Permanecio en el cuarto de bano un rato mas, luego entro cautelosamente en el salon, procurando que Liosa no le viese la cara, y se coloco delante del gran espejo de cuerpo entero. Erguidos los hombros, recta la espalda, alzada la barbilla, todo el cuerpo como una cuerda tensada. Cerro los ojos tratando de abstraerse de la imagen visual y afinar convenientemente su estado animico. «La gente es una bazofia, son lo de menos cuando esta en juego el bienestar propio. No quiero que Lartsev, enloquecido de dolor, nos fria a tiros a mi y a Chistiakov, y por eso estoy dispuesta a traicionar a todos y todo, con tal de salvar la vida. Su hija me importa un bledo pero comprendo que, si le pasa algo, a mi tambien me daran el pasaporte. Estoy salvando mi vida. Y solo tratare con el jefe, todos esos Lartsev, Gordeyev, Olshanski y demas son unos pelagatos, lo mismo que los mamarrachos que estan montando guardia en la escalera y en el portal. Unos borregos totalmente prescindibles cuando se trata de salvar la vida de una misma…»
– ?Que te pasa? -pregunto Liosa anonadado al ver a su companera.
– ?Que me pasa?
– Despides un frio como si fueras camara frigorifica. Y la cara la tienes…
– ?Como la tengo?
No podia permitirse una sonrisa, que la hubiese apartado del tono emocional que tanto le habia costado forjar.
– Extrana. Parece tuya pero al mismo tiempo no lo es. Tienes la cara de la reina de las nieves.
– Es como debe ser. Bueno, me voy. Espera aqui quietecito, no hagas nada.
Abrio la puerta con resolucion y se planto en el umbral sin pisar el rellano. En seguida llego desde abajo el suave ruido de unas pisadas, sobre la barandilla emergio la cabeza del rubio simpatico de ojos limpidos y labios gordezuelos. La cara angelical no despisto a Nastia, que se fijo en la elasticidad de sus andares, en los musculos henchidos, en el cuello estirado y alerta. «Tropas de paracaidistas», le clasifico en el acto, y dijo bajando la voz:
– Acercate mas.
– ?Para que? -pregunto el rubio tambien en voz baja, pero no se movio del sitio.
– Te digo que te acerques.
En su voz habia suficiente metal para que el centinela le obedeciese. Subio unos escalones, tras lo cual saco la pistola y avanzo dos pasos mas.
– Diles que me llamen -dijo Nastia con la misma frialdad.
– ?A quien? -pregunto el rubio desconcertado.
– Esto no es asunto mio. Necesito a Diakov. Que me lo manden aqui.
– ?Para que?
– Y esto no es asunto tuyo. Tu eres un pobre peon, te han ordenado vigilarme, nada mas. Que me llamen y les explicare para que quiero a Diakov. Espero diez minutos.
Retrocedio al recibidor y cerro la puerta sin excesiva brusquedad, para que sus movimientos no parecieran nerviosos, pero tampoco demasiado despacio.
– Asia, ?que es lo que ocurre? -pregunto Chistiakov pidiendo explicaciones y cerrandole el paso.
– Callate -mascullo ella apartando a Liosa y entrando en la habitacion, donde se aposto junto a la ventana.
– ?Asia!
– Te lo pido por favor, no me estorbes. Me cuesta muchisimo concentrarme, me distraes -declaro Nastia con frialdad.
Liosa se retiro a la cocina dando un portazo. «Maldito bicho -penso Nastia-, hay que ver que mal bicho eres. Pero quien sabe, tal vez sea para mejor. Menuda diva de teatro de provincias. Aguanta el tipo, amiga, ya le pediras perdon. Han pasado dos minutos, faltan ocho. El chico que habia ido a la farmacia ha doblado la esquina. Seguramente estara en una cabina, llamando. O tal vez tiene aparcado alli el coche con la radio. Vamos a ver si estoy en lo cierto. Los policias de seguimiento que siguieron al tipo que habia preguntado por mi en la clinica dijeron que llamaba a una hora fija pero que no hablaba con nadie. Tendran algun sistema complicado para transmitir informacion obviando el contacto personal. Me gustaria saber que tal les funcionara ese sistema ahora. Si no tengo razon, me llamaran antes de que pasen los diez minutos. Pero ?que sucedera si la tengo? Olvidate de la nina, olvidate de Lartsev, olvidate de todo, estas resolviendo un problema, un simple problema matematico, concentrate, no te pongas nerviosa, estas salvando tu propia vida, la gente es basura, no se merece que te preocupes por ella, no pienses mas que en ti misma. Palabras como 'la justicia', 'la ley', 'el castigo', 'el crimen' no existen, has olvidado estas palabras, no las has sabido nunca. Existes tu, existe Chistiakov. Y existe la vida. La vida a secas. Un estado de la proteina. Cuatro minutos. Lo haras todo por complacerles, cueste lo que cueste. Eres una mujer que sabe pensar con serenidad y te das perfecta cuenta de que no podras con ellos, por eso no debes tratar de combatirlos. Son muchos y tu estas sola. Nadie te criticara, nadie osara criticarte. Cinco minutos…»
No apartaba la vista de la ventana. El barro humedo en las aceras, las ropas oscuras y mojadas de los transeuntes, las salpicaduras de suciedad propelidas por las ruedas de los coches en marcha. ?Seria posible que nada mas diez dias antes estuviera viendo el radiante sol mediterraneo, palacios de piedra blanca, arboles perennemente verdes, el agua azul de las fuentes, a mama alegre y al profesor Kuhn enamorado de ella, seria posible que tan solo hubieran pasado diez dias desde que por primera vez en muchos anos se sintio libre y feliz?
Se diria que aquello no habia ocurrido. Nunca. Desde siempre, su vida transcurria entre el frio, la suciedad, el miedo y el dolor. Incluso en verano. Incluso cuando la espalda le concedia una tregua. De todos modos, su vida era el frio, la suciedad, el miedo y el dolor. Siete minutos. El muchacho vuelve corriendo. Que de prisa corre el cabrito.
Llamaron a la puerta cuando para el plazo fijado por Nastia faltaba un minuto. Hizo chasquear la cerradura y con gesto mayestatico se presento en el umbral. El rubio paracaidista se habia situado, en estricto cumplimiento de las normas tacticas, a unos pasos de la puerta, pues asi, si los inquilinos del apartamento llevaban la desacertada intencion de abalanzarse sobre el centinela y meterle dentro de un tiron, nunca se saldrian con la suya.
Nastia permanecia en silencio, despidiendo oleadas de soberbia y de helado desprecio. En los ojos no debe leerse la interrogacion, hay que estar segura de una misma y dominar la situacion a la perfeccion.
– Me han pedido que le pida disculpas -dijo el rubio en voz baja y bien templada-. Lo que ha solicitado se hara dentro de veinte minutos.
– No te confundas, pequeno -contesto con gelida altaneria-. No he solicitado nada, he exigido.
Con gesto ostensible miro el reloj.
– Pero cumples bien con tus obligaciones, no has rebasado los diez minutos. Entra y coge una empanadilla, alli en el estante, te la has ganado.
Un paso atras, el debil chasquido de la cerradura de la puerta.
Apoyo la frente en la jamba, demasiado cansada para moverse. Hijos de puta, le imponian veinte minutos de tension mas. No los aguantaria. Veinte minutos de espera y despues tenia que llevar a cabo las negociaciones. La conversacion iba a ser breve porque no se arriesgaban a hablar largamente, y esos minutos tenian que alcanzarle para explicarselo todo con la maxima claridad: lo aceptaba todo, queria hacer lo que mas les conviniese. Era preciso que la creyesen. No tendria otra oportunidad. Y no la creerian nunca si siguiera siendo una chica agradable y de buena familia, porque una chica agradable y de buena familia, con buenos estudios humanitarios, nunca pactaria con los criminales. Pero si podia hacerlo esa pajara sin escrupulos, fria y calculadora, en que ella, Nastia, tenia que convertirse.
Lentamente, como si llevara un recipiente de cristal lleno de precioso contenido, cruzo el recibidor y se acomodo en el sillon situado delante del televisor, procurando no derramar ni una gota del estado animico que tantos esfuerzos le habia costado crear. Cogio un cigarrillo pensativa, le dio varias vueltas entre los dedos, lo encendio. ?Por que iban a cumplir lo solicitado dentro de veinte minutos? Asi que el joven sprinter no se habia pegado aquella carrera para hacer una llamada. ?Para que, entonces? Alguien le estaba esperando a la vuelta de la esquina, y ese alguien seria quien haria la necesaria llamada en el momento oportuno. «?Vaya con la disciplina que se gastan!» De forma que lo habia acertado, utilizaban un sistema complicadisimo de comunicacion fuera del contacto personal. De acuerdo, ahora tenia en que ocupar el cerebro, no iba a desperdiciar el tiempo. Si le hubieran encargado a ella, a Nastia Kamenskaya, montar un sistema asi, ?como lo habria hecho?
