– ?Que sucede? ?Ocurre algo malo?

No ocurre nada malo, tonto. Claro que no. Es… bueno, quiza sea una estupidez -dijo ella deteniendose.

– Anda, sigue. Nada que nos concierna puede ser una estupidez.

– Pues, bueno, si quieres que te diga la verdad -dijo ella irguiendose-me preocupa que bueno, que puedas cansarte muy pronto de mi.

– ?Jamas!

– No estes tan seguro. Conozco a los hombres. Cuando lo han probado y repetido todo con una mujer, empiezan a aburrirse. No querria que a nosotros nos ocurriera lo mismo, pero me doy cuenta de que va a ocurrirnos porque estoy en condiciones de inferioridad y no puedo hacer por ti todo lo que quisiera.

– ?De que estas hablando?

– Ya te lo dije otra vez. La mayoria de las mujeres, cuando quieren estimular a un hombre, bueno, tienen la oportunidad de hacerlo y de presentarse atractivas a sus ojos. Tal como puedo hacer cuando estoy en mi casa. Pero ahora no estoy en mi casa, estoy aqui -hizo un gesto vago-en una habitacion casi vacia, sin mis efectos personales, sin nada femenino, sin posibilidad de ofrecerte variedad y emocion.

Si tuviera algunas cosas.

– ?Que cosas? -le pregunto perplejo.

– Ah, pues, lo de siempre, todas las tentaciones de que dispone una mujer en su tocador. Jabones de olor, colonias, perfumes, maquillaje. -Recogio la falda y se la mostro-. Ropa para cambiarse. Prendas de vestir y prendas interiores sugerentes.

Vine aqui sin estar preparada, con solo lo que llevaba puesto. Y eso no esta bien ni para ti ni para mi.

– Te bastas tu sola. No eres como las sosas mujeres corrientes.

– Llegare a ser igual que ellas. Ya lo veras.

– Bueno, bueno, Sharon. Ya me encargare de que consigas lo que quieras si eso te complace.

– Me sentire mas excitante.

– Muy bien, no veo ninguna dificultad. Puedo salir cualquier manana a comprarte algunas cosas. No tardaria mucho. Hay una ciudad que no esta muy lejos.

A Sharon le dio un vuelco el corazon. Esperaba que el no se hubiera dado cuenta. Una ciudad. Una ciudad que no estaba lejos. Entonces no estaban en Los Angeles. Estaban fuera de la ciudad, probablemente en alguna zona aislada, pero no lejos de una ciudad.

– Y hay un centro comercial que esta muy bien -anadio el deseoso de complacerla-. Es posible que tengan algo que te guste.

Ella le abrazo con alegria infantil.

– ?Lo harias, carino, harias eso por mi?

– Pues claro que lo hare. Es mas, manana por la manana me encargare de ello. Deja que me vista. -Se levanto para recoger su ropa-. Sera mejor que me digas lo que quieres y lo anotare en una lista.

– ?Maravilloso! -exclamo ella batiendo palmas.

Fingio observarle mientras se vestia pero, en su lugar, estaba reflexionando. Aquello podia ser importante, sumamente importante, y tenia que manejarlo a la perfeccion. Su cerebro iba pasando revista a las distintas prendas de vestir y objetos de tocador, seleccionando algunas cosas y desechando otras.

el encontro un trozo de papel en su cartera, lo partio por la mitad, volvio a guardarse una de las mitades en la cartera y se guardo esta en el bolsillo de los pantalones. Despues se metio la mano en el otro bolsillo y saco un boligrafo. Volvio a sentarse a su lado, se apoyo sobre la rodilla el trozo de papel e intento escribir 'Lista de compras' pero no lo consiguio.

– Necesito escribir sobre una superficie lisa -dijo. Dejo el papel y el boligrafo sobre la cama, se levanto una vez mas para buscar algo y al final vio el monton de libros y se dirigio hacia el mismo.

Sharon examino el boligrafo.

Tenia grabadas unas pequenas letras mayusculas. Leyo. 'Compania de Seguros Everest', decia. Debajo habia otras palabras que no consiguio leer.

Levanto la mirada. El tipo se encontraba de espaldas a ella y de cara a los libros que habia sobre la mesa del tocador.

Sharon acerco la mano al boligrafo y le dio la vuelta con los dedos. Pudo leer entonces las demas palabras.

'Howard Yost. Su Agente de Seguros de Confianza', decia.

Volvio a apoyarse la mano sobre el regazo y fingio arreglarse la falda y despues la blusa.

Empezo a reflexionar acerca del boligrafo. ?Seria suyo o perteneceria a otra persona? “Debia” ser suyo. Claro. El Vendedor debia ser un agente de seguros.

La profesion le sentaba perfectamente bien. El extrovertido, el fanfarron, el charlatan acostumbrado a vender tenia que ser un vendedor de seguros.

'Muy bien, me alegro de conocerle, senor Howard Yost, grandisimo hijo de puta'.

Se encontraba de nuevo sentado a su lado con el papel encima del libro que mantenia apoyado sobre sus rodillas, dispuesto a escribir.

– Muy bien, Sharon, dime lo que quieres que te compre.

A Sharon ya se le habia ocurrido una idea. La habia ensayado y estaba dispuesta a ponerla en practica.

– Primero mis medidas. ?Quieres anotarlas?

– Muy bien.

Ella bajo la voz y le dijo guturalmente:

– Bueno, las medidas basicas son, bueno, noventa y cinco D, sesenta, noventa y tres.

El la miro como para cerciorarse:

– ?Eso significa?

– Significa una talla de sujetador noventa y cinco D, sesenta centimetros de cintura y noventa y tres de cadera.

– Menuda chica -dijo el emitiendo un silbido.

– Si tu lo dices.

Con la mano libre le empezo a acariciar el muslo pero ella se lo impidio.

– No seas malo. Ahorralo para cuando me haya vestido para gustarte.

– Muy bien -dijo el asintiendo-. Te digo que ya me estoy muriendo de impaciencia. -Volvio a apoyar el boligrafo sobre el papel-. Sigamos.

– Dale mis medidas a la dependienta y ella sabra las tallas que me corresponden -le dijo ella aparentando indiferencia-. Ahora te dire lo que necesito, suponiendo que puedas encontrarlo. Mmmm… vamos a ver. Algunas horquillas para el cabello.

Cualquier dependienta sabra lo que quiero. En la seccion de perfumeria, bueno, un lapiz de cejas, maquillaje y polvos baratos, barra de labios. Rojo fuerte. Me refiero al carmin. Y polvos traslucidos.

– Espera -le dijo el esforzandose por anotarlo todo-. Muy bien, sigue.

– Laca para unas. Roja tambien carmin. Un perfume almizcleno, una cosa que resulte excitante.

– ?Alguna marca en especial?

– Bueno, yo uso Cabochard de Madame Gres. Te lo voy a deletrear. -Se lo deletreo lentamente mientras el lo anotaba-. Pidelo, pero no lo tienen en todos los establecimientos.

Si no lo tienen, tal vez puedan encargarlo. De lo contrario, me conformare con cualquier otra cosa que tu consideres excitante. Ahora, un poco de ropa para cambiarme. Tendras que buscar una tienda de articulos para senora.

– No te preocupes. Dejalo de mi cuenta.

– Lo hare. En seguida adivine que sabias desenvolverte. Bueno, nada mas que unas cositas. Vamos a ver. Me gustaria un jersey de cachemira o cualquier otra clase de lana suave que no rasque.

Rosa o quizas azul palido. Una o dos faldas. Ligeras. Y cortas. No me gustan las faldas largas. Algo que haga juego con el jersey, azul tal vez. Confio en tu gusto.

Ahora ropa interior, no suelo usar pero me gustaria que me trajeras algunas cosillas. Vamos a ver -Se humedecio los labios con la lengua-. Un sujetador de encaje.

– ?Para que necesitas el sujetador? -le pregunto el mirandola.

– Para que tu puedas quitarmelo, cielo -le contesto ella sonriendo.

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