– No, lo del jardin esta bastante bien -se apresuro el a rectificar.
– Tranquilo. Te prometo no obligarte a hacer nada indecoroso.
– ?Gracias a Dios! -Stephen se levanto y se dispuso a coger la garrafa de brandy que habia junto a la ventana-. ?Te importa que me sirva una copa?
– Por supuesto que no. Ya te lo dije ayer, sientete como en tu propia casa. Sirvete tu mismo, siempre que lo desees. Me alegra saber que alguien sabe apreciar el brandy de mi padre.
– Muy agradecido. -La miro con curiosidad. Un demonio interior, tal vez uno que queria demostrarle que el tambien podia comportarse de forma no convencional, le incito a preguntarle-: ?Te apetece acompanarme?
Ella levanto las cejas.
– ?Yo?
– Si. Tu victoria bien merece un brindis. ?Has probado el brandy alguna vez?
– No, pero el brandy no es una bebida de mujeres -contesto ella con una mirada maliciosa-. Seguro que tu ya lo sabes.
– Prometo no contarselo a nadie -contesto el en tono divertido e incitador-. ?No sientes curiosidad por probarlo? Te aseguro que es un brandy excelente. Le alargo una copita. Pruebalo.
Hayley miro intrigada el liquido de color ambar. El capitan Haydon Mills tomaba brandy a menudo, y Hayley penso que, si escribia sobre ello, por lo menos deberia probarlo. Con finalidad exclusivamente literaria, por descontado.
Espiro sonoramente en senal de resolucion y dijo:
– Como diria Winston: ?Arriba, abajo, al centro y «pa» dentro! -Y se trago toda la copa de un solo trago.
El fuerte licor dejo un ardiente rastro en la garganta de Hayley, dejandola sin aliento y con lagrimas en los ojos.
– ?Santo Dios! -dijo respirando con dificultad. Y luego empezo a toser.
Stephen se levanto y la ayudo a ponerse de pie. Colocandose detras de ella, le dio palmaditas en la espalda hasta que ella dejo de toser.
– ?Te encuentras bien? -le pregunto cuando vio que volvia a respirar con normalidad.
Hayley asintio sin demasiada conviccion.
– Si, ahora si. -Dirigio a Stephen y a su copa de brandy todavia intacta una hosca mirada-. ?Como puedes beberte algo tan asqueroso? Es repugnante.
El contuvo una carcajada.
– Se supone que debe beberse a sorbos, no de un trago.
– Y me lo dices ahora. -Le dirigio una timida sonrisa, que se desvanecio en cuanto sintio un repentino mareo-. ?Dios mio! Me siento bastante indispuesta.
Stephen la tomo del brazo y la guio hasta un largo sofa de brocado que habia delante de la chimenea.
– Sientate -le dijo mientras la ayudaba a sentarse, y luego se sento a su lado-. ?Un poco mejor?
Hayley asintio.
– Lo siento, me he sentido tan rara durante un momento… -Se reclino sobre el respaldo y cerro los ojos. Sintio una repentina oleada de calor y mareo al mismo tiempo, que le dejo con una extrana y liquida sensacion de languidez-. ?Santo Dios!
Stephen la estudio detenidamente, recorriendo lentamente su rostro con la mirada, fijandose en la delicada piel de sus pomulos, la sensual prominencia de sus labios, la elegante curvatura de su largo cuello.
– Te has bebido de un trago una generosa copa de brandy. Y el hecho de que apenas hayas probado la cena no va a ayudarte demasiado.
Hayley miro a Stephen visiblemente sorprendida.
– ?Como sabes que apenas he probado la cena?
«No podia apartar los ojos de ti.» Siguio repasandola con la mirada y se detuvo en su vestido. En vez de responder a su pregunta, le pregunto:
– ?Acaso el marron es tu color favorito?
Ella abrio los ojos de par en par.
– ?Que?
– Todos los vestidos que llevas son de color marron. ?Es ese tu color favorito?
Ella volvio a cerrar los ojos.
– No particularmente. El marron esta bien porque es un color muy sufrido, disimula la suciedad.
– ?No tienes ningun vestido de otro color? -le pregunto el, imaginandose el aspecto que debia de tener con un vestido azul claro, del mismo color que sus ojos.
– Por supuesto que si, tengo dos vestidos grises.
«Dos vestidos grises.» Aquellas palabras se le clavaron a Stephen en el corazon. Ella las habia dicho con una gran naturalidad, sin el menor signo de avergonzarse de ello. Jamas conoceria a nadie tan poco vanidoso. Para contener el impulso de tocarla, ahueco las palmas alrededor de la copa de brandy y apreto con fuerza contra el cristal.
– Pamela tiene vestidos de muchos colores -senalo el.
– Si. ?No son preciosos? -Una tierna sonrisa ilumino su rostro-. Pamela esta en una edad en que los caballeros estan empezando a fijarse en ella, especialmente uno de ellos. Es importante que se arregle para estar guapa. Le aconsejare que se ponga su nuevo vestido verde claro para ir a la fiesta que dara Lorelei Smythe la proxima semana. -Abrio los ojos y sonrio a Stephen como si estuviera sonando despierta-. A Pamela le sienta estupendamente el verde claro, ?sabes?
Incapaz de controlarse, Stephen alargo la mano y toco suavemente la sonrojada mejilla de Hayley.
– ?Y tu iras tambien de verde claro?
Ella se rio y nego repetidamente con la cabeza.
– No. Me pondre uno de mis vestidos grises. -Como el seguia observandola, ella dejo de sonreir. Hizo un esfuerzo por incorporarse y le dijo-: Te has puesto serio. ?He dicho o hecho algo que te haya molestado?
El siguio recorriendo el rostro de Hayley con la mirada.
– Que va. Solo me estaba imaginando lo preciosa que estarias con un vestido verde claro. O azul claro, a juego con tus ojos.
A Hayley se le escapo una risita indecorosa seguida de un hipo nada femenino.
– ?Dios mio! ?Que diablos lleva ese brandy? -Se apreto las sienes con las yemas de los dedos-. ?Y bien? ?De que estabamos hablando? Ah, si. Vestidos. Gracias por tus amables palabras, pero hace falta algo mas que un vestido de color claro para hacerme parecer preciosa.
Dejando su copa intacta sobre una mesita de caoba, Stephen ahueco las palmas en torno al rostro de Hayley.
– Al reves -dijo con dulzura mientras le acariciaba suavemente las mejillas con los pulgares-. No se me ocurre nada que, de algun modo, pueda hacer sombra a tu hermosura, incluyendo los vestidos grises o marrones.
Ella lo miro con los ojos como platos, y el enseguida leyo la confusion en su mirada.
– No es necesario que me digas cosas bonitas, Stephen.
Aquellas palabras se le volvieron a clavar a Stephen en el corazon. Era tan preciosa. Por dentro y por fuera.
– Eres hermosa, Hayley. Absolutamente hermosa.
El rubor bano el rostro de Hayley y se dibujo una timida sonrisa en sus labios.
– ?Nunca te lo habia dicho nadie? -pregunto el.
Su rubor se intensifico.
– Solamente mi madre y mi padre. Nunca un hombre.
– ?Ni siquiera Poppledink? [8]
– Popplemore. Y no.
– Ese hombre es estupido.
A Hayley se le volvio a escapar otro hipo y una risita.
– De hecho, por lo visto es poeta.
– ?Poeta? ?Y no te dijo nunca que eras hermosa?
– No. Al parecer, le dio por la poesia despues de romper nuestro compromiso. -Se inclino hacia delante y le confeso-: Es obvio que yo no era el tipo de mujer adecuado para despertarle la vena poetica.
