instituto benedictino, comprometido al parecer por aquel escandaloso proceso. Dona Teresa hizo constar que todo habia sido marana urdida por Fr. Alonso de Leon, enemigo acerrimo del confesor, y por el comisionado de la Inquisicion, Diego Serrano, que aturdio a las monjas, y falsifico sus declaraciones, y les hizo firmar cuanto el quiso, minis et terroribus. Probo hasta la evidencia que jamas habia penetrado en su monasterio la herejia de los alumbrados ni otra alguna y que eran atroces calumnias las torpezas que se imputaban a las religiosas. Dijo que realmente ella y las demas se habian creido endemoniadas y que el confesor las exorcizaba de buena fe, pero que quiza hubiera sido todo efecto de causas naturales (fenomenos nerviosos que hoy diriamos). «Solo Dios sabe -anade la priora- cuan lejos estuve de los cargos que me hicieron, los cuales fueron puestos con tal union, enlace y malicia, que, siendo verdaderas todas las partes de que se componian en cuanto a mis hechos y dichos, resultaba un conjunto falso y tan maligno, que no bastaba decir la verdad sencilla de lo sucedido para que pareciese la inocencia…, y asi, con la verdad misma me hice dano, por las malas y falsas consecuencias que se sacaban contra mi.» Hay tal sinceridad y candor en todas las declaraciones de la priora, hasta en lo que dice del demonio Peregrino, de quien se juzgaba poseida, que ni por un momento puede dudarse de su culpabilidad. No asi de la del confesor, que parece hombre liviano y enredador, aunque no fuera hereje. El confeso tratos deshonestos, pero con cierta beata, nunca con las monjas. La Inquisicion mando revisar los autos, hizo calificar de nuevo las proposiciones por los mas famosos teologos de varias ordenes y por sentencia de 5 de octubre de 1638 restituyo a las monjas en su buen nombre, credito y opinion, dandoles testimonio publico de esta absolucion, de la cual se envio un traslado al Papa y otro al Rey. Del confesor nada se dice, lo cual prueba que no le alcanzo el desagravio.

Asi lo contaba el que pasaba por mejor conocedor de las desviaciones habidas en la larga y accidentada historia del catolicismo espanol. Citaba como apoyo manuscritos y relaciones de la epoca, entre ellos el alegato exculpatorio redactado por la propia priora para la revision de su proceso ante el Consejo de la Suprema Inquisicion, y que tan eficaz habia resultado segun contaba don Marcelino. Cotejando la version de este con el cuaderno del Inquisidor, apreciaba no pocas coincidencias, incluso sospeche que era una de las fuentes que el misterioso blogger habia utilizado. Pero tambien advertia algunas discrepancias, sobre todo en la severidad con que se presentaba a dona Teresa, finalmente absuelta no solo por el tribunal del Santo Oficio sino tambien por el celebre historiador. El inquisidor de la ficcion, en cambio, la juzgaba digna de castigo, asi fuera mas leve, y ademas lograba que confesara las faltas que le imputaba.

Tambien parecia que en el retrato del Inquisidor, que solo podia ser trasunto de aquel Diego Serrano, comisionado que instruyera la primera causa, se habia tomado no pocas libertades el autor de la novela. No en cuanto a su empeno en inculpar a la priora y destruir al confesor, cuestion que, ya fuera cierta o no, habia alegado la religiosa; pero si en todas las interioridades de su caracter, que muy dudosamente aparecerian recogidas en documento alguno.

Podia equivocarme, pero pense que en esas «manipulaciones» de la historia estaba la clave. Y eso aumento mi curiosidad y mis deseos de entrar en contacto con el autor de aquel extravagante blog.

20 de noviembre

Mi comentario

?Como hacer para comunicarse con alguien como el Inquisidor, es decir, un tipo que abre un blog para colgar tres capitulos de una insolita novela inspirada en un olvidado episodio del siglo XVII, con la que trata de ilustrar no se sabe que trauma personal? ?Y con que esperanza intentarlo, cuando el blog lleva semanas sin actualizarse y todo hace pensar que solo ha sido un antojo pasajero?

Supongo que la mayoria de la gente ni siquiera se plantearia la cuestion, y que aquellos que tuvieran tanto tiempo libre como para hacerlo la descartarian ante la notoria improbabilidad de obtener algun resultado. Pero yo estaba picada, y me aburria, y en el fondo tampoco me importaba tanto si conseguia algo o no. A aquellas alturas, todavia se trataba de un pasatiempo: algo en lo que me habia metido porque me llamaba la atencion, si, porque me intrigaba, tambien, y porque en cierto modo sentia que podia entender aquel mensaje arrojado al ciberespacio mas y mejor que cualquier otro; pero ni mucho menos tenia para mi la trascendencia que tendria luego. Aunque entonces no lo sabia, me hallaba ante la linea divisoria que separaba lo trivial de lo que no lo era: si hubiera permanecido del otro lado, el Inquisidor no habria dejado huella en mi. Pero hice por cruzarla, y asi me gane este desasosiego que siento ahora.

Tuve una idea. Debia hacerle ver que yo no era una lectora cualquiera. Que no deseaba hablar con el porque si, sino porque sabia, y que entrar en contacto conmigo tendria un aliciente especial. Presumi que se trataba de un hombre, y tambien presumi que lo iba a atraer mas si dejaba constancia de mi condicion femenina. Podia parecer un recurso barato, pero por que no emplearlo, si era eficaz. Me inclinaba a pensar que lo seria, por lo pronto, el modo en que el Inquisidor retrataba a dona Teresa en su novela. La mujer como portadora de una fuerza instintiva y espiritual inasequible al hombre. Asi que redacte y envie a su blog el siguiente comentario:

teresa dice: Me ha dejado intrigada tu novela, Inquisidor. ?Por que no la continuas? ?Por que eres tan duro con Teresa? ?Por que eres tan duro contigo mismo? ?Por que no crees en el perdon? ?O a lo mejor si crees, pero no te ha dado tiempo a contarlo? Me gustaria saber como termina tu historia (la real, ya lo se). Y me encantaria que me lo contaras solo a mi. Animate a hacerlo, anda. Mi direccion es el apellido de Teresa precedido y seguido del ano de su absolucion. Agregame.

Di de alta la direccion «1638silva1638» en todos los proveedores de correo y mensajeria. Durante un mes, no paso nada.

21 de noviembre

El contacto

Ocurrio una tarde, cuando menos lo esperaba: despues de comer, mientras navegaba sin rumbo por distraer el sopor. Tenia el programa de mensajeria instantanea abierto, y de pronto se desplego sobre la pantalla el cuadro que me avisaba de que alguien queria anadirme a su lista de contactos. Lei su alias: «DSeRRaNo». En medio de mi aturdimiento, no repare inmediatamente en lo que significaba. Hasta llegue a preguntarme quien seria el que se identificaba asi. Pero cuando lo relei, y cai en la cuenta, di un salto. Diego Serrano: el nombre del inquisidor que dirigio la instruccion del proceso. Con el corazon acelerado, acepte la invitacion. Un instante despues, comprobe que estaba en linea. Y aguarde, expectante, a lo que a partir de ahi hubiera de pasar. No se si habria aguantado mucho sin tomar la iniciativa; el caso es que el apenas tardo medio minuto en dirigirse a mi. Lo que sigue es, transcrita tal cual, la conversacion. Nuestra primera conversacion, el 17 de julio de 2007. *

Hola, Teresa, ?como estais?

Pues… Sorprendida.

?De que? ?De que vuestro reclamo haya funcionado?

Si, la verdad.

Estaba bien traido. Excepto por un detalle.

?Cual?

El apellido. No es Silva, sino Valle. Teresa Valle de la Cerda. Veo que os habeis guiado por don Marcelino. Suele ser una fuente fiable, pero aqui el erudito tuvo un desliz. Ya veis, incluso a los mas listos les pasa. Tal vez le fallo la memoria. Tambien se lia un poco con las fechas, el hombre. A Teresa la

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