Le costaba pensar sentada en el sillon y sin tener a mano una mesa y papel. Nastia acostumbraba a reflexionar sobre cuestiones complejas con un cafe delante y trazando sobre el papel enmaranados esquemas. Pero tendria que ir a buscar el cafe a la cocina, donde se encontraba Lioska, inmerecidamente vejado y ahora entregado de pleno a su enfado con ella. No era el momento de aclarar las relaciones, necesitaba mantener ese hielo altivo. ?Que hacia falta, pues, para recibir informacion sin que nadie nunca pudiera encontrarte a menos que tu mismo lo deseases?
La respuesta le llego con sorprendente facilidad. Cierto, organizar un sistema asi era muy dificil pero la idea en si era increiblemente sencilla. Como sumar dos y dos. Y, si todo estaba tal como se lo habia imaginado, se podia comprender por que los agentes destacados por Gordeyev el Bunuelo nunca llegaron a detectar el coche desde el que se escuchaban las llamadas que Nastia hacia desde el telefono de su casa. Tal coche simplemente no existia. Hoy en dia todo el mundo andaba a vueltas con la sofisticada tecnologia de ultima generacion y se habia olvidado por completo de que la gente seguia siendo lo mas importante siempre y en todo. El dinero y la gente. El dinero y la gente podian hacer lo que quedaba fuera del alcance de los medios tecnicos mas perfectos.
De creer al reloj, habian pasado veintitres minutos. Eso no estaba nada bien, era feo hacer esperar a una senora…
Cuando sono el telefono, Nastia tuvo la satisfaccion de comprobar que ni siquiera se habia estremecido. Tenia un dominio completo de si misma.
– La escucho con atencion, Anastasia Pavlovna.
La voz seguia siendo aterciopelada pero hoy estaba cargada de notable tension. Como no, ?que mosca le habria picado a la desmandada de Kamenskaya, que nunca daba su brazo a torcer, para que les pidiera que la llamaran?
– Sere sumamente breve -contesto con sequedad-. Soy todavia suficientemente joven para que la muerte no me asuste. Su amigo Lartsev no esta bien y representa una clara amenaza para mi vida. Por eso tengo el mas profundo interes en que no le pase nada a su hija. Necesito que me mande a Diakov.
– ?Para que quiere ver a Diakov?
– Se ha dejado coger tontamente en el piso de Kartashov. En los dias que quedan, el instructor puede emprender algunas medidas, entre otras cosas, intentar hacer cantar a Diakov. Puesto que se con exactitud que huellas ha dejado en el piso de Kartashov, le dare instrucciones sobre que y como debe contestar si le encuentran. Me ha colocado en una situacion que me convierte en la primera interesada en evitar patinazos. ?Me ha entendido?
– La he entendido, Anastasia Pavlovna. Llevaran a Diakov a verla en el curso de una hora. Me alegra saber que somos aliados.
– Buenos dias -contesto Nastia sobriamente.
?Que burla del destino! Hacia muy poco que Boris Kartashov le habia dicho las mismas palabras. Tambien estaba contento de que fueran aliados.
Bueno, ?cuanto tardarian en dar con Sasha Diakov? En una hora no iban a encontrarle, de eso estaba segura. Dentro de una hora, el agradable baritono le comunicaria consternado que iba a tener que esperar algun tiempo mas para hablar con el chico en cuestion. Esta nueva conversacion seria mas breve aun y solo le requeriria a Nastia un esfuerzo minimo. Simplemente, un leve gesto de displicencia. Bueno, tal vez tambien algo de perplejidad causada por la incapacidad de aquella organizacion tan seria para localizar con rapidez a uno de los suyos. Podia relajarse.
En la cocina, Liosa trajinaba con los cacharros armando un notable estruendo. Probablemente tenia hambre pero, a pesar del enfado, no queria comer solo, y esperaria a que Nastia se dignase acompanarle. No valia la pena enfadarle mas…
Nastia respiro hondo varias veces, distendio los musculos agarrotados de la espalda y de la nuca, adopto la habitual postura encorvada y abrio la puerta de la cocina. Liosa estaba sentado delante de la mesa puesta y leia un libro apoyado sobre la panera y un bote de ketchup.
– Si crees que te he ofendido y me merezco un castigo, estoy de acuerdo. Pero, por favor, dejemos las medidas educativas para mas tarde. Ahora necesito tu cerebro.
Liosa dejo el libro y poso sobre ella una mirada llena de ira.
– ?Sigues reservandome trabajos auxiliares?
– Liosa, necesito tu ayuda. Por favor, no empecemos a aclarar las relaciones ahora. Para esto tenemos toda la vida por delante.
– ?Estas segura? De creer tus explicaciones, es posible que lo que nos queda por delante sea muy poco tiempo. Tu perturbado amiguito, Lartsev, puede presentarse aqui en cualquier momento para pegarnos un tiro. Pero aun tal como estan las cosas, te obstinas en tratarme como un utensilio de cocina. ?Que clase de negociaciones has mantenido con ese bullterrier? ?Quien te ha llamado?
– Te lo explicare todo pero antes ayudame a resolver un problema.
– Bueno, venga… -suspiro Chistiakov pesarosamente.
Lo primero que vio Gordeyev el Bunuelo, cuando subio la escalera y enfilo por el largo pasillo oficinesco, fue la cara, blanca como la pared, de Pavel Vasilievich Zherejov. Luego vio tambien el corrillo de colaboradores y, por encima de sus cabezas, los destellos del flash de una camara fotografica. Sin decir palabra, Gordeyev se abrio paso entre la pequena muchedumbre y vio a un hombre que tenia una herida en la cabeza producida por un arma de fuego y que se encontraba tendido en el suelo del despacho de su asesor. La bala habia entrado exactamente por el centro de la frente, y el capitan Morozov estaba muerto.
– ?Como ha ocurrido? -dijo entre dientes Gordeyev.
– Estaba sentado en mi despacho esperandote. Me llamaron para decirme que las chicas de la secretaria tenian un documento urgente para mi, que fuera a buscarlo. No iba a mandar al hombre al pasillo por tan solo cinco minutos. Guarde todos los papeles en la caja fuerte y sali. En la secretaria, nadie habia oido hablar de ningun documento, ni me habian llamado. Me di cuenta de que ahi habia gato encerrado y volvi corriendo. Y eso es todo… Nadie ha oido el disparo, es probable que el asesino haya usado silenciador.
– Ya veo. ?Te ha dicho Morozov algo? ?Por que queria verme?
– Decir, no me ha dicho nada, pero estaba muy nervioso. Completamente trastocado.
– ?Que llevaba en las manos?
– Una bolsa. De deporte -preciso Zherejov.
– Ponla a buen recaudo, antes de que alguien se la lleve. En cuanto se marche la gente, miraremos por si ha dejado algunas notas. ?Has encontrado a Lartsev?
– Ya esta en camino, no tardara.
– Ve corriendo a la puerta y traelo aqui por la escalera de servicio. No dejes que pase delante de tu despacho y no le digas ni una palabra de Morozov.
Nikolay Fistin, alias tio Kolia, alias -en el lenguaje metaforico de Arsen- Chernomor de pacotilla, estaba desconcertado. Arsen le habia ordenado encontrar con toda urgencia a Sasha Diakov y llevarlo al apartamento de Kamenskaya. Tal requerimiento le parecia al tio Kolia tonto y disparatado. Peor aun, era, a todas luces, irrealizable.
Kolia Fistin tuvo su primer conocimiento de la carcel a la edad de diecisiete anos, cuando fue condenado por un delito contra el orden publico especialmente grave; salio en libertad tres anos mas tarde pero, puesto que las barracas no fomentaron su inteligencia y seguia considerando la paliza como el unico recurso para expresar su descontento, volvio a caerle otra condena, esta vez de ocho anos, por delito de lesiones fisicas graves con resultado de muerte.
Como consecuencia de esa juventud combativa, se le privo del permiso de residencia en Moscu o en cualquier otra poblacion situada en un radio de cien kilometros de la capital. Nikolay se instalo en una pension para obreros, trabajaba en una fabrica de ladrillos, empinaba el codo, juraba en arameo y se hubiese dicho que su vida iba a seguir un curso previsible durante muchos anos. Pero tuvo un golpe de suerte y supo aprovecharlo al doscientos por ciento.
Una vez, de paso por Zagorsk, conocio a una turista. Tonia trabajaba en la oficina de intendencia de las viviendas de un barrio donde se concentraban varios edificios codiciables, construidos a partir de proyectos
