sirve de nada. El resultado si lo producira siempre que sea minimamente posible, pero lo que hara para conseguirlo solo Dios lo sabe. Mi Korotkov suele decir que no hay forma de comprender como esta organizada su cabeza.

– ?Es usted un verdadero cacique! -rompio a reir Olshanski quitandose las gafas-. Mi Anastasia, mi Korotkov. ?Y los demas colaboradores tambien son suyos o tiene suficiente con estos dos?

– No se de que se rie -objeto Gordeyev muy serio-. Todos son mios, son mis hijos, a los que he tenido que educar y proteger pase lo que pase. Ni a uno solo de ellos, ?me oye?, ni a uno solo los jefes le han llamado nunca a capitulo porque siempre he sido yo quien da la cara por cualquier falta o error que hayan podido cometer. Yo me persono, armo la escandalera, convenzo, pido. Para mis chicos soy el muro de piedra detras del cual pueden trabajar tranquilamente sin perder tiempo y nervios en los vapuleos de nuestros mandamases. Les quiero a todos y les creo a todos. Y por eso son mios.

«?Y Lartsev?», pregunto Konstantin Mijailovich para sus adentros. Gordeyev, por supuesto, no oyo su pregunta. Pero la leyo en los grandes y hermosos ojos del juez de instruccion, que no estaban tapados ni deformados por las gruesas lentes de las gafas.

«?Por que lo preguntas? ?No lo adivinas? Si, tambien Volodya Lartsev es mio. Y en parte tengo la culpa de que haya cometido un error inmenso e irremediable. No he sabido infundirle la confianza de que puede hablarme de estas cosas, y el muchacho ha optado por resolver sus problemas en solitario, por cuenta propia, sin anticipar lo que iba a venir, sin pararse a pensar en las consecuencias. Somos culpables los dos y los dos vamos a pagarlo. Por haber cometido un error no ha dejado de ser uno de mis hijos, y estoy obligado a defenderle a capa y espada», contesto el coronel mentalmente. Mientras, en voz alta, dijo:

– De manera que Anastasia esta encerrada en casa y no puede hacer gran cosa. Habra recibido alguna amenaza, una amenaza seria, y por eso teme cometer una imprudencia. Su telefono esta pinchado, en la escalera hay un tipo vigilando que no salga y que nadie vaya a verla. Tengo entendido que basta que de un paso en falso para que cumplan esa amenaza. Por eso no podemos lanzar un ataque abiertamente.

– Ha dicho que esta manana una medica ha ido a verla. ?Como la han dejado pasar?

– Probablemente porque era una de las condiciones: tenia que llamar al medico para que le diera la baja y asi obtener una justificacion para quedarse en casa y no ir a trabajar.

– ?Pero como sabian que el o la que iba a verla era medico y no uno de sus colaboradores? ?Acaso le han pedido que se identificara?

Gordeyev se quedo de piedra. En efecto, ?por que le permitieron a Rachkova entrar a ver a Nastia sin comprobar que realmente era medica? Tamara Sergueyevna habia dicho que el joven que hacia la guardia subio detras de ella sin disimulos y miro quien llamaba al apartamento de Kamenskaya. Pero, evidentemente, no era suficiente para asegurarse de que la que estaba delante de la puerta no era una funcionaria de la policia criminal sino una medica de verdad, que venia de la clinica. Tal vez Rachkova no se lo habia contado todo. Rayos, ?como no se le habia ocurrido antes? Seria que se estaba haciendo viejo, que estaba perdiendo facultades, que sus reacciones ya no eran lo que habian sido si pasaba por alto esas obviedades…

Victor Alexeyevich agarro el auricular.

– ?Pasha? ?Alguna novedad? ?Morozov? Vale, de acuerdo, que me espere, no tardare. Pasha, necesito los datos de una tal Tamara Sergueyevna Rachkova, es medica de cabecera de nuestra clinica. Con urgencia. Pero que lo bordes, que se oiga menos que una mosca volando. Estare ahi dentro de media hora.

Habia algo que le impedia salir del despacho del juez de instruccion Olshanski en seguida. No sabia si era el dolor que asomaba a los ojos de Konstantin Mijailovich o si ese dolor anidaba en su propio corazon, pero era consciente de que no podia y no debia marcharse asi como asi, sin decir ni preguntar nada. Si existiesen ondas que transmitieran informacion de persona a persona sin recurrir a medios tecnicos, el coronel ya hubiese estado corriendo hacia Petrovka, rogando a Dios que no le dejase llegar tarde. Pero aunque tales ondas existieran, Victor Alexeyevich no era de la clase de gente que sabia captarlas y descifrarlas, por lo que, luchando con la timidez y la cautela habitual, hablo, a pesar de todo, de Lartsev.

La conversacion se prolongo un cuarto de hora largo pero le aclaro a Gordeyev muchas cosas.

– Si no se equivoca y Lartsev, en efecto, se alegro cuando le restrego por las narices su falsificacion de los protocolos, solo puede significar una cosa: le molesta el papel que los criminales le obligan a interpretar y supone que ahora que sus apanos han sido descubiertos le dejaran en paz, porque continuar utilizandolo seria arriesgado. ?Ha empezado a tener mas dinero?

– ?De donde?

– De alli. No estara trabajando gratis para esa gente, ?verdad? Konstantin Mijailovich, hace tiempo que conoce a Volodya, digame, ?ha notado algun cambio en su modo de vida durante los ultimos meses? Compras importantes, gastos extraordinarios, yo que se…

– Yo tampoco lo se. Quiero pensar que lo sabria si algo asi se hubiera producido. Nada mas que ayer se lo habria dicho con toda certeza pero hoy no puedo asegurarle nada -contesto Olshanski con voz empanada.

– Perdoneme, se que le une a Lartsev una gran amistad -dijo Gordeyev con aire culpable-. No tenia que haber empezado esta conversacion, me resulta tan dolorosa como a usted. Pero tenemos que pensar tambien en Anastasia, expuesta a no se sabe que amenazas, quiero evitar causarle dano y por eso necesito saber todo lo posible para comprender que es lo que puedo y que no puedo hacer. Le pido perdon -repitio levantandose de la mesa con dificultad.

«Cuanto he envejecido -penso el coronel abrochandose con dedos rigidos el pesado abrigo, todavia humedo de aguanieve-. Me siento apatico, se me entumece una mano, me he puesto en pie y la cabeza me da vueltas. Solo tengo cincuenta y cuatro anos pero en dos meses me he convertido en un cascarrabias achacoso. Ay, Lartsev, Lartsev, ?por que demonios lo has hecho? ?Por que no has ido a verme en seguida? ?Por donde te han agarrado?»

Luchando con el mareo, bajo la escalera aferrandose a la barandilla, atento a los peldanos. Y en ese momento comprendio por donde habian agarrado a Volodya Lartsev. Y tambien comprendio que a Nastia la habian agarrado por el mismo sitio. Con toda la rapidez que daba de si su salud, llego junto al sargento que montaba la guardia en la entrada de la Fiscalia y, sin pedir permiso, acerco hacia si el telefono.

– ?Pasha? ?Donde esta Lartsev?

– En la carcel, hoy tiene dos interrogatorios alli.

– Encuentralo, Pasha, encuentralo por huevos, ahora mismo.

– ?Y tu donde andas, por cierto? -pregunto Zherejov con sorna-. Habias prometido estar aqui dentro de media hora. ?No se te habra olvidado que Morozov esta esperandote?

– Se me ha olvidado. Voy para alla, ya estoy en la puerta. ?Le tienes en tu despacho?

– Ha salido a comprar tabaco.

– Disculpate con el de mi parte, Pasha, que espere un poquito mas. Ya estoy en camino, palabra de honor.

El camino desde la Fiscalia hasta Petrovka no era largo, y el coronel Gordeyev puso mucha voluntad en caminar de prisa. Pero, a pesar de todo, llego tarde.

CAPITULO 14

Nastia se quito la bata y se puso unos tejanos y un sobrio jersey negro.

– ?Que haces? -se sorprendio Liosa-. ?Va a venir alguien?

– Intento ordenar mis ideas -contesto Nastia con brevedad, y entro en el cuarto de bano.

Una vez alli, se cepillo el pelo meticulosa y largamente, luego lo recogio en un apretado mono en la nuca y lo sujeto con horquillas. Tras estudiar con atencion su reflejo, extrajo del pequeno armario de luna varios estuches de maquillaje.

«Soy un bicho malo, arisco, descarado, presuntuoso, frio y calculador», fue repitiendo mientras se maquillaba con brochas delgadas y gordas y con movimientos apenas perceptibles. El trabajo era minucioso y complicado, y cuando tuvo la cara «hecha», los conjuros que habia estado pronunciando fructificaron. Ahora desde el espejo la estaba mirando una mujer dura y fria, cuyos ojos no conocian lagrimas; ni su corazon, compasion; ni su mente, dudas.

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