hay nada, pues que remedio. Aunque yo por mi parte estoy seguro de que es un asesinato del monton.
Gordeyev miro el reloj. Desde el momento de la llegada de Lartsev habia transcurrido media hora. El coronel habia logrado acomodarse al plazo convenido con Zherejov. Empezo a decir frases vagas, sobre nada en particular, hasta que la puerta se abrio bruscamente.
– Victor Alexeyevich, tenemos situacion de maxima alerta. ?En el despacho de Pavel Vasilievich han matado al capitan Morozov!
Cuando el coronel Lartsev se separo del corrillo que se habia formado delante del despacho de Zherejov y se dirigio hacia la salida, los dos hombres sentados en un coche aparcado en el patio del edificio de la DGI recibieron la senal de «?ojo avizor!». Desde una distancia prudencial, siguieron al objeto de su vigilancia hasta la estacion de metro, se le acercaron un poco al entrar en la escalera mecanica, tomaron el mismo tren. Lartsev bajo en una estacion proxima a su casa, compro en un quiosco un paquete de tabaco, siguio caminando, entro en un pequeno jardin, se sento en un banco y encendio un cigarrillo.
La tarea de los agentes que le seguian consistia en averiguar si Lartsev iba a intentar comunicarse con alguien. Durante el trayecto habia tropezado con varios transeuntes y pasajeros, se disculpo brevemente con cada uno de ellos, y no quedaba claro si uno de aquellos encontronazos habia sido o no una contrasena. No habia realizado llamadas telefonicas, ni habia entrado en ningun local, ni habia hablado con nadie. Y ahora estaba simplemente sentado en el banco y fumaba.
Los agentes de seguimiento se compraron cada uno un par de empanadillas georgianas calientes y se afanaron en masticarlas pensativamente, sin apartar la vista de la silueta inmovil sentada en el jardincillo.
En el cuarto quiosco contando desde la salida del metro, el comandante Lartsev habia comprado una cajetilla de cigarrillos Davidoff, lo que era la contrasena para solicitar un contacto urgente, y se quedo observando el quiosco.
No tenia la menor intencion de entrar en comunicacion con los que le habian hecho el chantaje. El asesinato de Morozov le habia sobrecogido, pues Anastasia habia hecho todo lo que le habian exigido y el no comprendia por que incumplian ahora su compromiso. ?Por que habian matado a Morozov? Asi que no eran de fiar, y todas sus promesas de devolverle a Nadia en cuanto la situacion se normalizase y pasase el peligro podian resultar una mentira. Quiza la nina estaba muerta ya. No tenia derecho a esperar, necesitaba encontrarles y salvar a su hija por cuenta propia. Nada de nuevas negociaciones y mas palabreria, acababa de ver que no debia creerles. Iba a esperar al que vendria a recoger su mensaje y le haria morder el polvo. Luego seguiria la cadena hasta llegar al jefe y arrancaria a su hija de sus garras aunque para eso tuviese que matarle.
Lartsev miraba hacia los quioscos con atencion pero de momento alli no ocurria nada digno de interes. El dependiente que le habia atendido no se habia ausentado ni por un instante, los de los otros quioscos tampoco. Suponia que la contrasena servia para alertar a alguien que siempre se encontraba presente en la zona comercial, es decir, al propio dependiente, quien, por tanto, deberia salir y llamar por telefono para transmitir el mensaje. En el caso de que el receptor de la contrasena no fuera el dependiente sino un cliente, a quien el dependiente simplemente debia decir que Lartsev habia comprado un paquete de Davidoff, todo su plan se derrumbaba. Nunca llegaria a detectar a ese cliente. A pesar de todo, no perdia la esperanza… Sentado en el banco humedo y helado, hecho un carambano, observaba los quioscos y pensaba en Nadia. ?Como estaria? ?Le daban de comer? ?Y si caia enferma?
Sus pensamientos siguieron su propio curso, centrandose en los chantajistas, que habian reunido practicamente toda la informacion imaginable sobre la nina: cuando y adonde iba, cuando y de que enfermaba, que notas le ponian en el colegio, quienes eran sus amigos. Habian tenido a Nadia bajo vigilancia permanente pero los datos de que disponian no eran la clase de datos que se obtienen mediante un simple seguimiento. Se hubiese dicho que se los habian proporcionado tanto los maestros como los medicos de la clinica del barrio y los padres de sus amigas. Aunque Lartsev se daba cuenta de que era sencillamente imposible. ?Como los habian conseguido?
De repente se puso tenso. Aquella mujer de alli. La cuarentona de complexion recia, con algunos kilos de mas, de cara ordinaria, indumentaria modesta y algo desalinada, pelo rubio oscuro lacio, con algunas canas, recogido en una coleta con una simple goma de oficina. En el ultimo ano y medio la habia visto en cada reunion de padres de alumnos.
Cuando murio su mujer, Lartsev cambio a la hija de colegio, eligiendo el que estaba mas cerca de casa para evitarle tener que cruzar la calle demasiadas veces. Antes era Natasa la que la llevaba al colegio y luego iba a buscarla, por lo que podian permitirse el lujo de matricularla en uno con ensenanza intensiva de frances. Ahora las prioridades de Lartsev eran otras, lo que importaba era que estuviera cerca de casa, y desde hacia un ano y medio la nina iba a un colegio normal, que estaba a tan solo diez minutos andando y en el camino solo habia un cruce.
Acudia a las reuniones de padres de alumnos cumplidamente pero se abstenia de trabar amistades, aunque se preocupo de conocer a los padres de las amigas de Nadia.
Fijarse en las caras que veia en aquellas reuniones le parecia absurdo porque, primero, no todos los padres creian necesario asistir, segundo, porque a veces acudian las madres, a veces los padres, a veces los abuelos. Las reuniones se celebraban trimestralmente, y en cada ocasion Volodya se encontraba con rostros nuevos. Excepto esa mujer… Habia estado presente en cada reunion. Y en cada reunion tomo notas. En esto era totalmente diferente de los demas, que no disimulaban su aburrimiento, puesto que ya lo sabian todo sobre sus hijos, y se pasaban el tiempo cuchicheando, criticando las palabras de la maestra monitora, algunas mujeres hacian calceta ocultando los ovillos de lana en los cajones de los pupitres; los padres, por lo comun, leian un periodico o algun thriller, que sostenian sobre las rodillas. Esa mujer era la unica que escuchaba con atencion. Al final, Lartsev capto y formulo su confusa impresion: todos los demas padres solo cubrian el expediente mientras que ella iba alli a trabajar.
Cuanto mas pensaba en ella, mas detalles extranos acudian a su mente.
Ha llegado tarde a la reunion y, al entrar en el aula, no va al fondo, donde hay un pupitre vacio, sino que se sienta alli mismo, junto a la puerta, al lado de esa mujer. Como siempre, esta tomando notas pero en cuanto Lartsev se acomoda a su lado, cierra el bloc… En aquel momento, el hombre sonrio para sus adentros pensando que a lo mejor se aburria igual que los demas, pero que se habia inventado algo que hacer y tal vez escribia cartas o, por que no, poemas. Por eso habia ocultado sus apuntes…
La maestra monitora informa a los padres sobre los resultados del examen estatal de lengua rusa.
– ?Les apetece ver si sus hijos saben escribir correctamente? -pregunta la senorita levantandose para entregar las libretas a los padres.
La mujer tiene un ataque subito de tos, aprieta contra los labios un panuelo y abandona el aula…
Terminada la reunion, todos los padres se agolpan delante de la mesa de la monitora para abonar el importe de los desayunos. Todos menos esa mujer, que sin perdida de tiempo se dirige a la puerta…
Sale del colegio despues de asistir a la reunion y al doblar la esquina ve a la mujer, que sube en un coche y ocupa el asiento de conductor. VAZ-99 de color asfalto mojado, de potentes faros antiniebla halogenos, neumaticos Michelin y cara tapiceria de ante natural. «?Toma! -se dice en aquel momento Lartsev-, parece tan poquita cosa y mira que cochazo tan fardon…»
Se fija un poco mas y ve que en el asiento de atras lleva una mochila enorme, botas y chaqueta de cazador, y una cartuchera…
Lartsev se reprocho el no haberle prestado atencion antes. Claro, casi toda la informacion sobre Nadia provenia de aquellas puneteras reuniones. Nadia, que se habia sentido mal durante la segunda hora, fue citada como ejemplo cuando se les recordo a los padres que era imprescindible darles a los ninos un buen desayuno. Tambien mencionaron a Nadia al pedir a los padres que no dejaran que sus ninos trajesen juguetes al colegio porque esos juguetes solian ser muy caros y no estaban al alcance de cualquiera, lo cual a menudo generaba conflictos. «No hace mucho, Nadia Lartseva ha estado a punto de pelearse en clase con Rita Biriukova, porque Rita habia traido al colegio una muneca Barbie, se la dejo a Nadia para que jugara con ella y cuando quiso recuperarla Nadia fue incapaz de separarse de aquel maravilloso juguete.» De Nadia hablaron al exigir a los padres que de ninguna de las maneras mandasen al colegio a los hijos si no se encontraban bien, ya que podian ser portadores de alguna infeccion. ?Ay, ojala se hubiera fijado antes en todos estos detalles!
Se levanto del banco de un salto y a paso rapido se encamino hacia el metro. Bajo en la tercera parada, hizo
