Stephen arqueo una ceja.

– ?Y si gano?

– No ganara -afirmo Andrew taxativamente.

– Pero… ?y si, por algun milagro, ganara yo?

– Bueno… -Era evidente que a Andrew aquella posibilidad no le cabia en la cabeza.

Stephen se inclino hacia delante.

– Si gano yo, tu y tu hermano ayudareis a vuestras hermanas a arrancar las malas hierbas del jardin.

Una expresion de verdadero horror se dibujo en el rostro de Andrew.

– ?Arrancar las malas hierbas del jardin? Pero eso es… es cosa de chicas -refunfuno a modo de excusa poco convincente.

– Yo solia pensar como tu -dijo Stephen, sonriendo para sus adentros al pensar en la noche anterior-, pero hace poco he descubierto que las flores son algo sobre lo que deberia saber todo hombre.

– ?Ah, si? -Era obvio que Andrew no sabia si tomarse o no en serio aquel consejo de hombre a hombre.

Stephen se puso la mano en el pecho.

– Confia en mi, Andrew. Ayudar en el jardin tambien es cosa de hombres. Ademas -Stephen dirigio una sonrisita al muchacho-, si Hayley es tan buena jugando al ajedrez como tu dices, no hara falta que arranques ni una sola hierba del jardin.

– Tiene razon -dijo Andrew aliviado-. Me temo que va a tener que ayudarnos a construir el castillo. - Alargando la mano sobre el tablero de ajedrez, el chico estrecho la mano de Stephen y anadio-: Hecho. Apuesta cerrada.

Stephen devolvio al muchacho el fuerte apreton de manos.

– Hecho.

– ?Cuando la retara? -pregunto el muchacho con impaciencia.

Stephen busco a Hayley con la mirada, que en ese momento estaba mirando las cartas que tenia en la mano con expresion de seriedad.

– No te impacientes. La retare esta misma noche -le contesto con voz pausada.

– Tengo entendido que eres muy buena jugando al ajedrez.

Hayley, cuando se dirigia al despacho para escribir despues de que el resto de la familia se retirara a descansar, se detuvo sorprendida. Stephen estaba de pie junto a la puerta, apoyado en la jamba, soportando el peso de su larga figura con sus anchos hombros. Tenia los brazos cruzados sobre el pecho, y sus ojos verdes la estudiaban con interes. Ella anduvo hacia el mientras intentaba calmarse el pulso, que se le habia acelerado subitamente.

– Pensaba que todo el mundo se habia retirado a descansar -dijo Hayley, deteniendose ante el.

– Todo el mundo… salvo nosotros -dijo Stephen con dulzura-. Andrew me ha informado de que eres una excelente jugadora de ajedrez. ?Puedo retarte a una partida?

Hayley levanto las cejas en senal de sorpresa.

– ?No se da cuenta de que no seria correcto que nos quedaramos los dos solos, mirandonos fijamente sobre un tablero de ajedrez? No soportaria recibir otro rapapolvo como el de antes.

– He reconocido que me he pasado de la raya. Creia que habias aceptado mis disculpas.

– Las he aceptado, pero…

– Entonces juega al ajedrez conmigo, y haz el favor de volver a tutearme como antes cuando estemos solos.

Hayley dudo un momento. Realmente necesitaba adelantar su trabajo de escritura. Pero la posibilidad de pasar un rato a solas con Stephen era sencillamente demasiado tentadora para ignorar aquella proposicion. Las aventuras del capitan Haydon Mills podian esperar un par de horas.

Dirigiendole una breve sonrisa, paso de largo junto a el y entro en el salon.

– Me encantaria jugar.

Se sentaron uno enfrente del otro, separados por la mesita de ajedrez de madera de caoba que habia delante de la chimenea.

Una lenta sonrisa arqueo las comisuras de los labios de Stephen.

– ?Que nos jugamos?

Hayley le miro sorprendida.

– ?Que que nos jugamos? ?Se refiere a que nos apostemos algo? -Ella seguia sin tutearle.

– Exactamente. Eso hara la partida mas interesante, ?no te parece?

– Quiza -musito Hayley, algo azorada por tener que admitir que no le sobraba precisamente el dinero para jugarselo-. Me temo que no me puedo permitir apostar demasiado.

– No me refiero a apostar dinero.

– ?Ah, no? ?Que otra cosa podemos apostar?

Stephen se dio varios golpecitos en la mejilla con los dedos.

– ?Ya lo tengo! Quien gane podra pedir al perdedor que haga determinada tarea de su eleccion.

– ?Que tipo de tarea? -pregunto Hayley, completamente despistada.

– Bueno, por ejemplo, si ganas tu, me puedes pedir que arranque las malas hierbas del jardin, y, si gano yo, te puedo pedir que me cosas la camisa. -En los labios de Stephen se dibujo una lenta y seductora sonrisa-. O quiza que me vuelvas a afeitar.

Hayley contuvo momentaneamente la respiracion. Era evidente que le estaba tomando el pelo.

– Pero, Stephen, yo estaria encantada de hacer cualquiera de esas dos cosas por ti de todos modos. -Por fin, se digno tutearle.

– Oh. Bueno, seguro que se me ocurre algo -dijo el agitando la mano para quitarle hierro al asunto.

– Suponiendo que me ganas, claro.

– Claro. -Stephen se acerco a la mesa y le pregunto en tono desafiante-: ?Jugamos?

Hayley se moria de ganas por iniciar la partida. Hacia siglos que no jugaba al ajedrez con nadie aparte de los chicos. Le dirigio una sonrisa confiada.

– Preparate a recibir la paliza del siglo.

Hayley enseguida se dio cuenta de que Stephen era un gran jugador de ajedrez. Disfrutando del reto, desplego una ofensiva poco habitual que le habia ensenado su padre, y contraataco ante cada movimiento de Stephen. Con cada jugada, fueron recobrando la fresca y desinhibida camaraderia que tenian antes de la discusion. La distancia que habia entre ambos al principio de la partida se disipo hasta tal punto que no dejaban de pincharse, bromear y reirse entre movimiento y movimiento.

Cuando llevaban dos horas de un juego sumamente renido, Stephen se reclino sobre el respaldo del asiento con una mirada de suficiencia despues de hacer un inteligente movimiento.

– Agarrate.

– Si te empenas. -Hayley se inclino hacia delante y movio la reina-. Jaque mate.

La sonrisa de suficiencia y satisfaccion se desvanecio de los labios de Stephen. Bajo la mirada hacia el tablero y nego repetidamente con la cabeza, visiblemente asombrado. Luego la expresion de asombro dio paso a otra de clara admiracion.

– Efectivamente, jaque mate -asintio-. No se como lo has hecho, pero no te he visto venir. -Se reclino sobre el respaldo de la silla y sonrio-. Quiero que sepas que hacia anos que no perdia una partida de ajedrez.

– No pareces demasiado molesto por la derrota. Tal vez no estes tan contento cuando me cobre lo apostado.

– ?Por que? ?Acaso ya tienes pensado que deseas que haga?

– Todavia no, pero lo de arrancar las malas hierbas del jardin tiene su atractivo.

Stephen se palpo el vendaje de las costillas y del hombro.

– Demasiado duro para un hombre en mi debilitado estado. -Tosio varias veces exageradamente en un intento de darle lastima.

Hayley fruncio los labios en una mueca de fingida preocupacion.

– Tienes razon, Stephen. Tal vez sea mejor que banes a Winky, Pinky y Stinky. -Le falto poco para reirse a carcajadas cuando vio que Stephen se ponia livido.

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