18 de noviembre

Un solo comentario

El Cuaderno del Inquisidor no contenia nada mas, aparte de su presentacion y los tres capitulos que acabo de transcribir. Cada uno estaba fechado, conforme exige el protocolo. El primero se habia colgado el 17 de mayo de 2007, fecha de apertura del blog. El segundo, una semana despues, el 24 de mayo. Y el tercero ocho dias mas tarde, el 1 de junio. Desde entonces, no habia ninguna anotacion mas. Parecia que el Inquisidor se lo tomaba con calma, ya que incluso la inicial regularidad semanal habia decaido. Tampoco podia decirse que el blog hubiera despertado el entusiasmo de los internautas. Solo registraba un comentario, que alguien habia dejado la vispera de mi primera visita a proposito del tercer capitulo (ignoro si tras leer solo este o los tres, aunque por su tono y su contenido no apuesto precisamente por lo segundo). Lo copio a continuacion:

shakiralamejor dice: juer k rallada, kien sera este inkisidor y k labra pasao pa estar tan colgao *

Por mi parte, la lectura me causaba una sensacion compleja y contradictoria. El texto me parecia bastante desasosegante, su protagonista y narrador era cualquier cosa menos simpatico y el sentido que parecia entresacarse de su relato no podia ser mas descorazonador. Dicen que la religion catolica es una de las mas ventajosas porque admite el perdon casi ilimitado de los pecados, pero este supuesto ministro de dicha religion, aun mencionando de pasada el concepto, parecia al contrario participar de una vision de la culpa como algo imposible de extirpar y que condenaba para siempre al sujeto: al clerigo al que torturaba en el tercer capitulo, con tan escasa piedad, y a si mismo, como responsable de no se sabia que espantosas e irremediables infracciones. Si eso era todo lo que queria decir, no lo entendia muy bien, y menos teniendo en cuenta la declaracion de intenciones que dejaba hecha en la presentacion del blog.

Algo si me gustaba de el: su sinceridad, incluso cuando llegaba al extremo de la crudeza. Provengo de una cultura que estimula poderosamente la hipocresia, pero mi convivencia con los espanoles me ha hecho cambiar mi antigua idea de que la costumbre de encubrir los verdaderos sentimientos era peculiar de mi lugar de origen: es una tendencia universal, y quienes parecen mas abiertos y expresivos son a veces quienes mas puntualmente la siguen. Por eso he aprendido a valorar por encima de otras muchas cosas la verdad, aunque desagrade, y en el discurso del Inquisidor todo se mostraba de frente, sin dobleces ni afeites. No pretendia caer bien al lector, no pretendia ser justo, ni siquiera pretendia tener una disculpa. Solo se legitimaba ante el mundo con la fuerza de su decision y de su creencia, sin tratar de postularlas como validas mas que para si.

Deduje, tras releer una y otra vez sus palabras, que lo que alli estaba escrito no hablaba en absoluto de lo que parecia, sino de algo bien distinto. A traves de aquellos tres personajes, y de su tenso coloquio en tan asperas circunstancias, el autor mostraba sus propias mordeduras personales, y la eleccion de aquel contexto revelaba una actitud ante la vida y ante la propia biografia cualquier cosa menos complaciente. En todo caso, me preguntaba por que habia querido expresarse de una forma tan rebuscada y tan hermetica, o al reves, para que exponia a todos aquella narracion tan poco comun. ?Buscaba a alguien que compartiera sus claves y pudiera descifrarla? ?Y por que habia fallado a su cita y llevaba ya dos semanas sin actualizar el blog? ?Me encontraba, acaso, ante una tarea emprendida y abandonada por no haber respondido a las expectativas con que se inicio? Queria saber como seguia la historia del inquisidor y de los procesados, si es que continuaba mas alla, porque el punto en el que la habia dejado no abria muchas perspectivas. ?Era en la continuacion donde se hallaria, quiza, un sentido mas coherente con los propositos inaugurales del blog? Y si el ya no escribia nada mas, ?tenia yo alguna manera de averiguar lo que sucedia despues?

Esta ultima pregunta me surgio al ver como estaba contada la historia: refiriendo detalles muy precisos, que a menudo se daban por sobreentendidos.

Eso sugeria que podia estar inspirada en un suceso real. Vagamente me recordaba algo que habia leido anos atras, cuando preparaba mi tesis. Me puse a rastrear por la Red y, gracias a Google, muy pronto di en el blanco. Manana lo cuento.

19 de noviembre

La version de don Marcelino

Fue bastante facil. Defini la busqueda con los datos mas concretos con que contaba, que reuni en la siguiente cadena: «fray francisco confesor teresa priora monjas endemoniadas». En la primera pagina de resultados que me ofrecio el buscador encontre dos documentos que hablaban del caso. Uno bastante largo, publicado el 30 de noviembre de 1867 en el semanario El Museo Universal, y otro mas sucinto, correspondiente a la Historia de los heterodoxos espanoles, de Marcelino Menendez Pelayo. Creo que merece la pena copiar este ultimo (el otro me parecio excesivamente enfatico y parcial, amen de que resulta demasiado extenso para insertarlo aqui):

Mas atencion merece, siquiera por lo ruidoso, el proceso de las monjas de la Encarnacion Benita de San Placido, de Madrid. Pocos anos llevaba de fundacion este convento, y con no poca fama de perfeccion religiosa, cuando comenzaron a advertirse en el extranas novedades, que muy luego abulto la malicia. Dijose que casi todas las monjas (veinticinco de las treinta que habia) estaban endemoniadas, y entre ellas la priora y fundadora, dona Teresa de Silva, moza de veintiocho anos y de noble linaje. El confesor, Fr. Francisco Garcia Calderon, natural de Barcial de la Loma, en Tierra de Campos, no se daba paz a exorcizarlas, y entre visajes y conjuros se pasaron tres anos, desde 1628 a 1631, hasta que el Santo Oficio juzgo necesario tomar cartas en el asunto y llevo a las carceles secretas de Toledo al confesor, a la abadesa y a las monjas. Tras varios incidentes de recusacion, fue sentenciada la causa en 1633, declarando al padre Calderon «sospechoso de haber seguido a varios herejes, antiguos y modernos, especialmente a gnosticos, agapetos y nuevos alumbrados, y los errores de los pseudo Apostoles, los de Almarico, Serando y Pedro Joan». Tuvo, anade la sentencia, deshonesto trato con una beata, hija suya de confesion, ya antes castigada en el Santo Oficio por alumbrada y por pacto expreso con el demonio, y aun despues de muerta predico el un sermon en loor de ella y la hizo venerar por santa. Decia que «los actos ilicitos no eran pecados, antes, haciendose en caridad y amor de Dios, disponen a mayor perfeccion, y no son estorbo para la oracion y contemplacion, sino que por ellos mismos, y poniendo el corazon en Dios, se puede conseguir un alto grado de oracion». Tenia pensamientos de reforma de la Iglesia y de que el y sus monjas habian de convertir al mundo, a lo cual llamaba segunda redencion y complemento de la primera. Pensaba llegar a ser cardenal y Papa y excitar a los principes a la conquista de Jerusalen, y trasladar alli la Sede apostolica, y reunir un concilio, en que se explicaria el sentido oculto del Apocalipsis y el de los plomos del Sacro-Monte (!!).

Y, finalmente, llamaba inicuo e injusto al Tribunal de la Fe. Por mas que Fr. Francisco nego lo de ser alumbrado ni hereje y dijo que en los actos libidinosos habia procedido «como flaco y miserable», sin pensar ni dogmatizar que fuesen buenos, se le condeno a abjuracion de vehementi, a sufrir ciertos disciplinazos y a reclusion perpetua en una celda de su convento, «con obligacion de ayunar tres dias a la semana y no comulgar sino en las tres Pascuas». Las monjas abjuraron de levi * y se las repartio por varios conventos con diversas penitencias. La abadesa quedo privada de voto activo y pasivo en la comunidad por ocho anos. Y, sin embargo (?ejemplo singular de lo falible de la justicia humana aun en los tribunales mas santos y calificados!) fue inicua la sentencia, a lo menos en lo relativo a las monjas, y el mismo Tribunal vino a reconocerlo por nueva sentencia diez anos adelante. Y las cosas acaecieron de este modo: tales muestras de fervor, buena vida y humildad cristiana daba en su penitencia la priora, que, convencidos de su inocencia los prelados de su religion, lograron de ella, no sin dificultad, que apelase al Consejo de la Suprema contra la sentencia de la Inquisicion toledana, moviendola a este paso no tanto el cuidado de su buen nombre como la honra de todo el

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