dentro con delicadeza y luego cerro la puerta con un decidido clic.

Tras entrar en su propia alcoba, Stephen recorrio nerviosamente una y otra vez toda la longitud de la estancia, pasandose repetidamente los dedos por el pelo hasta que vio que se habia arrancado varios mechones. Intento desesperadamente no pensar en Hayley, Hayley ardiente y acogedora, Hayley entregada, tendiendole los brazos, con los ojos rebosantes de deseo.

No podia pensar en otra cosa.

Podia haberla hecho suya.

Si su maldita conciencia no se hubiera interpuesto, ahora podria estar hundiendose en las profundidades de sus suaves muslos, acariciando su piel con perfume a rosas, besando sus labios, aliviando aquel palpitante dolor que tenia en los genitales.

«?Por que diablos se habra despertado mi conciencia, largamente dormida, justo ahora? ?Vaya momento tan asquerosamente inadecuado para hacerse oir!» Hundiendose en una butaca orejera, estuvo mirando fijamente el fuego con la frente arrugada hasta que las ascuas casi dejaron de brillar. Tras una hora de examen de conciencia, solo fue capaz de llegar a dos conclusiones.

Primera, por mucho que intentara negarlo y por mucho que intentara convencerse a si mismo de lo contrario, deseaba a Hayley Albright con una intensidad que le desconcertaba. Le afectaba como ninguna otra mujer le habia afectado nunca.

Segunda, el unico motivo de que en aquel preciso momento no estuviera hundido en sus acogedoras profundidades era que aquella mujer le importaba demasiado como para arrebatarle la inocencia y despues abandonarla sin mas.

Cerro fuertemente los ojos y nego con la cabeza.

«?Maldita sea! Me importa; me importa mucho. No quiero que me importe, pero me importa.»

Le habria gustado no desearla hasta el punto de volverse loco, pero la deseaba.

Deseaba desesperadamente ser capaz de hacerla suya y largarse sin mas, pero no podia hacerlo.

Girando la cabeza, miro fijamente la unica rosa amarilla que reposaba sobre la mesita que habia junto a su butaca. Cogio la flor marchita y toco sus petalos con dedos dubitativos.

Incluso con un asesino pisandole los talones, de algun modo sospechaba que estaria mas seguro en Londres.

Necesitaba marcharse de alli.

Y cuanto antes mejor.

Capitulo 13

A la manana siguiente, Hayley entro en la cocina bastante tarde.

– ?Donde se ha metido todo el mundo? -pregunto a Pierre. Habia pasado una noche movida e inquieta, sin poder conciliar el sueno hasta el amanecer. Necesitaba desesperadamente un cafe.

– Sus hegmanas ido con tia, Weenston y Grimsley al megcado -contesto el cocinero mientras preparaba la masa para hacer pan-. Los chicos llevan a monsieur Baguettson a pescag.

– ?A pescar? -pregunto Hayley sorprendida.

Pierre asintio.

– Se han ido a pgimega hoga de la manana despues de desayunag.

Tras disfrutar de una rapida taza de cafe, Hayley cogio a hurtadillas un trozo de pan recien hecho y entro en el despacho. En la casa reinaba una calma que era una verdadera bendicion y, si conseguia mantener sus pensamientos alejados de Stephen, probablemente podria adelantar el trabajo que tenia pendiente.

Cerrando la puerta tras de si, se sento en el escritorio y extrajo sus papeles del ultimo cajon. Intento concentrarse, pero sus esfuerzos fueron infructuosos. Solo podia pensar en la noche anterior. Se debatia entra la absoluta verguenza y la incredula evocacion de una sensacion maravillosa. La sensacion de las manos de Stephen sobre su cuerpo, tocandola, explorandola, acariciandola, no se parecia a nada de lo que habia experimentado antes. Ella no queria que parara, pero el se habia alejado de ella sin darle ninguna explicacion. De hecho, hasta parecia molesto con ella. Indudablemente, por su comportamiento escandaloso y excesivamente desinhibido.

Hayley estuvo reflexionando y, tras casi una hora de mirar fijamente una hoja en blanco, solo fue capaz de llegar a dos conclusiones.

Primera, deseaba a Stephen Barrettson con una intensidad que la desconcertaba.

Segunda, el unico motivo de que esa manana siguiera siendo virgen era que el se habia retirado la noche anterior. Ella habria continuado, deseosa de explorar y aprender mas cosas sobre aquellas sensaciones increiblemente nuevas que la bombardeaban.

Cerro fuertemente los ojos y nego con la cabeza. Stephen se iba a marchar dentro de dos semanas porque tenia que trabajar para una familia que vivia lejos de Halstead. Solo con pensarlo, se le partia el corazon.

Tenia que mantenerse alejada de el.

Justin Mallory estaba sentado en su despacho privado, mirando fijamente la carta que acababa de recibir. Releyo la escueta misiva tres veces, frunciendo el ceno y levantando alternativamente las cejas.

– Pareces muy desconcertado, carino -dijo Victoria mientras entraba en el despacho.

Justin se guardo rapidamente la carta en el bolsillo del chaleco y sonrio a su mujer.

– No es mas que un mensaje un tanto desconcertante de uno de mis socios -dijo quitandole importancia. Se levanto y se acerco a Victoria, rodeando su diminuto cuerpo con los brazos y dandole un breve beso en su tersa frente.

Hasta que conocio a Victoria, Justin siempre se habia visto como el eterno soltero. Pero enseguida quedo prendado de los encantos de aquella joven menuda de brillantes ojos verdes, cabello castano oscuro y una sonrisa que podria derretir la nieve en enero.

– Estaba pensando en como convencerte para que me lleves a Regent Street -dijo Victoria, reclinandose hacia atras para apoyarse en los brazos de su esposo-. Llevo varios dias encerrada en casa.

– Tu podrias convencer a las estrellas para que bajaran del cielo, mi amor-le susurro Justin mientras besaba la boca que ella le acababa de ofrecer-. Necesito un par de horas para ultimar unos cuantos asuntos y luego estare a tu entera disposicion.

– Gracias, carino. -Victoria se puso de puntillas, rozo con los labios la mandibula de Justin y salio de la habitacion, cerrando la puerta detras de ella con delicadeza.

En cuanto volvio a estar solo, Justin se saco la carta del bolsillo y la volvio a leer. Junto con la peticion de mas mudas de ropa, Stephen le pedia algunas cosas que se salian de lo corriente. Y ni siquiera le preguntaba como iban sus indagaciones. Solo una escueta nota pidiendole una serie de raros articulos que queria que le llevara dentro de dos dias. Justin rio entre dientes. Se moria de ganas por ver de nuevo a Stephen para averiguar como le estaba yendo en casa de los Albright.

Si la lista de articulos que le pedia Stephen era un indicador, su estancia debia de estar siendo de lo mas pintoresca.

Y si Justin lograba imaginarse como conseguir los objetos que necesitaba, todo iria bien.

– ?Mira cuanto he pescado! -Stephen entro en el jardin pisando fuerte, deteniendose ante Hayley con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro-. ?Mira! ?Has visto alguna vez una pesca tan magnifica?

Hayley se levanto, se limpio las manos en el delantal y examino el grupo de insignificantes pececillos que colgaban de un hilo de pescar que sostenia Stephen con orgullo.

– ?Impresionante! -dijo intentando parecer seria-. Es evidente que eres un experto pescador.

Stephen entorno los ojos con expresion de recelo, sin estar seguro de si Hayley se estaba burlando de el o no.

– No te estaras burlando de mi, ?verdad? -dijo el en tono amenazador.

Ella abrio los ojos de par en par en senal de fingida inocencia.

– ?Yo? ?Burlarme de ti? ?Un hombre que, obviamente, es el mejor pescador que jamas ha recorrido las costas de Inglaterra? ?Como se te puede ocurrir algo semejante?

– Debes saber que estoy bastante orgulloso de mi mismo. -Se inclino hacia Hayley y ella contuvo una risita.

Вы читаете Rosas Rojas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату