tipo.

No debia subestimarle ni arriesgarse a dirigirle mas preguntas.

Es un hijo de puta muy astuto con una acusada tendencia al sadismo. Es imprevisible y capaz de revolverse contra quien sea en el momento menos pensado.

Por mucho que intentara ablandarle, complacerle y ganarle, jamas lograria utilizarle.

El Malo se encontraba mas alla del alcance de sus maquinaciones. Tendria que contar con las debilidades mas previsibles de Yost, Brunner y el Sonador.

Yacia tendida, pensando que ojala no se durmiera y se largara, para poder librarse de la tension de su presencia. Escucho un sonido crujiente, contemplo su forma inmovil y comprendio que estaba roncando. Estaba profundamente dormido, el muy cochino. Bueno, que se vaya al infierno, penso.

Ella tambien necesitaba dormir. Busco el Nembutal en la mesilla de noche, lo encontro y vio que no habia agua.

Se deslizo fuera de la cama muy despacio para no molestarle, recogio el camison y se dirigio de puntillas al cuarto de bano.

Una vez dentro, cerro la puerta, encendio la luz, se introdujo la pildora en la boca y la ingirio con un sorbo de agua. Despues se lavo rapidamente y, levantandose el camison, se miro al espejo.

Estaba horrible. Con el cabello enredado y enmaranado, los ojos hinchados y el rostro palido y escasamente atractivo a causa de la falta de sol y maquillaje.

Tendria que soportar su miserable presencia y conformarse hasta que regresara a la civilizacion, si es que regresaba alguna vez a la civilizacion.

Fue a apagar la luz para regresar a la cama y, al acercar la mano al interruptor, su mirada se poso en la puerta cerrada del cuarto de bano y, por primera vez, se percato de que colgaba del gancho una prenda que no le pertenecia.

Sus pantalones. Los pantalones de tela gruesa del Malo colgados por el cinturon.

Y los bolsillos no estaban planos. Se quedo de una pieza y noto que la sangre le afluia a las sienes.

?Se atreveria? Se encontraba encerrada y la puerta la aislaba de aquel animal que dormia en su cama.

Estaba sola pero no estaba a salvo porque, aunque habian dejado la manija en su sitio, esta no podia cerrarse por dentro.

Si corria el riesgo de registrarle los bolsillos y el despertaba de repente, la buscaba, entraba sin previo aviso y la encontraba examinando sus efectos personales, seria espantoso.

La golpearia hasta matarla. O cosa peor. Por otra parte, tal vez jamas volviera a presentarsele una ocasion parecida. Hasta aquellos momentos, el tipo no habia sido vulnerable.

Si tenia algun talon de Aquiles, tal vez pudiera descubrirlo en aquellos pantalones que colgaban del gancho del cuarto de bano.

No tenia idea de lo que andaba buscando ni de lo que podria encontrar.

?Mereceria la pena correr aquel espantoso riesgo? La sangre seguia afluyendo a su cabeza y la aturdia. Se habia pasado la vida corriendo riesgos, lo cual le habia parecido un precio justo a cambio de la libertad.

Tal vez fuera este una vez mas el precio de la libertad. Decidio lanzarse. Con una mano sostuvo la hebilla del cinturon para evitar que golpeara contra la puerta e introdujo rapidamente la otra en uno de los bolsillos laterales sin encontrar nada.

Paso la mano por detras busco el otro bolsillo lateral y encontro algo, dos cosas.

Las saco. Una cajetilla de cigarrillos medio vacia. Un encendedor plateado sin iniciales sobre su desgastada superficie. Introdujo de nuevo ambas cosas en el bolsillo.

Habia dejado los bolsillos de los costados para el final.

El izquierdo. Un sucio y arrugado panuelo y nada mas.

Decepcionada, lo volvio a dejar en el bolsillo. El ultimo que quedaba. El del costado derecho.

Utilizando ambas manos tomo una pernera.

El bolsillo estaba lleno. Introdujo la mano, la cerro alrededor de un objeto de cuero cuadrado y saco una estropeada cartera marron. La abrio con manos temblorosas.

Inmediatamente, a traves de una hoja de plastico transparente, una fotografia del Malo tamano sello de correos.

Examino la tarjeta y leyo: Carnet de conducir de California Kyle T. Shively 10451-Calle Tercera Santa Monica, Cal. 90403. No perdio el tiempo leyendo el resto del carnet.

Paso apresuradamente las dos hojas de celuloide. Una de ellas contenia la tarjeta azul y blanca de la Seguridad Social y la otra una tarjeta de credito Master Charge.

Sus dedos examinaron el contenido de la cartera.

Habia dos billetes de un dolar y un billete de diez dolares y, en un rincon, un trozo de papel doblado.

Saco el trozo de papel y lo desdoblo. Tras dejar la cartera en la pila del lavabo, su temblorosa mano aliso un amarillento y arrugado recorte de periodico a dos columnas, del “Lubbock Avalanche-Journal” de Lubbock, Tejas.

Databa de varios anos. Alli estaba el otra vez, alto, delgado, feo, tan bien afeitado como en la fotografia del carnet de conducir, con un uniforme del ejercito y saludando a la camara mientras el y un sonriente oficial que le acompanaba descendian las escaleras de lo que parecia una especie de edificio oficial.

Sus ojos leyeron rapidamente el pie: “Rechazadas las acusaciones de asesinato en el Vietnam contra un soldado de infanteria de nuestra ciudad”.

– El cabo Kyle T. Scoggins abandonando el tribunal militar de Fort Hood en compania de su abogado, el capitan Clay Fowler. Las acusaciones de homicidio no premeditado en el transcurso de las matanzas de My Lai 4 fueron rechazadas en el consejo de guerra por 'falta de pruebas'.

Hubiera deseado leer el reportaje a dos columnas que venia a continuacion pero no se atrevia por temor a tardar demasiado.

Se limito a abrir mucho los ojos y echar un vistazo a la primera columna y despues a la segunda.

Al terminar, habia logrado hacerse una idea del relato y el corazon empezo a latirle con fuerza.

Scoggins o Shively habia sido uno de los cien soldados de infanteria norteamericanos transportados en helicoptero a la provincia de Quang Ngai, al nordeste de Vietnam del Sur, con el fin de atacar al 48 batallon Viet Kong, -que, al parecer, se ocultaba en la pequena aldea de My Lai. En lugar de al enemigo, los norteamericanos solo habian encontrado poblacion civil vietnamita -mujeres preparando el desayuno, ninos jugando entre el barro y las chozas de paja y viejos dormitando al sol-y los norteamericanos se habian convertido en unos enloquecidos e inhumanos saqueadores, cometiendo las mas horribles matanzas y atrocidades de la guerra.

Habian violado a numerosas mujeres y despues habian acorralado al resto de la poblacion y la habian ametrallado a muerte. Entre los muchos soldados norteamericanos acusados de crimenes de guerra y asesinato de poblacion civil en My Lai aquel espantoso dia, figuraba un tal cabo Kyle T. Scoggins.

Un testigo, el soldado raso de primera clase McBrady, perteneciente al mismo peloton de infanteria que Scoggins, habia declarado haber descubierto a Scoggins en las afueras de la aldea disponiendose a ametrallar a cinco ninos, 'todos ellos de menos de doce anos', que se habian ocultado en una zanja.

El testigo McBrady le habia dicho a Scoggins: '?Que demonios vas a hacer? No son mas que ninos inocentes'.

El testigo habia declarado que Scoggins le contesto: 'Cuando lleves aqui tanto tiempo como yo, te daras cuenta de que ninguno de estos sinverguenzas es inocente. O tu o ellos.

Cuando estas metido en una cosa de esas, tienes que eliminarlos a todos, matarlos a todos, matar cualquier cosa que se mueva, incluso a los ninos para que no quede nadie que pueda senalarte con el dedo'.

Tras lo cual, Scoggins habia dado la vuelta y habia ametrallado despiadadamente a sangre fria a los cinco ninos.

En el transcurso del consejo de guerra de Fort Hood, el soldado de primera clase McBrady, testigo de la accion de Scoggins, fue obligado a reconocer bajo juramento que, personalmente, no habia visto cometer el asesinato al cabo Scoggins.

McBrady declaro en su lugar que quien le habia visto habia sido un companero suyo, un tal soldado raso Derner, que habia intentado impedir que Scoggins llevara a cabo su proposito y que habia mantenido con este el pretendido dialogo.

Derner le habia contado despues a su amigo McBrady el horror de que habia sido testigo y fue este quien acabo

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