haber querido hacerse cargo de toda la familia Albright. La responsabilidad, como ella bien sabia, era como para intimidar a cualquiera.

Ella habia pasado todos aquellos anos entregada en cuerpo y alma a su familia, sus dias completamente ocupados en llevar la casa y educar a sus hermanos. Ninguno de los caballeros del pueblo era de su agrado y, de todos modos, ella sabia que era demasiado alta, demasiado normalita y demasiado poco convencional para que ningun hombre se fijara en ella. Con tan poco entre lo que elegir, habia apartado de su mente cualquier esperanza de romanticismo y de amor.

Hasta que Stephen Barrettson entro en su vida.

Aquel hombre habia ocupado constantemente sus pensamientos desde que lo encontro tendido sobre un riachuelo. Incluso cuando estaba postrado en el lecho, entre convulsiones febriles y cerca de la muerte, Hayley habia sentido algo, un indescriptible e inexplicable vinculo que la unia a el.

Cuando al fin se desperto y ella pudo mirarle a los ojos, aquellos preciosos ojos de color verde oscuro, le dio un brinco el corazon. Ahora, despues de pasar varios dias con el, sus sentimientos se estaban haciendo cada vez mas fuertes. Aparte de ser el hombre mas imponente desde el punto de vista fisico que ella habia visto nunca, Stephen tenia algo que la fascinaba.

El hecho de que no tuviera familia le encogia el corazon. Si, Stephen tenia un aire de tristeza, una vulnerabilidad interior que la atraia como el nectar a las abejas. Deseaba con todas sus fuerzas desterrar aquellas sombras que acechaban tras sus ojos y oscurecian su mirada.

Ella se habia dado cuenta de que Stephen a veces se quedaba helado cuando ella lo tocaba, como si las caricias tiernas y afectuosas fueran algo completamente desconocido para el. Le recordaba a la gatita con una pata rota que habia recogido cuando era nina. Ella se habia desvivido cuidando de aquella pobre y necesitada criatura. La llevo al establo, le curo la pata y la llamo Petunia. Cuido y alimento a aquel peludo animalillo con todo su amor, poniendo todo su corazon, su alma y su compasion en la tarea. Petunia, que no tenia amigos y estaba completamente sola en el mundo, se deleito ante tantas atenciones. A pesar de que alguna vez le bufo y le saco las unas, Hayley nunca perdio la paciencia y pronto se hicieron una y carne. Petunia murio cuando Hayley tenia dieciseis anos, y ella se paso varios dias llorando su muerte.

Stephen le recordaba a aquella gatita, herida y desesperadamente necesitada de amor y compasion, aunque el ni siquiera lo supiera.

«Tal vez le pueda curar por dentro, ademas de por fuera. Tal vez nadie haya sido realmente bueno con el, tal vez nadie le haya querido de verdad.» Su mente se empezo a acelerar. Quiza, si le mostraba a Stephen lo que era el amor de una familia, tal vez querria quedarse a vivir en Halstead.

«Tal vez le acabe importando tanto como el me importa a mi.»

En aquel momento Hayley se dio cuenta de que si Stephen no se quedaba, si se iba dentro de dos semanas como tenia pensado, a ella se le partiria el corazon. ?Que probabilidades habia de que el tambien se enamorara de ella y quisiera quedarse? Hayley nego con la cabeza. Un hombre ya la habia dejado plantada por las responsabilidades que suponia compartir la vida con ella. Nada habia cambiado, ella nunca se plantearia la posibilidad de abandonar a su familia.

Y luego estaba la cuestion de su secreta profesion. ?Como podia siquiera plantearse la posibilidad de iniciar una relacion romantica en tales circunstancias? Y, ademas, no podia hacerse ninguna ilusion en lo que se refiere a su atractivo femenino. Nunca habia tenido ninguno.

«No te olvides de como te ha besado», le interrumpio su voz interior. Aquel beso. ?Como iba a olvidarlo? Y lo cierto es que, mientras la besaba, Stephen tambien parecia estar disfrutando. Tal vez no era tan poco atractiva como pensaba. Hayley descarto inmediatamente aquella idea con un gesto de negacion. No, categoricamente, los encantos femeninos no eran su fuerte.

?Llegaria a importarle a Stephen algun dia?

Hayley volvio a negar con la cabeza. Las probabilidades no estaban precisamente a su favor.

Pero, independientemente de cuales fueran sus probabilidades de exito, ?acaso no merecia la pena arriesgarse?

Capitulo 11

Cuando a la manana siguiente Stephen entro en la habitacion del desayuno, la encontro vacia, exceptuando a tia Olivia, que estaba sentada a la mesa tomandose un cafe a sorbos lentos.

– Buenos dias, senor Barrettson -dijo ella-. Hay cafe, fruta y bollitos en el aparador.

– Muchas gracias, senorita Albright -dijo Stephen agradecido. Tenia un insoportable dolor de cabeza debido a lo mucho que se habia excedido con el brandy la noche anterior. Deseo desesperadamente que Sigfried estuviera alli para aliviarle el dolor con alguno de los horribles brebajes que solia darle tras una noche de excesos. Puesto que su ayuda de camara no estaba presente, el cafe le parecio el mejor candidato para aliviarle el malestar. Le debia a Hayley una disculpa, y queria que todas sus facultades estuvieran intactas antes de enfrentarse a ella.

– Por favor, llameme tia Olivia -le dijo con una cordial sonrisa-. Todo el mundo lo hace. Y ahora usted forma parte de la familia, querido muchacho.

La mano de Stephen se detuvo a medio camino cuando estaba haciendo el ademan de coger una taza de cafe. «?Parte de la familia?» Si apenas sentia que formaba parte de su propia familia.

– Eh… gracias… tia Olivia. -Para disimular su confusion, dio un par de sorbos al cafe.

– Esta manana se ve un poco palido -comento tia Olivia.

La imagen de Hayley le vino subitamente a la mente.

– Me temo que no he dormido muy bien.

– No se preocupe, querido. Yo tampoco oigo muy bien algunas veces, aunque la mayor parte del tiempo mi oido es bastante fino, por mucho que se empenen mis sobrinos en decir que estoy medio sorda. -Nego con la cabeza en senal de disgusto.

Stephen dio otro sorbo al cafe y estuvo a punto de atragantarse.

– He dicho que no he DORMIDO muy BIEN.

– ?Ah, no? ?Y como se encuentra esta manana?

– Me encuentro bien, gracias.

Una radiante sonrisa ilumino el rostro de querubin de tia Olivia.

– ?Ah, si? Me alegra oirlo, aunque me extrana un poco. Esta bastante palido.

– Estoy bien -dijo Stephen con cierto deje de crispacion. Aquella conversacion le estaba empeorando el dolor de cabeza-. ?Donde esta todo el mundo? -pregunto levantando un poco la voz para asegurarse de que tia Olivia le oia bien.

– Hayley esta dando clase a los ninos en el lago.

– ?Clase? ?En el lago?

– Claro que si. Hayley siempre les imparte las clases al aire libre si el tiempo acompana. -Luego se inclino hacia delante-. Yo me he quedado en casa para supervisar lo que hace la mujer que viene del pueblo a lavar la ropa. Hayley dice que no sabe como se las arreglaria si yo no estuviera aqui para controlar la tina de lavar. ?Si no estoy encima de ella, podria estropearnos toda la ropa!

Una media sonrisa ilumino los labios de Stephen. Nadie como Hayley para hacer que su tia se sintiera importante. Se acabo el cafe, se levanto de la silla y se acerco a tia Olivia. Cuando estuvo justo enfrente de ella, le tomo la mano, le hizo una reverencia formal y le dio un breve beso en el dorso de la mano.

– Hayley y los ninos tienen mucha suene pudiendo contar con usted, tia Olivia. -Le dijo en voz alta, y supo que ella le habia oido cuando un sonrosado rubor le ilumino las mejillas.

– Bueno. -Se atuso el pelo y dejo caer los parpados con disimulada coqueteria-. ?Que cosas tan maravillosas dice, senor Barrettson! Apostaria a que usted es incluso mas encantador que el mismisimo rey. -Lo miro timidamente desde abajo y se ruborizo todavia mas.

Stephen se rio.

– No estoy muy seguro de que la palabra «encantador» sea la mas adecuada para describir a Su

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