominio de si mismo.

– ?Por que no me contesta? ?Disfruta con verme humillado? ?Disfruta con observar mi miedo? ?Me odia, nos odia a todos nosotros porque hemos derribado su viejo sistema que le aseguraba su trozo de pan con mantequilla y caviar negro, antes tenia poder y ahora no le hace falta a nadie, ya nadie le tiene miedo, y por eso odia a todo el mundo y se venga en los que son como yo! Se cree muy poderoso, ?verdad? Pero si no es mas que una pequena rata rabiosa; si, si, exactamente, una pequena rata, rabiosa y apestosa, que se nutre de desechos del vertedero de la sociedad y es la primera en abandonar el barco en cuanto huele el peligro. ?Rata! ?Rata! Ay, Dios mio…

Gradov oculto la cara entre las manos. Arsen se levanto en silencio, se acerco al barman, pago el cafe y la copa. Luego reflexiono y saco de la cartera unos billetes mas.

– Aquel caballero ha tenido un gran disgusto -dijo senalando con la cabeza a Gradov, que estaba sentado en el rincon-. Desgraciadamente, me ha tocado darle una noticia muy desagradable y esta muy angustiado. Si dentro de unos cinco minutos sigue todavia ahi, llevele un conac doble. Pero que sea del bueno.

– Asi se hara -asintio el barman-. ?Y si resulta que el conac no hace falta?

– Entonces, quedese con el dinero.

Arsen salio a la calle sin prisas y comprobo, sorprendido, que la conversacion con Gradov le habia dejado un mal sabor de boca. Durante su larga vida, Arsen habia mantenido muchas conversaciones desapacibles y habia aprendido a superarlas sin emocionarse apenas. Pero algo de lo que Gradov le habia dicho le habia herido; tal vez eran sus sospechas de que odiaba a todo bicho viviente; tal vez, que le hubiera llamado rata apestosa… En cambio, ahora Arsen no tenia la menor duda de que habia hecho bien al interrumpir su trabajo para Gradov. Alguien capaz de perder los estribos, de descomponerse con esta facilidad era peligroso. Se debia evitar tener tratos con la gente asi. En cuanto a la pequena rata rabiosa y apestosa, bueno, ya le haria acordarse de la ratita.

En el despacho del juez de instruccion Olshanski, el coronel Gordeyev colgo el telefono con cuidado y se seco la resplandeciente calvicie con un enorme panuelo azul celeste.

– ?Que me dices? -pregunto poniendose en pie y emprendiendo la excursion por el perimetro del despacho lugubre y destartalado.

– En mi vida le he oido largar tantas trolas de una sola vez -observo Konstantin Mijailovich-. Hasta las he contado con los dedos, para no equivocarme.

– ?Y cuantas le han salido?

– Que yo le haya chillado, una. Que me haya puesto de vuelta y media, dos. Si la memoria no me falla, hace mas de diez anos que nos conocemos y nos hemos aguantado todo este tiempo sin conflictos notables. En cualquier caso, no nos hemos levantado la voz el uno al otro en la vida. ?O me equivoco?

– No, no se equivoca.

– Bueno, prosigamos. Goncharov no ha ido a verle, ni usted, a su vez, tampoco ha ido a ver al general, estas hacen la tres y la cuatro. El que el ultimo documento del expediente penal del asesinato de Yeriomina este fechado en el 6 de diciembre, cinco. ?Suficiente?

– Mas que suficiente. ?No le parece extrano que tengamos que hacerlo por el bien de la justicia? Le formulare la pregunta de otro modo: ?no le parece extrano que el oficio que mas mentiras obliga a usar tenga por objeto defender los intereses de la justicia? ?Bonita paradoja!

– Que le vamos a hacer, Victor Alexeyevich, en la guerra como en la guerra. No estamos aqui para jugar e intercambiar juguetes con esa gente.

– ?Pero si no es una guerra, eso es lo malo! -exploto el Bunuelo, aferrandose con los dedos regordetes y fuertes al respaldo de la silla que en ese momento se encontro en su camino. Bajo el peso del coronel, la silla crujio amenazadoramente-. Las guerras tienen sus leyes, que son obligatorias para todas las partes. Todos los bandos estan en igualdad de condiciones. Ademas, incluso canjean a sus prisioneros. ?Y nosotros? Nos disparan cuando y como les parece, mientras que nosotros tenemos que rendir cuentas de cada disparo, gastamos toneladas de papel en informes. Ellos tienen dinero, gente, armas, coches con motores potentes, cuentan con los ultimos avances tecnologicos, mientras nosotros, con lo que trabajamos es con una maleta de analisis forenses fabricada en la posguerra y expertos autodidactos, ni para gasolina tenemos. Pero ?que le voy a contar, como si usted mismo no lo supiera! En una guerra siempre hay la esperanza de que las tropas de la ONU acudan a ayudarte si la situacion se vuelve insostenible. ?Y a nosotros quien va a ayudarnos? ?El batallon de la paz de la flor y nata mafiosa? No, Konstantin Mijailovich, por desgracia, no estamos en una guerra. Nos defendemos con las fuerzas que nos quedan intentando conservar los restos miserables de lo que antiguamente se llamaba orgullo y pundonor profesional.

Olshanski miro a Gordeyev pensativo. En su fuero interno le daba la razon pero no queria ahondar en la peliaguda materia. Mas adelante quiza tendria que hablarle de Lartsev. ?Conocia el coronel la verdad o no? Seria mejor no correr riesgos.

– ?Cree que su espectaculo dara resultados? -se salio por la tangente.

– Me gustaria creerlo.

Gordeyev se dejo caer sobre la silla pesadamente, hizo chasquear los cierres del maletin, extrajo un frasquito de validol, medicamento que tomaba contra los dolores del corazon, y se coloco una pastilla bajo la lengua.

– Estos dias no estoy muy bien de salud -se lamento cansinamente-. No pasa un dia sin que el corazon no me haga alguna trastada. En cuanto a Anastasia, confio en que haya utilizado los dedos para lo mismo que usted mientras hablaba conmigo. No podemos hacer nada mas por ella, ni ayudarla, ni aconsejarla. Si sabe interpretar lo que he dicho, bendita sea, y si no, pues nada.

– Supongamos que lo comprende todo. ?Que espera que haga entonces?

Desconcertado, el Bunuelo clavo la mirada en el instructor, mientras por inercia se seguia frotando el lado izquierdo del pecho.

– Konstantin Mijailovich, tal vez no ha entendido como es mi Anastasia. Si hay algo en que se diferencia de los demas es justamente en que actua de forma imprevisible. Esperar de ella algo que no sea el resultado final no

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