– Muchisima -le aseguro Stephen, recordandose a si mismo que estaban hablando de comida.

– ?Que parte del pollo prefiere? -le pregunto, mirando dentro de la cesta de la comida-. Tengo tres muslos, una pechuga y dos alas.

– ?En serio? Debe de verse negra para encontrar ropa que le vaya bien.

Al principio parecio confundida por aquellas palabras y luego, cuando se dio cuenta de lo que significaban, se le tineron las mejillas de un rojo intenso.

– No me referia a…

– Estaba bromeando, Hayley -dijo con dulzura, sintiendose mas alegre de lo que se habia sentido en muchos anos. Alargo el brazo alrededor de Hayley, cogio un muslo de pollo y le dio un mordisco con fruicion-. Delicioso - proclamo, guinandole el ojo con descaro. «Nunca pense que ser tutor fuera tan divertido.»

Inclinandose hacia Hayley, le dijo bajando la voz:

– Te estas sonrojando, Hayley. Igual que cuando me dijiste que tu nombre significaba «prado de heno». -Hizo una pausa y le miro directamente a la boca-. Creo que ahora nos conocemos lo suficiente para que me expliques por que el significado de tu nombre te enciende de ese modo las mejillas.

Mirando a su alrededor, Stephen comprobo que Andrew y Nathan estaban absortos en la improbable combinacion de actividades que suponia comer pasteles de carne e intentar coger un saltamontes. Pamela y Callie estaban sentadas en el extremo mas alejado de la extensa colcha, comiendo, mientras se reian de las payasadas de Andrew y Nathan.

– Esto es todo lo solos que podremos estar entre semejante multitud. Cuentamelo ahora -le insto.

A Hayley le brillaron los ojos como si algo le pareciera sumamente divertido.

– No quiero escandalizarte.

El agito la pata de pollo en el aire en un ademan triunfal.

– Yo no me escandalizo por nada. Te lo aseguro.

– Esta bien, pero luego no digas que no te he avisado. En la familia Albright es tradicion poner nombre a los hijos en honor al lugar o las circunstancias que rodearon su… eh… concepcion.

Stephen la miro fijamente durante varios latidos de corazon mientras iba entendiendo lo que acababa de oir.

– Te refieres a que tus padres…

– Exactamente. En un prado de heno. Estoy profundamente agradecida a que no hubiera ningun riachuelo cerca o tal vez me habrian puesto un nombre tan horrendo como «Aguada» o «Riachuela».

– Desde luego. -A Stephen se le escapo una risita-. Debo admitirlo, ahora siento curiosidad por el origen de los nombres de tus hermanos.

Ella levanto las cejas.

– Tenias razon. No te escandalizas por nada.

– Afirmativo.

– De acuerdo. Pamela significa «fabricada con miel». Al volver de uno de sus viajes, mi padre le trajo a mi madre una jarra de porcelana llena de miel y… -Su voz se fue desvaneciendo poco a poco.

Stephen contuvo la risa.

– No hace falta que sigas. Me lo puedo imaginar.

– Nathan significa «regalo de Dios» y mis padres lo eligieron porque habian rezado pidiendole a Dios un varon. Andrew significa «varonil», elegido por mi madre porque ella decia que mi padre era… eso, varonil. -Hayley se llevo la mano a la boca y tosio-. Y Callie significa «la mas bonita», de nuevo elegido por mi madre para conmemorar su… bueno, aquella noche con mi padre.

Stephen no estaba seguro de que le hacia mas gracia -aquellas «escandalosas» anecdotas o el creciente color carmesi que estaban adquiriendo las mejillas de Hayley. Sus miradas se cruzaron y los dos dejaron de reirse. El regocijo de Stephen se desvanecio subitamente, dando paso al imperioso deseo de tocarla. De besarla. Todas las promesas que se habia hecho a si mismo la noche anterior se esfumaron como por arte de magia, y el firme proposito que habia tomado se derritio como el azucar en el te caliente.

Por primera vez en muchos anos, no tenia absolutamente nada que hacer aparte de sentarse sobre una colcha junto a un lago y mordisquear muslos de pollo, y estaba disfrutando de lo lindo. Todas las obligaciones y responsabilidades con que tenia que cargar estaban a kilometros de distancia de aquel momento. Le embargo una profunda sensacion de paz que no habia sentido en toda su vida.

No deberia coquetear con Hayley, pero no lo podia evitar. Su mirada se detuvo en aquellos inmensos ojos de un azul cristalino y una lenta sonrisa curvo la comisura de sus labios.

Stephen deslizo un dedo perezoso por la ruborizada mejilla de Hayley. Ella inspiro entrecortadamente y separo ligeramente los labios, atrayendo la atencion de Stephen. La necesidad de volver a probar el sabor de aquella apetitosa boca se estaba imponiendo sobre su sentido comun a marchas forzadas. Inclinandose mas hacia ella, le susurro al oido:

– Tu piel adquiere la tonalidad mas fascinante cuando…

– ?Hayley! -la voz de Callie irrumpio subitamente-. ?Puedo tomar un poco de sidra?

Hayley respiro sofocada. A Stephen le embargo una profunda decepcion.

Apartando la mano de Stephen con un movimiento brusco, Hayley centro su atencion en servir a Callie un poco de sidra, y se perdio la magia del momento.

Pamela volvio a unirse al grupo y se sirvio otra rebanada de pan.

– ?Que edad tienen los ninos a quienes ensena, senor Barrettson? -pregunto Pamela.

Stephen se forzo en apartar la mirada de la tentadora boca de Hayley.

– El joven a quien tenia como alumno hasta hace poco se traslado a Eton recientemente, y ahora mismo estoy sin trabajo -improviso sobre la marcha-. Tengo programado empezar con una nueva familia el mes que viene.

– ?Donde vive esa familia? -pregunto Callie-. Espero que viva cerca de Halstead para que le podamos ver a menudo. -Sus grandes ojos se clavaron en Stephen y le miraron con gran expectacion.

La alegria de Stephen se desvanecio ligeramente y una nota de seriedad se reflejo en su rostro. En cuanto abandonara Halstead, dudaba que volviera a ver otra vez a los Albright. Su vida estaba casi exclusivamente en Londres o la finca que tenia en el campo, el Senorio de Glenfield, que se encontraba a dos horas de Londres en la direccion opuesta a la de Halstead. El y los Albright se movian en circulos sociales completamente diferentes. No, era poco probable que los volviera a ver.

– Me temo que la familia vive muy lejos de Halstead, Callie -contesto el. Los ojos de Callie perdieron subitamente el brillo de la esperanza, y Stephen sintio una punzada de ternura en el corazon.

– Vaya -dijo Callie, visiblemente decepcionada. Luego se le volvio a iluminar el rostro-. Tal vez pueda venir a visitarnos. Hayley me prometio que celebrariamos una fiesta el mes que viene por mi cumpleanos. ?Le gustaria venir? Habra una gran merienda con te, pastas y pasteles.

Stephen se salvo en el ultimo momento gracias a un fuerte ladrido. Se dio la vuelta y emitio un grito sofocado mientras observaba atentamente a tres perros gigantescos -?o eran caballos pequenos que habian aprendido a ladrar?- que corrian directamente hacia ellos como alma que lleva el diablo. Sin demasiado entusiasmo, Stephen hizo ademan de levantarse, pero Hayley le retuvo sujetandole del brazo.

– Yo de usted no me levantaria -le aviso entre risas-. Solo conseguira que le tiren al suelo.

– ?Que diablos son? -Stephen miro con desconfianza a las bestias que se aproximaban-. Parece como si pudieran comerse a Callie de un bocado. Y casi estan encima de nosotros.

– Son nuestros perros. Ya se que su aspecto es bastante intimidador, pero son dociles como corderitos. Limitese a quedarse quieto y deje que le olfateen. Se haran intimos amigos en menos que canta un gallo.

A Stephen no le dio tiempo a contestar. Los tres perros se precipitaron sobre ellos, ladrando, dando lenguetazos y moviendo nerviosamente la cola, y se instauro el caos. Las bestias alternaban entre engullir avidamente cualquier resto de comida que habia quedado sobre la colcha, lamer a los Albright y ladrar de forma desafiante. Stephen se quedo sentado, completamente paralizado, rezando para que el monstruo que le estaba olfateando la oreja no decidiera arrancarsela de cuajo al confundirla con unos entremeses.

– ?Puedo presentarle a nuestros perros, Winky, Pinky y Stinky? -dijo Hayley intentando sin demasiado exito contener la risa-. Chicos, os presento al senor Barrettson, nuestro invitado. Espero que le trateis con la maxima amabilidad y consideracion.

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