Callie interpreto claramente aquel movimiento como un signo de recapitulacion. Se colgo del brazo de Stephen y este desistio. «?Que diablos! ?Nadie se enterara!» Dejo que Callie le arrastrara hasta la orilla. En el instante en que se unio al resto del grupo, una pared de agua le golpeo el rostro, cogiendole desprevenido y dejandole farfullando.

– ?Ahi va eso! -Hayley le dirigio una sonrisa desafiante. Decidido a recuperar su dignidad, Stephen solto un fuerte grunido y golpeo la superficie del agua con ambas manos, salpicando agua con todas sus fuerzas. Sus doloridas costillas protestaron, pero el ignoro el dolor, empenado como estaba en recuperar su honor. Callie y Andrew se pusieron de su lado, en contra de Nathan, Pamela y Hayley, y enseguida se declaro una guerra total.

Tras casi media hora, Hayley pidio un alto el fuego.

– ?Alto! -dijo sofocadamente, jadeando por el esfuerzo.

Stephen seguia agachado, con las manos bajo la superficie, preparado para atacar. Miro al bando opuesto con ojos achinados.

– ?Os rendis?

– Si, yo me rindo. Ya no puedo mas -dijo Hayley, apartandose el pelo mojado de la frente.

– Tampoco yo -dijo Pamela jadeando.

– ?Pero, Hayley! -protesto Nathan-. Yo todavia no me quiero rendir.

Hayley acaricio a Nathan en la cabeza.

– Parte de ser un buen jefe consiste en saber cuando te han derrotado. Ya les venceremos la proxima vez.

– Aceptamos vuestra rendicion -dijo Stephen solemnemente. Los bandos opuestos se estrecharon las manos y salieron del lago chapoteando, riendose y chorreando agua.

Acababan de pisar la orilla cuando les llego una voz masculina procedente de la densa arboleda.

– ?Hola! ?Es usted, senorita Albright?

Las miradas de todos se centraron en un grupo de personas que salian del bosque.

– ?Santo Dios, Hayley, es el doctor Wentbridge! -dijo Pamela en voz baja y con tono de preocupacion-. ?Que pensara de mi si me ve en este estado? ?Oh, Dios!

– Venga, deprisa. -Hayley cogio a Pamela de la mano y corrio con ella hacia la colcha. Recogio una sabana limpia del suelo y la sacudio energicamente para que se desprendieran las hojas-. No podemos hacer nada con tu pelo, pero, por lo menos, te taparemos el vestido mojado. -Hayley envolvio a Pamela en la sabana, aparto con la mano un mechon empapado del rostro humedo y ruborizado de su hermana y luego se giro hacia los recien llegados.

Stephen y los ninos se unieron a Hayley y Pamela justo cuando ellas estaban a punto de saludar a dos caballeros y una dama. Cuando los recien llegados se encontraban a unos metros de ellos, se detuvieron.

– ?Senorita Albright! -dijo el mas bajo de los hombres-. Pero… ?que clase de tragedia se ha cernido sobre usted?

Stephen miro de arriba abajo al hombre que acababa de hablar. Era un joven apuesto de cabello castano claro y preocupados ojos azules. Stephen se dio cuenta de que la mirada de aquel hombre se detenia en Pamela, a quien inmediatamente se le ruborizaron las mejillas, adquiriendo un delicado color rosa. Volviendo a mirar a Hayley, a Stephen le extrano que se hubiera puesto palida y que guardara un silencio impropio de ella. Su atencion estaba centrada en el otro hombre del trio.

El otro joven, de cabello rubio y ojos azul claro, tambien era bastante apuesto. Stephen se tenso cuando vio que aquel hombre examinaba la forma en que el empapado vestido de Hayley se pegada a las curvas de su cuerpo. Luego Stephen detuvo la vista en la dama que se encontraba entre ambos caballeros. Era bastante atractiva, aunque tenia una expresion un tanto malhumorada.

Hayley carraspeo.

– Estabamos jugando con los perros y acabamos todos en el lago, me temo.

– ?Que desafortunado accidente, pero que propio de usted, querida Hayley! -dijo la mujer arrugando la nariz. Stephen vio como la arrogante mirada de la mujer recorria a todo el grupo y se detenia en el. Sus ojos castanos se abrieron de par en par en senal de sorpresa, y luego se entornaron, visiblemente interesados en lo que veian-. Hayley, querida, creo que deberia hacer las presentaciones de rigor -musito la arrogante belleza, mientras sus ojos repasaban avidamente cada centimetro de la humeda anatomia de Stephen, aparentemente gustandole lo que veia.

– ?Presentaciones? -Hayley siguio la mirada de la mujer y vio a Stephen-. Oh, si. Por supuesto. Les presento al senor Stephen Barrettson, de Londres. Es nuestro invitado y va a quedarse con nosotros varias semanas. - Hayley asintio y luego miro a Stephen-. Senor Barrettson, le presento a la senora Lorelei Smythe, vecina del pueblo -anadio sin el menor entusiasmo.

Stephen hizo una reverencia formal ante la mano que le tendia la mujer.

– Es un placer, senora Smythe.

– El placer es mio, senor Barrettson -asintio la senora Smythe con voz sedosa mientras volvia a deslizar la mirada por toda la estatura de Stephen.

Hayley prosiguio con las presentaciones:

– Le presento al doctor Marshall Wentbridge, tambien vecino del pueblo. Marshall completo recientemente sus estudios y ahora es medico. Le visito cuando estaba herido.

Marshall Wentbridge tendio amistosamente la mano a Stephen.

– Me alegra verle tan recuperado, senor Barrettson. Es evidente que ya ha conocido a Winky, Pinky y Stinky -dijo frunciendo ironicamente los labios.

– Triste pero cierto -asintio Stephen con una mueca.

Stephen solto la mano del doctor Wentbridge y dirigio la atencion al hombre de cabello rubio. Para su irritacion, aquel hombre estaba mirando sin ningun disimulo los senos de Hayley, cuyos contornos se marcaban bajo la ropa mojada. Stephen arrugo inmediatamente la nariz.

Espero a que Hayley hablara, y le sorprendio lo afectada que sonaba su voz.

– Senor Barrettson, dejeme presentarle a otro vecino del pueblo: el senor Jeremy Popplemore.

Aquel nombre le sento a Stephen como una patada en la entrepierna. Jeremy Popplemore. Hizo un gran esfuerzo por permanecer inexpresivo mientras examinaba al hombre que habia dejado plantada a Hayley.

Jeremy le tendio la mano.

– Encantado de conocerle, senor Barrettson -dijo con visible falta de interes, sin apartar la mirada de Hayley.

Stephen dio un paso a un lado y se puso delante de Hayley, impidiendo de ese modo que Jeremy Popplemore siguiera recorriendo su cuerpo tan avidamente con la mirada, y le estrecho la mano con la misma falta de interes.

– Bueno, me ha encantado volverles a ver a todos -dijo Hayley asomandose tras el hombro de Stephen-, pero, como pueden ver, estamos un poco indispuestos y debemos regresar a casa. Por favor, disculpennos. -Se dio la vuelta, cogio a Callie de la mano y empezo a andar hacia la casa. No habia dado mas de dos pasos cuando la voz de Lorelei Smythe la hizo detenerse.

– Antes de que se vaya, Hayley, querida, debo explicarle el motivo que nos ha traido aqui -dijo mientras alargaba la mano para entregarle a Hayley un papel doblado lacrado en rojo-. Es una invitacion para que usted y Pamela asistan a una pequena fiesta que celebrare en mi casa dentro de una semana en honor al feliz regreso de Jeremy a Halstead. Tambien me encantaria que asistiera usted -anadio dirigiendose a Stephen-. Espero que, para entonces, todavia siga en Halstead, senor Barrettson. Sera un placer para mi verlo en mi fiesta. -Una lenta sonrisa ilumino su rostro mientras sus ojos recorrian los musculos claramente visibles bajo la empapada camisa de Stephen.

Stephen percibio enseguida la sugerente invitacion en la seductora mirada de la mujer. Parecia como si se lo fuera a comer literalmente como merienda.

Determinado a ser amable con los vecinos de Hayley, Stephen inclino la cabeza hacia delante y contesto:

– Seria un honor para mi asistir a su fiesta.

– Excelente. -La mirada de Lorelei seguia fija en Stephen. Luego miro puntualmente a Hayley-. Espero que para entonces ya haya podido secarse, mi querida Hayley -dijo con una carcajada. Luego se cogio con ambas

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