Majestad.

A tia Olivia se le pusieron los ojos como platos.

– ?Santo Dios! Pero… ?acaso usted le conoce en persona?

– Por supuesto. -De repente Stephen se dio cuenta de lo que estaba diciendo y anadio-: No. -Luego tosio varias veces-. Por supuesto que no. -«?Maldita sea!, tengo que acordarme de quien soy, o mejor, de quien se supone que soy. Desde luego, los tutores no suelen intimar con reyes»-. Si me disculpa -prosiguio- creo que voy a dar un paseo hasta el lago para ver a los demas. -Volvio a hacer una reverencia sobre la mano de tia Olivia y salio del comedor.

– ?Que joven tan simpatico! -dijo tia Olivia en voz alta cuando se quedo sola-Es tan encantador. Y tan endiabladamente apuesto. Me pregunto que estara planeando mi sobrina al respecto.

Stephen oyo sus voces antes de verlos.

Deteniendose tras un bosquecillo de hayas, se mantuvo fuera de la vista del grupo y estuvo un rato escuchando.

– Excelente. -Era la voz de Hayley-. Y ahora, quien puede decirme quien era Brabancio?

– Era el padre de Desdemona en Otelo -contesto Nathan-. Se oponia tajantemente a su matrimonio con el moro.

– Correcto -dijo Hayley-. ?Y que me decis de Goneril?

– Era la malvada hermana mayor del rey en El Rey Lear -contesto Andrew-. Esta es muy facil, Hayley. Preguntanos algo mas dificil.

– Esta bien. ?Quien era Demetrio?

– El joven que estaba enamorado de Hermia en El sueno de una noche de verano - dijo Nathan.

– No -objeto Andrew-. Era un amigo de Marco Antonio en Marco Antonio y Cleopatra, ?verdad, Hayley?

– De hecho, los dos teneis razon -dijo Hayley-. Shakespeare solia utilizar los mismos nombres para los personajes de obras distintas.

Stephen dio un paso y salio de detras de los arboles.

– Demetrio tambien era el hermano de Chiron en Titus Andronicus.

La «clase» era una enorme colcha apolillada extendida sobre la hierba. Nathan y Andrew estaban tumbados boca abajo. Hayley estaba sentada con las piernas dobladas y la falda marron extendida a su alrededor, mientras Pamela y Callie estaban sentadas a cierta distancia delante de sendos caballetes con pinceles en las manos.

Hayley se giro al oir la voz de Stephen.

– ?Ste… senor Barrettson! ?Que… grata sorpresa!

– ?Puedo unirme a ustedes?

Hayley dudo un momento y luego se aparto para hacerle sitio.

– Por supuesto.

Stephen se sento a su lado. La repaso disimuladamente con la mirada y se le desboco el corazon. El fuerte sol matutino centelleaba sobre su melena castana, produciendo suaves reflejos rojizos, y un delicado rubor rosaceo le coloreaba los pomulos. A pesar del vestido, sencillo y bastante soso, estaba absolutamente preciosa.

Alargando la mano, Stephen le obsequio con un ramillete de flores.

– Para usted.

Una lenta y bonita sonrisa ilumino por completo el rostro de Hayley, y a el, bastante previsiblemente, le dio un vuelco el corazon.

– Pensamientos -dijo ella con dulzura-. Muchisimas gracias.

El se le acerco, se inclino hacia ella y en voz baja, para que solo ella lo pudiera oir, le dijo:

– Disculpame, por favor. Ayer por la noche deje que las cosas se me fueran de las manos.

El rubor de Hayley se intensifico, adquiriendo una tonalidad rosa intenso.

– Por supuesto.

Stephen sintio un gran alivio, aunque todavia le gusto mas comprobar que a ella le perturbaba su presencia.

– ?Quiere unirse a nuestra clase? -le invito ella-. Casi habia olvidado que usted es tutor.

La mirada de Hayley se deslizo hacia abajo, deteniendose en la boca de Stephen, y este ahogo un suspiro. A el aquella mirada le afecto como si ella le hubiera acariciado. Tardo varios segundos en procesar aquel comentario. Hayley habia olvidado que el era tutor. «Yo habia olvidado que te dije que era tutor. Estaba demasiado ocupado recordando nuestros besos.»

Con un gran esfuerzo, dejo de mirar a Hayley y se obligo a centrar la atencion en Nathan y Andrew.

– Parece que realmente dominais la obra de Shakespeare -comento Stephen. «Menos mal que no he llegado en medio de la clase de latin», penso para sus adentros.

– ?Le gusta Shakespeare, senor Barrettson? -pregunto Andrew, con los ojos brillantes de curiosidad.

– Si, pero siempre he preferido las historias del rey Arturo y los caballeros de la tabla redonda. -Recordo sus anos de infancia, en que se escapaba furtivamente a los bosques que rodeaban Barrett Hall, con Gregory y Victoria, y jugaban a que estaban buscando el Santo Grial.

Era uno de sus mejores recuerdos de infancia. Pero el juego se acabo en cuanto su padre se entero de «semejante tonteria».

– ?Nosotros jugamos muchas veces a ser caballeros del rey Arturo! -exclamo Nathan. Senalo un claro del bosque en la distancia-. Estamos construyendo un castillo con piedras en el prado que hay mas arriba. Andrew es Arturo y yo Lancelot. Nos falta alguien que haga de Galahad. ?Le gustaria jugar con nosotros?

– Si no recuerdo mal, Galahad es un joven virtualmente sin defectos -dijo Stephen frunciendo el ceno teatralmente-. No creo que diera la talla.

– ?Y que me dice de Perceval? -intervino Andrew-. Era uno de los tres caballeros que buscaban el Santo Grial.

– De acuerdo -asintio Stephen-. Yo sere Perceval. -Se giro hacia Hayley-. ?Y que papel desempena usted en Camelot?

Ella se rio.

– Pamela y yo compartimos el papel de la reina Ginebra. Raramente participamos en las grandes hazanas de los caballeros. Nuestra funcion consiste en cuidar del castillo y esperar el regreso de los valientes caballeros.

– Callie es el paje del rey Arturo -dijo Nathan.

– Realmente parece que teneis una buena pandilla para buscar el Santo Grial. ?Cuando es la proxima expedicion? -pregunto Stephen.

Andrew y Nathan miraron a Hayley expectantes e ilusionados.

– ?Hoy, Hayley? ?Por favor!

– Manana, mis valientes caballeros. No habra busqueda del Santo Grial hasta que acabemos las clases y las tareas que tenemos pendientes.

Andrew y Nathan se quejaron, pero obedecieron cuando Hayley les indico que tenian que proseguir con la clase. Stephen observo con interes los metodos de ensenanza de Hayley. Dio instrucciones a Nathan para que redactara un breve relato, se invento media docena de complicados problemas de matematicas para Andrew, indico a Callie que hiciera dibujos con objetos que empezaran por las distintas letras del abecedario. Y, por ultimo, comento algunos aspectos de las tareas domesticas con Pamela mientras preparaban el picnic del mediodia. Aquello no tenia nada que ver con las frias y disciplinadas clases que Stephen habia recibido de sus rigidos tutores particulares durante su infancia.

?Hacia aquella mujer algo de forma convencional? Por supuesto que no. Y el estaba empezando a sospechar que aquello formaba parte de su tremendo atractivo.

Cuando los ninos hubieron completado sus tareas, todo el mundo se reunio en torno a la colcha para comer. Hayley saco fuentes conteniendo pasteles frios de carne, pollo, pescado y queso, mientras Pamela iba cortando rebanadas de pan.

Despues de servir a los ninos, Hayley se dirigio a Stephen.

– Espero que tenga hambre, senor Barrettson.

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