Asi lo contaba el que pasaba por mejor conocedor de las desviaciones habidas en la larga y accidentada historia del catolicismo espanol. Citaba como apoyo manuscritos y relaciones de la epoca, entre ellos el alegato exculpatorio redactado por la propia priora para la revision de su proceso ante el Consejo de la Suprema Inquisicion, y que tan eficaz habia resultado segun contaba don Marcelino. Cotejando la version de este con el cuaderno del Inquisidor, apreciaba no pocas coincidencias, incluso sospeche que era una de las fuentes que el misterioso
Tambien parecia que en el retrato del Inquisidor, que solo podia ser trasunto de aquel Diego Serrano, comisionado que instruyera la primera causa, se habia tomado no pocas libertades el autor de la novela. No en cuanto a su empeno en inculpar a la priora y destruir al confesor, cuestion que, ya fuera cierta o no, habia alegado la religiosa; pero si en todas las interioridades de su caracter, que muy dudosamente aparecerian recogidas en documento alguno.
Podia equivocarme, pero pense que en esas «manipulaciones» de la historia estaba la clave. Y eso aumento mi curiosidad y mis deseos de entrar en contacto con el autor de aquel extravagante blog.
20 de noviembre
?Como hacer para comunicarse con alguien como el Inquisidor, es decir, un tipo que abre un blog para colgar tres capitulos de una insolita novela inspirada en un olvidado episodio del siglo XVII, con la que trata de ilustrar no se sabe que trauma personal? ?Y con que esperanza intentarlo, cuando el blog lleva semanas sin actualizarse y todo hace pensar que solo ha sido un antojo pasajero?
Supongo que la mayoria de la gente ni siquiera se plantearia la cuestion, y que aquellos que tuvieran tanto tiempo libre como para hacerlo la descartarian ante la notoria improbabilidad de obtener algun resultado. Pero yo estaba picada, y me aburria, y en el fondo tampoco me importaba tanto si conseguia algo o no. A aquellas alturas, todavia se trataba de un pasatiempo: algo en lo que me habia metido porque me llamaba la atencion, si, porque me intrigaba, tambien, y porque en cierto modo sentia que podia entender aquel mensaje arrojado al ciberespacio mas y mejor que cualquier otro; pero ni mucho menos tenia para mi la trascendencia que tendria luego. Aunque entonces no lo sabia, me hallaba ante la linea divisoria que separaba lo trivial de lo que no lo era: si hubiera permanecido del otro lado, el Inquisidor no habria dejado huella en mi. Pero hice por cruzarla, y asi me gane este desasosiego que siento ahora.
Tuve una idea. Debia hacerle ver que yo no era una lectora cualquiera. Que no deseaba hablar con el porque si, sino porque sabia, y que entrar en contacto conmigo tendria un aliciente especial. Presumi que se trataba de un hombre, y tambien presumi que lo iba a atraer mas si dejaba constancia de mi condicion femenina. Podia parecer un recurso barato, pero por que no emplearlo, si era eficaz. Me inclinaba a pensar que lo seria, por lo pronto, el modo en que el Inquisidor retrataba a dona Teresa en su novela. La mujer como portadora de una fuerza instintiva y espiritual inasequible al hombre. Asi que redacte y envie a su blog el siguiente comentario:
teresa dice: Me ha dejado intrigada tu novela, Inquisidor. ?Por que no la continuas? ?Por que eres tan duro con Teresa? ?Por que eres tan duro contigo mismo? ?Por que no crees en el perdon? ?O a lo mejor si crees, pero no te ha dado tiempo a contarlo? Me gustaria saber como termina tu historia (la real, ya lo se). Y me encantaria que me lo contaras solo a mi. Animate a hacerlo, anda. Mi direccion es el apellido de Teresa precedido y seguido del ano de su absolucion. Agregame.
Di de alta la direccion «1638silva1638» en todos los proveedores de correo y mensajeria. Durante un mes, no paso nada.
21 de noviembre
Ocurrio una tarde, cuando menos lo esperaba: despues de comer, mientras navegaba sin rumbo por distraer el sopor. Tenia el programa de mensajeria instantanea abierto, y de pronto se desplego sobre la pantalla el cuadro que me avisaba de que alguien queria anadirme a su lista de contactos. Lei su alias: «DSeRRaNo». En medio de mi aturdimiento, no repare inmediatamente en lo que significaba. Hasta llegue a preguntarme quien seria el que se identificaba asi. Pero cuando lo relei, y cai en la cuenta, di un salto. Diego Serrano: el nombre del inquisidor que dirigio la instruccion del proceso. Con el corazon acelerado, acepte la invitacion. Un instante despues, comprobe que estaba en linea. Y aguarde, expectante, a lo que a partir de ahi hubiera de pasar. No se si habria aguantado mucho sin tomar la iniciativa; el caso es que el apenas tardo medio minuto en dirigirse a mi. Lo que sigue es, transcrita tal cual, la conversacion. Nuestra primera conversacion, el 17 de julio de 2007. *
Pues… Sorprendida.
Si, la verdad.
?Cual?