– Ah, buena idea -dijo el concentrandose de nuevo en la lista-. ?Que mas?

– Dos pares de fajitas, no, espera, son demasiado engorrosas. Pongamos dos pares de bragas, cuanto mas pequenas mejor. Ya me conoces. Del color que sea.

Una bata vaporosa, de color de rosa si la encuentras.

– La encontrare.

– Y anota tambien un par de zapatillas muy suaves. Este pavimento es muy humedo de noche. Bueno, me parece que ya esta todo.

A menos que no quieras comprarme una cosa que me sienta muy bien.

– ?De que se trata?

– De un minibikini. Me encanta descansar en bikini.

– Ten cuidado. Me estas volviendo a excitar.

– Pues espera a ver como te excitas cuando me veas con ese bikini puesto. Bueno, si quieres ser muy generoso, hay tres cositas que echo muchisimo de menos. Me muero por tenerlas.

– Dimelas y las tendras.

Rezo para que no se le viera el plumero y decidio correr el riesgo.

– Bueno, me gustaria ver el ejemplar de esta semana del “Variety”, si es que lo encuentras en el kiosko. Quiero saber que tal ha ido el estreno de mi pelicula.

– Cuenta con ello.

– Y otros dos lujos. Me gustaria poder fumarme un cigarrillo de vez en cuando. Muy suave. Mi marca preferida es de importacion sueca. Se llama Largos. Si me encuentras una cajetilla, muy bien.

Si no, no te preocupes. Finalmente, pastillas de menta inglesas para el aliento. Altoid.

– ?Al que? ?Como se escribe?

Ella le deletreo el nombre de la marca.

– ?Algo mas? -le pregunto el mirandola.

– Solo tu -le dijo ella con una provocadora sonrisa.

– Pues aqui me tienes -dijo el guardandose el papel y el boligrafo en el bolsillo-. Lo demas lo tendras cuando regrese manana de hacer las compras.

– ?Seguro que no te importa?

– Carino -le dijo el rodeandola con un brazo-, haria cualquier cosa por ti. -Se levanto-. Esta noche has estado fantastica.

– Soy lo que tu haces de mi. Espero que manana pueda darte algo mas. Y espera a verme manana por la noche cuando este arreglada.

– No te preocupes. Me gustas como estas.

Cuando se hubo marchado, Sharon se pregunto si habria merecido la pena. Su situacion era tan desesperada que le parecia que ya nada merecia la pena.

Sin embargo, manana a aquella misma hora, y por primera vez desde su desaparicion y cautiverio, habria conseguido comunicarse con el mundo exterior.

La posibilidad de que la lista de compras llamara la atencion de alguien era tan remota que hasta se le antojaba ridicula. Sin embargo, disponia de muy pocas alternativas, y aquello que decidiera hacer tenia que resultar muy confuso para sus apresadores, tan confuso que apenas resultaria visible en el mundo exterior.

Sin embargo, habia conseguido emitir una senal desde un planeta desconocido en un intento de decirle a alguien de algun lugar del universo que habia vida en otro planeta. Manana habria comunicado tres marcas de importacion escasamente conocidas que eran las que habitualmente utilizaba.

Perfume Cabochard. Cigarrillos Largos. Pastillas de menta Altoid. Y despues el semanario “Variety”.

Reunidas por alguien que la conociera, las cuatro cosas equivaldrian a Sharon Fields. Y tambien habria lanzado un quinto SOS. Una marca en cierto sentido indisolublemente unida a su fama. 95-60-93.

Habia muchisimas otras mujeres con aquellas mismas medidas, estaba segura, pero solo habia una joven actriz mundialmente famosa, cuyo nombre era sinonimo de estas cifras.

Para sus incondicionales adoradores, los numeros 95-60-93 eran el carnet de identidad de Sharon Fields. Pero decidio poner bruscamente freno al vuelo de su fantasia.

?Que mas daria todo aquello si ni una sola persona de entre un millon lograba interpretar sus tristes intentos de comunicacion? ?Que mas daria, teniendo en cuenta que nadie sabia que se encontraba en dificultades y necesitaba ayuda? ?Que mas daria? Piso desesperada otro freno, esta vez el de su creciente depresion.

Tenia que hacer todo lo que pudiera. Algo era mejor que nada. En el transcurso del primer encuentro de la velada habia conseguido hacer un buen progreso.

Se encontraba en las cercanias de una ciudad. Era una ciudad en la que habia un centro comercial. Uno de sus apresadores era probablemente un agente de seguros llamado probablemente Howard Yost.

Y ella comunicaria varias de sus necesidades a distintas personas del mundo civilizado. No es que fuera mucho. Pero era algo mas que nada.

Gracias, Howard Yost.

Su siguiente visita fue la del Tiquismiquis, quince minutos mas tarde. Aparto a un lado sus meditaciones para concentrarse una vez mas en su papel. Entro con un ramillete de flores color purpura.

– Para ti -le dijo timidamente-. Las he cogido para ti esta manana.

– Oh, que atento eres -le dijo ella aceptandolo como si se tratara de un edelweis duramente ganado-. Que bonitas son, que preciosas. -Se inclino hacia adelante y le rozo los labios con un beso-.

Gracias por pensar en mi.

– He estado pensando en ti todo el dia. Por eso sali a coger estas flores. No es que sean gran cosa pero en la ciudad no se encuentran.

– ?Que son? -le pregunto ella alegremente.

– Pues, no se como se llaman. Son una especie de flores silvestres.

Clic. Flores silvestres. Silvestres. Asociacion de ideas. Silvestres. Bosques, gargantas, montanas, desiertos, prados, campina.

El tipo se habia dirigido hacia una silla que habia al lado de la tumbona, habia depositado en ella una especie de estuche de cuero que llevaba y ahora se volvio para mirarla con sus ojos de miope a traves de las gafas de gruesos cristales.

– Oye, esta noche, estas preciosa, Sharon -le dijo muy relamido.

Muy fuera de lugar, penso ella. Se esta comportando como un anciano pretendiente que visitara el apartamento de una joven a la que estuviera cortejando.

– Que amable eres, que amable -le dijo ella.

Avanzo hacia el contoneando sensualmente las caderas y se quedo de pie a su lado con los brazos colgandole a los lados. Su proximidad y desenvoltura le hicieron jadear como un asmatico y parpadear involuntariamente.

– Anoche fuiste muy buena conmigo.

– Pues esta noche quiero ser mejor.

Le atrajo suavemente hacia la tumbona.

Se desabrocho la blusa, guio su temblorosa mano por debajo de esta y se la dejo descansando sobre un abultado pecho. El sujeto temblaba sin poderlo evitar. Ella le atrajo la cabeza hacia su pecho, se abrio la blusa y advirtio que empezaba a lamerle y besarle un pezon.

Le acuno mientras el pasaba alternativamente de uno a otro pecho.

Bajo la mano hacia la bragueta de sus pantalones. Le bajo la cremallera e introdujo la mano suponiendo que le encontraria rigido como un lapiz. Pero, en su lugar, sus dedos tropezaron con una pequena masa pulsante.

Al rozarla, se hincho ligeramente pero no se levanto. Le rozo la sudorosa frente con los labios y despues le acerco la boca al oido.

– Carino, quiero saber que es lo que mas te excita.

Fue a contestarle pero no se atrevio y, al final, hundio el rostro entre sus pechos y guardo silencio.

– Ibas a decirmelo, carino. Anda, dimelo. No hay nada de que tengas que avergonzarte.

Escucho su apagada voz.

– Anoche -empezo a decirle tartamudeando-tu dijiste, me dijiste…

– Sigue -le dijo ella dandole unas palmaditas en la cabeza-?Que te dije?

– Que habia muchas cosas que todavia no habiamos probado.

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